En estos días de una pandemia que no cede (casi 75 mil muertos, según la estadística oficial), hemos pasado de las escandalosas delaciones de Emilio Lozoya, aldivertimentode la rifa patriótica y a la consulta para que el pueblo “bueno y sabio” decida si se debe investigar a los ex presidentes.

Para coronar estos episodios, esta semana alcanzó notoriedad en los medios la propuesta del Frente Anti AMLO de exigir la renuncia del presidente, una propuesta sin músculo social ni viabilidad alguna. Pero también apareció un nuevo capítulo de “la historia sin fin” de la sucesión presidencial. Ricardo Anaya reaparece como aspirante presidencial para el 2024.

A lo largo de los últimos cien años, el país ha testimoniado diferentes fórmulas para la construcción de una candidatura presidencial exitosa. En 1920 a la pretensión del señor Carranza de imponer como su sucesor al ingeniero Ignacio Bonillas, se opuso el poder del Ejército y de su caudillo indisputable, Álvaro Obregón.

Tras el asesinato de Carranza, Obregón llegó a la Presidencia y al término de su mandato dejó a su paisano y amigo Plutarco Elías Calles. Pero solo para preparar su regreso una vez que la reforma a la Constitución permitió la reelección.

Unos días antes de tomar posesión, Obregón fue asesinado; tras su muerte, Calles devino Jefe Máximo de la Revolución y le correspondió decidir quiénes ocuparían la silla presidencial en los siguientes años: Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez.

El general Lázaro Cárdenas parecía destinado a ser otro más de los títeres de Calles, pero con determinación y astucia rompió con Calles y lo expulsó del país. A partir de Cárdenas y hasta Carlos Salinas de Gortari el presidente saliente escogió a su sucesor de entre los miembros de su gabinete. En esos años la lucha por la candidatura presidencial se daba oscura y áspera, don Fidel Velásquez pontificaba: “la política es como una fotografía, el que se mueve no sale”.

En 1997 y apenas concluida la elección intermedia, el gobernador de Guanajuato, Vicente Fox, anunció que iniciaba la búsqueda de la candidatura presidencial de su partido, el PAN. Hay una leyenda negra que dice que ante el agobio financiero del país y como condición para obtener el crédito del gobierno de los Estados Unidos, el presidente Zedillo se comprometió con Clinton a impulsar la alternancia política en el país. En el 2000 se dio la alternancia.

Como ocurría en los años dorados del tricolor, en Morena, el presidente López Obrador será el Gran Elector. Pero en el resto de los partidos el juego será más libre.

Hoy el otroraChico Maravillaya se autodestapó. Las condiciones del país, pero sobre todo la dramática ausencia de liderazgos políticos, son propicias para la emergencia de alguien que represente lo contrario de lo que representa López Obrador. Anaya dice que su derrota en 2018 le dio la oportunidad de madurar. Ya se verá. Por lo pronto deberá responder no solo por el costo de su derrota sino por los estragos que su candidatura le causó al PAN, pero sobre todo, deberá estar preparado para enfrentar el acoso del poder.

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario. @alfonsozarate

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