La endemia homicida

Alejandro Hope

La violencia homicida no se ve como una crisis, sino como parte del paisaje nacional

Otro mes, otra vez más de 3 mil víctimas de homicidio.

Ayer, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad (SESNSP) dio a conocer las cifras de incidencia delictivas al mes de julio. No hay mucho que sorprenda en el reporte: si se suman las víctimas de homicidio doloso y feminicidio, se llega a un total de 3054. Ese número es apenas inferior al de julio de 2019 (3060 víctimas). Medido por promedio diario, el resultado del mes pasado (98.5) es ligeramente más bajo que el de junio (98.9) y un poco más alto que el de mayo (96.5).

Dicho de otro modo, la violencia homicida en el país se sigue comportando como se ha comportado desde hace dos años y medio. Entre abril de 2018 y julio de 2020, se acumularon 83,335 víctimas de homicidio doloso y feminicidio. Eso equivale a 2976 víctimas por mes en promedio, un número muy cercano al que se acaba de registrar en julio. De hecho, la variación ha sido muy poca en estos 28 meses: el total mensual no ha pasado de 3158 (julio de 2018) ni ha caído por debajo de 2796 (noviembre de 2018).

En todo esto, hay una buena noticia: los homicidios no se encuentran en una trayectoria ascendente. Pero hay también un dato pésimo: los homicidios no están disminuyendo en el país. Y hay otro peor: esta estabilización se ha dado en un nivel elevadísimo. Con casi 40000 homicidios al año, México concentra aproximadamente uno de cada doce homicidios intencionales que se cometen en el mundo (excluyendo a países que enfrentan condiciones de guerra civil).

Lo más trágico de todo es que esta situación puede prolongarse por varios años más. En México ya hemos experimentado largos periodos de estabilidad homicida. Por ejemplo, entre 1970 y 1995, la tasa de homicidio se mantuvo constante en un rango de 15 a 20 homicidios por 100 mil habitantes, después de caer de manera sostenida durante tres décadas.

Otros países latinoamericanos, como Brasil o Colombia, han pasado igualmente por periodos prolongados de violencia homicida elevada. Vivir el homicidio como una condición endémica no es por tanto algo particularmente inusual ni en México ni en países similares. Esta monotonía homicida de más o menos 3000 víctimas por mes podría fácilmente extenderse por varios años.

Además, nos estamos acostumbrando a la tragedia. La regularidad de las cifras no genera nota y no produce escándalo. Salvo excepciones, el hecho de que 3000 personas sean asesinadas mes con mes se lee en páginas interiores de los diarios . Añádase que la mayor parte de esas víctimas forman parte de grupos socialmente excluidos y políticamente invisibles (jóvenes pobres, desempleados y con bajos niveles de instrucción formal).

Eso se traduce en que no hay sentido de urgencia entre la clase gobernante (de todos los partidos). La violencia homicida no se ve como una crisis, sino como parte del paisaje nacional.

Como consecuencia, no hay una política explícita de reducción de homicidios ni hay presión para que exista. La gente muere por miles y no pasa nada, ni a nivel federal ni estatal ni municipal (salvo excepciones).

Nuestra violencia se volvió normal. En el peor sentido de la palabra.

Twitter: @ahope71

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