La inalcanzable meta presidencial

Alejandro Hope

Esa manía por lo grandioso y lo transformador no puede acabar más que en la amargura y la decepción o en el autoengaño

En una mañanera reciente, el presidente Andrés Manuel López Obrador se puso una prueba extraña. Al responder una pregunta sobre el asesinato de periodistas y defensores de derechos humanos, afirmó que “si no terminamos de pacificar a México, por más que se haya hecho, no vamos a poder acreditar históricamente a nuestro gobierno”.

Supongo que por “acreditar históricamente” quiere decir que su gobierno sea recordado como un momento cumbre de la vida nacional. Eso sería AMLO siendo AMLO. Nada inusual en esa fórmula.

Pero lo de terminar de pacificar a México mete bastante más ruido ¿Qué significa pacificar en términos concretos? ¿Cómo podemos saber si el proceso ya terminó, va la mitad o no ha dado ni sus primeros pasos?

No sé cuál sea la definición presidencial, pero se me ocurre que pacificar tal vez deba interpretarse como una reducción significativa de la violencia homicida ¿Puede lograrse ese objetivo en este sexenio? ¿Vamos lo suficientemente bien como para el asunto pueda considerarse terminado en 2024?

No del todo. Mañana tendremos datos preliminares del Inegi sobre el número de homicidios en 2020 y es muy probable que la tendencia sea descendente con respecto a 2019 tanto en términos absolutos como relativos, con una tasa de homicidio cercana a 28 por 100 mil habitantes.

Ese número es mejor al del cierre del sexenio de Peña Nieto (29 por 100 mil habitantes), pero no mucho mejor. Y en términos absolutos equivale aproximadamente a 36 mil víctimas, apenas menos que los registrados en los dos años anteriores.

Dicho de otro modo, la tendencia es la correcta, pero el nivel sigue siendo abominablemente alto y el ritmo de disminución es desesperantemente lento. Todo lo que hemos visto en 2021 indica que esa situación va a persistir también en este año.

¿Podría hacerse más inclinada la pendiente de caída en los próximos tres años? Sin duda. Entre 2011 y 2014, la tasa de homicidio a nivel nacional disminuyó 29%. Si algo similar sucediera en el tiempo que le queda al sexenio, el número de homicidios por 100 mil habitantes andaría sobre 20.

Eso sería un magnífico resultado por donde se le mirara. Pero difícilmente se podría decir que se habría terminado de pacificar a México. La tasa de homicidios andaría en un nivel similar al de 2016 y el número absoluto de víctimas en 2024 sería parecido al registrado en el peor año del sexenio de Felipe Calderón (27,000 aproximadamente). Con ese resultado, el sexenio cerraría con un total acumulado de algo más de 200 mil víctimas. A manera de contraste, los sexenios de Calderón y Peña Nieto sumaron 121 mil y 155 mil víctimas, respectivamente.

Y esto, nótese, es un escenario optimista. Podríamos tener un cambio de tendencia y experimentar una nueva oleada de homicidios en algún punto de los próximos tres años. O podría mantenerse la curva en dirección horizontal, como lo ha hecho desde mediados de 2018.

El presidente se puso por tanto una meta básicamente imposible de cumplir. Bajo cualquier definición razonable del término, el país no se va a haber “terminado de pacificar” para 2024.

Puede que sea un poco menos violento que en 2018 y eso es algo que bien podría fijarse como meta el presidente. Pero eso sería demasiado incrementalista para alguien que se imagina como estatua de bronce en el Paseo de la Reforma.

Esa manía por lo grandioso y lo transformador no puede acabar más que en la amargura y la decepción. O en el autoengaño, lo cual es más probable y considerablemente peor.
 

Twitter: @ahope71

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