La pantomima llamada Guardia Nacional

Alejandro Hope

No deja de azorarme, sin embargo, la naturalidad con la que aceptamos una burla a la ley. Tal vez parezca desproporcionada la expresión, pero no se me ocurre alguna más precisa

El pasado 20 de julio, en la conferencia mañanera del presidente López Obrador, se dio un informe sobre el avance en la construcción de la Guardia Nacional. Ese reporte incluyó cifras muy alentadoras: en 2019, según se dijo, se reclutó a 21,170 elementos para la nueva corporación y se tiene programado lograr lo mismo en 2020.

Pero resulta que la cosa no es como parece. Arturo Ángel, reportero de Animal Político, hizo una amplia solicitud de información a la GN y obtuvo los siguientes datos:

1. El reclutamiento total de la Guardia Nacional desde su creación es exactamente cero. Por su lado, la Sedena y la Semar habían reclutado hasta mayo de este año a 29,818 elementos. Esas personas fueron (o serán transferidas) a la GN por la vía de un oficio de comisión, pero administrativamente siguen adscritas a la fuerza armada permanente.

2. De los más de 90 mil elementos que supuestamente componen a la GN, solo 26,736 cuentan con plaza en la corporación. Esas plazas son la herencia de la Policía Federal. Todos los demás integrantes —uno por uno— tienen plaza y cobran sueldo en la Sedena o la Semar. No conozco ninguna otra institución pública en México donde 70% del personal esté adscrito a otras dependencias.

3. De todos los elementos reclutados en el poco más de un año de funcionamiento de la GN, solo 119 (0.3% del total) contaban con una evaluación de control de confianza, según la respuesta dada a Arturo Ángel. Y el remate que dio la GN a ese cuestionamiento fue de antología: “El Centro de Evaluación y Control de Confianza no tiene conocimiento sobre el número total del universo de reclutas incorporados a la Guardia Nacional.” Por otra parte, hasta el 21 de mayo, ni uno solo de esos reclutas contaba con un documento conocido como Certificado Único Policial (CUP), a pesar de ser ese un requisito de ingreso a la corporación.

Estos datos no sorprenden. En este espacio he comentado en varias ocasiones que la GN no es otra cosa que la sucursal de las fuerzas armadas en una dependencia civil. El jefe real de la GN es el titular de la Sedena, el general Luis Cresencio Sandoval, no el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana.

No deja de azorarme, sin embargo, la naturalidad con la que aceptamos una burla a la ley. Tal vez parezca desproporcionada la expresión, pero no se me ocurre alguna más precisa. En el artículo 25 de la Ley de la Guardia Nacional, se señala como requisito de ingreso a la GN “estar funcionalmente separado de su institución armada de origen”.

¿Está funcionalmente separada del Ejército o la Marina una persona que mantiene plaza y cobra sueldo en la Sedena o la Semar? ¿Se cubre el requisito con un oficio que puede ser retirado en cualquier momento por los institutos armados? Francamente no.

Y sobre el asunto del control de confianza y el CUP, es algo similar. Se establece en la Constitución que la GN es una institución de seguridad pública, pero no se le aplican las reglas que se imponen a las corporaciones de policía (las cuales, dicho sea, deberían revisarse).

Algunos dirán que esas son exquisiteces, que lo importante es que la corporación dé resultados. Pero el problema es que no los está dando: no hay señal en un parte de una mejoría significativa de las condiciones de seguridad desde la creación de la GN

Es decir, se está sacrificando la ley en el altar de la nada. No entiendo cómo alguien puede aplaudir eso.

[email protected]: @ahope711
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