Los titulares parecen sacados de 2010. “Van 26 muertos y 35 vehículos quemados en calles de Juárez”, cabeceaba El Heraldo de Chihuahua. “Sigue la racha de ejecuciones”, sentenciaba el Diario de Juárez.

Pero esto no es de 2010, sino de este fin de semana. Ciudad Juárez acaba de pasar por unos días de plomo que recuerdan a los peores momentos de la crisis de seguridad de hace una década. Entre el 5 y el 8 de noviembre, fueron asesinadas 26 personas en esa urbe fronteriza, según datos de la Fiscalía del estado. Asimismo, se multiplicó una táctica no vista en mucho tiempo: el incendio deliberado de vehículos. En cuatro días, al menos 35 coches y camiones sufrieron esa suerte.

Asimismo, han reaparecido algunos actores criminales que parecían olvidados. La epidemia de incendios provocados parece ser obra de los Mexicles, una pandilla local presuntamente alineada con el Cártel de Sinaloa.

Por otra parte, la Línea, antes brazo armado del Cártel de Juárez y ahora (tal vez) grupo criminal autónomo, ha regresado a las primeras planas. Según información del gobierno federal, sicarios de ese grupo serían los responsables de la masacre de la familia LeBarón en Bavispe, Sonora, hace una semana. Según el gobierno del estado, la Línea estaría también involucrada en la oleada de homicidios de la semana pasada en Ciudad Juárez.

¿Qué hay detrás de este recrudecimiento de la violencia en una ciudad que en algún tiempo fue presentada como ejemplo de pacificación? Van algunas reflexiones:

1. El regreso de la violencia a Ciudad Juárez no es realmente sorpresivo ni data de la última semana. Después de casi un lustro de caída sostenida, el número de homicidios más que se triplicó en esa localidad entre 2015 y 2018. El año pasado, según datos del Inegi, 1440 personas fueron asesinadas en Juárez. Al ritmo actual, es muy probable que se rebase esa marca en 2019: hasta el 31 de octubre, se habían acumulado 1269 homicidios dolosos en la ciudad.

2. El submundo criminal de Ciudad Juárez atraviesa por un proceso de fragmentación y reorganización. Según versiones de la DEA, la Línea habría roto con el Cártel de Juárez y operaría ahora como grupo independiente. Por su parte, la pandilla de los Aztecas, tradicionalmente alineada con el Cártel de Juárez, ha sufrido una ruptura entre los denominados Aztecas Viejos y Aztecas Nuevos. A su vez, los Mexicles habrían entrado en conflicto con los Artistas Asesinos, otra pandilla vinculada al Cártel de Sinaloa. Esta reconfiguración de los actores criminales ha hecho a la ciudad más compleja e inestable.

3. Nunca se acabó de consolidar la reforma de las instituciones de seguridad y justicia. La policía municipal se sometió a un proceso de certificación externa en 2015 y 2016, pero los cambios de gobierno han dificultado dar seguimiento a esos esfuerzos. Asimismo, se ha registrado una rotación acelerada de mandos: de 2016 a la fecha, la secretaría de seguridad pública municipal ha tenido a cuatro titulares distintos. La transformación institucional se ha dificultado por la incapacidad de las autoridades para proteger a sus policías: al menos tres policías juarenses han sido asesinados este año, incluyendo al jefe de inteligencia de la corporación municipal.

En resumen, Ciudad Juárez está aún lejos de enfrentar los niveles de violencia que experimentó entre 2008 y 2011. Pero está igualmente alejada del momento en que se le vio como caso ejemplar de pacificación. Y, peor, la situación está en clara línea de deterioro.

Dada su historia, Ciudad Juárez no puede darse el lujo de no reaccionar pronto.

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