Prohibición, mercados ilegales y violencia

Alejandro Hope

¿La violencia es una consecuencia natural de la prohibición de un bien o servicio? ¿Los mercados ilegales están condenados a exhibir elevados niveles de violencia debido a la ausencia de mecanismos formales para resolver disputas?
 
La respuesta corta es no. Existen múltiples ejemplos de mercados ilegales que son, en lo fundamental, pacíficos. Por ejemplo, la mayoría de las formas de contrabando o de piratería no muestran por lo regular elevados niveles de violencia. Lo mismo vale para el juego ilegal.
 
Aún en los mercados de sustancias ilegales, el nivel de violencia no está predeterminado. Por ejemplo, en el mercado al menudeo de la marihuana en los países desarrollados, las disputas rara vez se resuelven a balazos. En cambio, otros exhiben niveles desorbitados de violencia (p.e., el mercado del crack).
 
¿De qué depende entonces el nivel relativo de violencia en un mercado ilegal? Va una respuesta parcial:
 
1. ¿Qué se vende? Por sus características farmacológicas, algunas sustancias pueden, por ejemplo, producir reacciones idiosincráticas muy violentas (por ejemplo, el crack). En esas circunstancias, probablemente los comerciantes tiendan a armarse para protegerse de sus clientes. En el mismo sentido, si la mercancía en cuestión es particularmente valiosa (por ejemplo, el fentanilo), probablemente existan importantes incentivos a robarla. Los traficantes tenderán por tanto a defenderla con armas en mano.
 
2. ¿Quién la vende? Si existe un número relativamente limitado de participantes, es tal vez más probable que se construyan arreglos informales no violentos para resolver disputas. Si en cambio, hay un número elevado de participantes y pocas barreras a la entrada, es más improbable que existan arreglos informales pacíficos y estables.
 
3. ¿A quién se le vende? Si las transacciones se dan fundamentalmente entre extraños, probablemente la desconfianza permee la relación entre comprador y vendedor y esta puede derivar en violencia ante desacuerdos. Si, en cambio, existen relaciones más o menos estables entre vendedores y compradores, es posible que ambas partes en una transacción tengan incentivos a llevar la fiesta en paz.
 
4. ¿Cómo se vende? En términos generales, las formas muy flagrantes de venta de bienes y servicios ilegales tienden a ser más violentas que las modalidades discretas. También cuenta el número de transacciones: a más operaciones de compraventa, más posibilidades de violencia.
 
5. ¿Cómo reacciona la autoridad ante la existencia de un mercado ilícito? En términos esquemáticos, si la autoridad muestra cierto grado de tolerancia a la existencia de un mercado ilegal, este tenderá a ser más previsible y por tanto, menos violento. Si, en cambio, hay un intento vigoroso de suprimir el mercado, pueden generarse condiciones de inestabilidad y violencia.
 
Pero, más allá de las circunstancias particulares, ¿no está demostrado que la prohibición siempre lleva a la violencia? ¿La experiencia de la prohibición del alcohol en Estados Unidos no probó que proscribir la venta legal de una sustancia dispara la violencia homicida y legalizarla la reduce? No. Algunos trabajos académicos recientes han mostrado, por ejemplo, que el incremento de los homicidios entre grupos criminales en los años de la Prohibición se compensó con una disminución en la violencia intrafamiliar (https://academic.oup.com/aler/article-abstract/13/1/1/183009).

En resumen, la conexión entre mercados ilegales y violencia es mucho más compleja de lo que a menudo se piensa. Y eso implica que pasar a la legalidad algunas sustancias hoy ilícitas es deseable por muchas razones, pero no es la varita mágica para recuperar nuestra seguridad perdida.

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