El año horrible de los policías

Alejandro Hope

Los policías también han estado en la primera línea del combate a la pandemia. Y ni siquiera reciben reconocimiento

No es que los años previos hayan sido muy buenos para el gremio, pero 2020 fue realmente catastrófico para los policías en México.

Por la violencia homicida, primero que nada. De acuerdo a un reporte recientemente publicado por la organización Causa en Común, 524 policías fueron asesinados en 2020. Eso implica un incremento de 17% con respecto al año previo y significa que un policía es asesinado en algún lugar del país cada 17 horas.

El embate no respetó fronteras jurisdiccionales, pero fue más severo en el espacio local. Más de la mitad de los policías asesinados en 2020 pertenecían a corporaciones municipales y otro 40% laboraba para policías estatales.

Además, los integrantes de las policías fueron víctimas de formas extremas de violencia. Va aquí solo una pequeña muestra de las atrocidades listadas en el reporte de Causa en Común:

-El 22 de febrero fueron asesinados cuatro policías en Córdoba, Veracruz.

-El 16 de marzo fueron asesinados tres policías municipales en Tolimán, Querétaro.

-El 7 de junio fueron hallados los cuerpos de cuatro policías al interior de una patrulla, en Huimanguillo, Tabasco.

-El 21 de junio seis policías fueron asesinados durante una emboscada en Tetipac, Guerrero.

-El 31 de julio fue hallado el cuerpo desmembrado del director de la policía de Madera, Chihuahua.

-El 19 de agosto fue asesinado a tiros un comandante de la policía municipal de Acatepec, Guerrero.

-El 11 de septiembre fueron asesinados tres elementos de la policía estatal en Villa Guerrero, Estado de México.

-El 12 de diciembre fue encontrado el cuerpo mutilado y decapitado del director de la policía municipal de Tepetongo, Zacatecas.

Al flagelo de la violencia, se sumó en 2020 el azote del Covid-19. De acuerdo al recuento periodístico realizado por Causa en Común, se contagiaron 4,828 policías de corporaciones federales, estatales y municipales entre marzo y diciembre. Esto, con toda probabilidad, es una subestimación: se trata, al fin y al cabo, de policías que se hicieron una prueba y los resultados fueron reportados en medios de comunicación.

Muchos de esos contagios acabaron siendo letales. De acuerdo a la misma fuente, se reportaron 702 muertes de policías por Covid. De nuevo, ese número probablemente refleja un subregistro. Pero, ya con esa cifra, se puede afirmar que los policías fueron la segunda categoría de servidores públicos más afectada por la pandemia, después del personal de salud.

Si se suman las dos categorías (los asesinatos y el Covid), resulta que en 2020, murieron prematuramente por los menos 1,226 policías. Eso equivale a uno de cada 300 integrantes de las corporaciones policiales.

Esa tragedia le pasó de noche al país. Los policías también han estado en la primera línea del combate a la pandemia. Ellos y ellas no se pueden dar el lujo de quedarse en casa. Están en la calle, apoyando a los equipos de emergencia, tratando de hacer cumplir las restricciones impuestas por las autoridades sanitarias, sin equipo de protección, poniéndose en riesgo de contagio todos los días. Y ni siquiera reciben reconocimiento de la sociedad o del gobierno. De la vacuna, ni hablamos: no están en la lista de prioridades de nadie.

Sobre la violencia, ya es costumbre que la muerte de un policía sea recibido con preguntas revictimizantes: “¿Pues en que andaría metido?” Y el desenlace es por lo regular la impunidad para los agresores.

Así fue entonces el año de los policías: un coctel de virus y balas, de muertos por montón, sin descanso ni reconocimiento.

No se puede hacer mucho para corregir esa desgracia, salvo darle las gracias a los policías por todo lo que han hecho por el país en estos meses negros.
 

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