Durante su informe de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador soltó varias frases lapidarias. Una de ellas me parece particularmente interesante. Más o menos a la mitad de su discurso, para cerrar la sección dedicada a la seguridad, el presidente afirmó que “ya no hay torturas, desapariciones ni masacres, se respetan los derechos humanos y se castiga al culpable, sea quien sea.”

Esto es de llamar la atención. Si fuera cierto, sería un enorme avance civilizatorio. Pero la evidencia parece indicar que eso claramente no es cierto. Consideren el asunto de las masacres. La definición de diccionario de ese término es la siguiente: “matanza conjunta de muchas personas, por lo general indefensas.”

¿Ya no hay ese tipo de eventos en México? ¿Desaparecieron a partir de diciembre de 2018? Una simple búsqueda en Google revela que eso claramente no es cierto. La semana pasada, siete personas desarmadas fueron acribilladas en Cuernavaca. Hace dos meses, un grupo de pistoleros secuestró y mató a doce hombres en Caborca, Sonora. En mismas fechas, quince integrantes de la comunidad indígena ikoot en San Mateo del Mar, Oaxaca fueron asesinados, después de haber sido sometidos a tortura. Y en la misma semana, los cuerpos sin vida de 14 personas fueron encontrados al borde de una carretera federal en el municipio de Fresnillo, Zacatecas.

Esos no son más que unos cuantos ejemplos. La organización Causa en Común documentó la existencia de 479 masacres (definidas como homicidios colectivos con tres o más víctimas) en los primeros ocho meses. Siguiendo esa definición, ocurren en promedio dos masacres al día en México.

Ahora, es probable que el presidente estuviese utilizando una definición más restrictiva de masacre, en la cual los perpetradores son agentes del Estado.

¿Se acabó ya ese tipo de incidentes en México? De nuevo, una simple búsqueda en internet parece desmentir el dicho presidencial. Por ejemplo, se acaba de hacer público un video de la presunta ejecución a manos de soldados de un civil herido y desarmado, ocurrida después de un supuesto enfrentamiento que acabó con la vida de doce personas.

En octubre del año pasado, se suscitó en la comunidad de Tepochica, Guerrero, un choque entre integrantes del Ejército y supuestos pistoleros y que habría acabado en un desbalance brutal: 14 civiles muertos y solo un soldado abatido (el cual, en la versión oficial, habría sido el único responsable de la muerte de los civiles).

Esos son solo algunos ejemplos. De diciembre de 2018 a la fecha, han ocurrido múltiples eventos que son descritos por las fuerzas de seguridad como enfrentamientos y que acaban con resultados altamente desiguales que sugieren un uso de la fuerza algo menos que proporcional (por decirlo de algún modo).

¿Entonces se equivocó el presidente o mintió deliberadamente? Mi impresión es que, además de otros datos, tiene otras definiciones. Por la manera como utiliza el término, masacre se limita a una forma muy específica de violencia: una matanza ejecutada por agentes del Estado y producida por la represión en contra de reivindicaciones políticas o sociales. Es decir, en su concepción, una masacre es la noche de Tlatelolco o el Jueves de Corpus. Hasta allí.

Y sí, en esa definición estrecha, ya no hay masacres en México. Pero tampoco ha habido en sexenios recientes. El problema de los derechos humanos en el país corre por otras pistas, como (por ejemplo) la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública.

Pero para López Obrador, basta con no ser Díaz Ordaz para ser un presidente respetuoso de los derechos humanos.

El problema es que eso no es suficiente para el país.

Twitter: @ahope71

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