Policías abatidos: una tragedia invisible

Alejandro Hope

Muchas muertes de policías son perfectamente evitables y un esfuerzo por equipar y entrenar a los integrantes de las corporaciones podría salvar muchas vidas

Entre las muchas violencias de este país, hay pocas tan invisibles como la que se ejerce contra los policías. En nuestras corporaciones de seguridad pública, los elementos son objeto de abuso constante y agresión sistemática. Muchos sufren ataques graves y demasiados mueren en el cumplimiento del deber. Pero en nuestro radar ético, este es un tema que aparece poco.

Por ello, resulta particularmente importante la publicación de un documento analítico del Inegi sobre la violencia letal que sufren los integrantes de las corporaciones policiales. Titulado “Policías Abatidos: El Riesgo de Servir a la Seguridad Pública”, el reporte pone números a un asunto que debería ser de escándalo, pero más bien produce indiferencia.

Los números no son menores. A partir del análisis de certificados de defunción, el documento señala que entre 2013 y 2018, murieron 7,793 policías. Eso equivale a uno de cada 500 decesos registrados en el periodo. De esas muertes, 41.2% ocurrió por causas externas de morbilidad y mortalidad (homicidios, suicidios, accidentes, etc.). Entre la población en general, el porcentaje comparable fue 10.9%.

De esas muertes de policías por causa externa, 52.5% fue por agresiones, contra 35.1% para la población en general. De ese total, se puede determinar a partir de la información en los certificados de defunción que al menos 802 policías fueron abatidos en el cumplimiento del deber entre 2013 y 2018. Esa cifra es apenas un piso: hay otros 916 casos en los cuales no se puede determinar con la información disponible si el asesinato ocurrió cuando el policía estaba en servicio.

De los 802 casos de policías abatidos entre 2013 y 2018, casi 30% se concentró en tres entidades federativas: Estado de México, Guerrero y Michoacán. Con cinco entidades adicionales (Ciudad de México, Puebla, Guanajuato, Chihuahua y Jalisco), se llega a casi 60% del total. En términos municipales, la concentración es igualmente significativa: solo 331 municipios registraron el abatimiento de por lo menos un policía en el periodo. Ocho municipios y alcaldías concentraron uno de cada siete abatimientos de policías: Ecatepec, Naucalpan, Acapulco, Reynosa, Centro (Tabasco) y Tijuana, así como las alcaldías de Iztapalapa y Cuauhtémoc en la Ciudad de México.

Más de 95% de los policías abatidos en el periodo eran hombres, pero se tiene registro de 39 mujeres policías asesinadas en el cumplimiento del deber. Asimismo, dos terceras partes de las víctimas eran menores de 40 años.

El reporte de Inegi no se queda en la estadística descriptiva. También incluye un análisis de correlación entre el abatimiento de policías y un conjunto de variables sociales e institucionales vinculadas a la función de seguridad pública. Encuentran entre otras cosas que a menor equipamiento (particularmente el gasto en materiales) y menor capacitación en la corporación, mayor probabilidad de tener policías abatidos. Asimismo, el asesinato de policías en el cumplimiento del deber está relacionado estadísticamente con una mayor percepción de ineficacia y corrupción en la corporación, así como con una menor confianza social en la policía.

Esos resultados no sorprenden, pero sí indignan. Sugieren que muchas muertes de policías son perfectamente evitables y que un esfuerzo relativamente menor para equipar y entrenar a los integrantes de las corporaciones podría salvar muchas vidas.

No cuidamos a los que nos cuidan. A eso no le cabe más que el nombre de tragedia.

 

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