Digamos que usted tiene un negocio. Algo pequeño: una miscelánea, una fonda, un taller. El changarro no le da para hacerse rico, pero sí para tener una vida digna. Y allí la va llevando: usted sigue las reglas, cumple sus obligaciones, paga sus impuestos.

¿Suficiente para tener existencia tranquila? No del todo. Resulta que hay otros impuestos, pagados ya no al Estado, sino a delincuentes. Y no son poco comunes: una de cada tres unidades económicas en el país fue víctima de al menos un delito en 2019, según datos de la recién publicada Encuesta Nacional de Victimización de Empresas (ENVE 2020).

Pero, si su negocio tuvo la mala suerte de caer en ese tercio, es muy posible que usted haya sido victimizado en repetidas ocasiones. Las empresas en México sufrieron 3.9 millones de delitos en 2019, de acuerdo a datos de la ENVE. Eso significa que, en promedio, cada negocio victimizado enfrentó 2.6 delitos el año pasado. Y eso, valga la obviedad, es una media simple que esconde extremos: algunos negocios —el suyo entre ellos, tal vez— fueron blanco de delincuentes decenas de veces.

¿Y de qué delitos estamos hablando? En algo más de la mitad de los casos, se trata de algún tipo de robo. Puede ser un asalto, un robo hormiga, el robo de alguna mercancía en tránsito o el hurto de algún vehículo. En la mayoría, el hecho probablemente sucedió sin violencia. Pero en unos 100 mil eventos, grosso modo, usted o alguno de sus empleados estuvo presente durante el delito y sufrió algún tipo de agresión física.

La cosa puede ser aún más peliaguda. Casi la cuarta parte de los delitos cometidos en contra de empresas en 2019 cayeron en la categoría de extorsión. Ahora, la mayor parte de esos hechos no fueron presenciales: 92.5% se cometieron por vía telefónica (y muchas de esas llamadas son más fraude que extorsión).

Eso, sin embargo, nos deja con 7.5% de los casos en los cuales la extorsión fue cara a cara, en vivo y en directo: eso se traduce en casi 70 mil casos de extorsión presencial a empresas en un año. Y si su negocio tuvo la mala fortuna de ser blanco de uno de esos delitos, lo más probable es que acabó pagándole un tributo a los delincuentes.

Todo esto significa costos. Y no menores: si su negocio fue víctima de algún delito en 2019, el asunto le significó una perdida directa de 62 mil pesos en promedio. Piénselo así: usted pagó 5 mil pesos más de impuestos todos los meses.

Pero aún si su negocio se escapó de los delincuentes en 2019, el costo del delito lo alcanzó de todos modos. En promedio, un negocio en México desembolsó casi 27 mil pesos en medidas preventivas: cerraduras, candados, rejas, bardas, alarmas, cámaras, vigilantes, dipositivos de GPS, etc.

Los costos del delito, por supuesto, crecerán conforme aumente el tamaño de su negocio. Si resulta que usted es empresario grandote, los costos del delito, tanto directos como indirectos, serían 25 veces mayores que los que enfrenta un microempresario. Pero el crecimiento no es líneal: el brinco más significativo en términos relativos es cuando se pasa de micro a pequeña empresa (entre 10 y 50 empleados). En ese paso, los costos del delito para una unidad económica se multiplican más de cuatro veces.

Dicho de otro modo, si usted se atreve a crecer, se vuelve visible para los delincuentes. Y ahora esos otros impuestos —los que no se pagan al Estado, pero existen de cualquier modo— serán cuatro o cinco veces mayores ¿Eso lo limitará? ¿Lo condenará a quedarse en la Mi de las MiPyMES? En una de esas.

Y eso es una tragedia. Para usted y para el país entero.

@alejandrohope

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