La Guardia Nacional en la Ciudad de México

Alejandro Hope

Se van a utilizar recursos federales escasos en una región del país que no los necesita. No es buena idea

Esta semana, en un evento celebrado en la alcaldía Benito Juárez, la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, afirmó que habrá presencia de la Guardia Nacional (GN) en las 16 demarcaciones territoriales de la capital.

El objetivo de este despliegue es, según Sheinbaum, “tener un patrullaje conjunto con la Guardia Nacional que está asentada con el Estado de México, en las zonas limítrofes, y también un patrullaje permanente en las zonas de alta incidencia delictiva en la ciudad, sea por delitos federales, como es el caso de la tala ilegal en el suelo de conservación o por delitos del fuero común en distintas zonas de la ciudad”.

Este anuncio resulta problemático por varias razones.

En primer lugar, la Ciudad de México tiene una amplísima fuerza de policía local. De acuerdo con el Censo Nacional de Seguridad Pública Estatal, elaborado por el Inegi, la policía capitalina cuenta con 90,671 elementos (incluyendo a la policía auxiliar y la policía bancaria e industrial). Eso es más de la tercera parte de los policías estatales y casi la cuarta parte de todos los policías del país.

Dicho de otro modo, la GN va a tener despliegue donde ya hay presencia policial, cuando una cuarta parte de los municipios de México no tiene policía de ningún género. El contraste con lo que sucede en otros estados es notable. En Zacatecas, actualmente el epicentro de la violencia criminal en el país, el gobierno federal se comprometió recientemente a enviar 240 elementos más de la GN (en adición a los 1,980 elementos ya presentes). Eso es equivalente a uno de los 16 destacamentos que la corporación federal instalará en la Ciudad de México, según lo revelado por la jefa de gobierno.

En segundo lugar, este anuncio ocurre cuando el gobierno capitalino presume una reducción notable en la incidencia delictiva. En el tercer informe de gobierno de Claudia Sheinbaum, se afirma que “cuando comparamos el periodo enero-junio 2021 con el mismo periodo de 2019 tenemos una disminución de 46.3% promedio en todos los delitos; con una reducción significativa en la incidencia de robo en transporte público: -70.7% para robo en microbús, -73% en Metrobús y -79.6% en el Metro.”

Si son ciertos esos logros, obtenidos fundamentalmente con recursos propios, ¿exactamente para qué necesita el gobierno de la ciudad un apoyo federal como el anunciado? En principio, habría que concentrar esfuerzos en entidades con autoridades rebasadas e imparables oleadas delictivas, no donde se presume que todo marcha bien.

Y esto lleva al tercer punto, las misiones que presuntamente se asignarán a la Guardia Nacional en la Ciudad de México: patrullajes en las zonas limítrofes con el Estado de México y zonas de alta incidencia delictiva. Suena bien en principio, pero ¿dónde está la evidencia de que ese tipo de acciones funcione?

En un artículo reciente (https://bit.ly/3F1Mq7y), Bernardo León recordaba el célebre experimento de Kansas City, realizado a inicio de los setenta, en el que se buscó, mediante un ingenioso procedimiento de evaluación (dividir a la ciudad en tres sectores, cada uno con intensidades distintas de presencia policial), determinar la utilidad de los patrullajes.

La conclusión fue demoledora: “Aumentar, decrecer o mantener el patrullaje preventivo rutinario no tiene ningún efecto en el delito, la percepción de inseguridad, la percepción y actitud de los ciudadanos para con la policía, el miedo a ser víctima, o los accidentes de tráfico”.

Dicho de otro modo, se van a utilizar recursos federales escasos en una región del país que no los necesita, para realizar tareas de utilidad cuestionable.

No es buena idea. 
 

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