Celaya y la extorsión masiva

Alejandro Hope

Algo muy grave está pasando en Celaya, Guanajuato.

Hace unas semanas, se reportó el cierre de decenas de tortillerías, obligadas por bandas de la delincuencia organizada a pagar cuotas mensuales de hasta 50 mil pesos. Algo similar ha venido sucediendo con otros pequeños comercios.

Esos hechos son suficientes para prender todas las alarmas, pero la semana pasada sucedió algo que debería obligar a ponerlas en rojo carmesí: la principal distribuidora de Ford en la ciudad cerró sus puertas, luego de ser rafagueada por un grupo de pistoleros tras negarse a pagar la extorsión exigida por la delincuencia organizada.

Esto es particularmente serio por cuatro razones:

1. Efectos económicos: una agresión en contra del canal de distribución de una empresa multinacional le da la vuelta al mundo. No es que no sean graves los ataques en contra de empresas locales, pero no tienen el mismo impacto internacional. Eventos como los de la Ford en Celaya pueden tener efectos demoledores para la imagen del país y su capacidad para atraer inversión. Un intento de extorsión en contra de la red de ventas de una empresa multinacional debería de ser considerado como un atentado en contra de la economía del país.

2. Escala del crimen organizado: si se permite que los grupos criminales pasen de extorsionar a pequeños comercios a cobrar cuota en negocios medianos o grandes, estos pueden adquirir un tamaño descomunal y convertirse en una amenaza severa para la integridad, estabilidad y permanencia del Estado mexicano.

3. Mensaje de impunidad: si unos bandidos de quinta se sienten autorizados a extorsionar a una empresa que tiene conexiones internacionales, sin temor a una reacción excepcional del Estado, probablemente se sientan con derecho a hacer cualquier otra cosa (robar, secuestrar, matar, etc.). Se me ocurren pocas cosas que manden semejante mensaje de impunidad.

4. Costos fijos: si la delincuencia organizada logra extorsionar a empresas medianas o grandes, el riesgo para muchos negocios pequeños aumenta. Por una razón muy sencilla: es probable que lo que puedan extraer de changarros no sea suficiente para cubrir los costos requeridos para el cobro de piso. En cambio, con una extorsión exitosa a una empresa grande, pueden cubrir todos sus costos fijos (nómina, sobornos, armas, casas de seguridad, etc.) en una región. A partir de allí, todo lo demás es ganancia.

En consecuencia, un hecho como el cierre de la distribuidora de Ford en Celaya debería de ameritar una respuesta excepcional de las autoridades ¿Pero qué forma debería tomar?

En primer lugar, hay que detener y procesar a todos los implicados en el ataque a la distribuidora de Ford. Es necesario mandar el mensaje de que, en este tipo de incidentes, no va a haber impunidad para los perpetradores directos.

En segundo lugar, se requiere pintar una raya. Es necesario seleccionar un subconjunto limitado de empresas y mandar el mensaje explícito de que son intocables. Ante cualquier intento de extorsión en contra de cualquier empresa de la lista, se respondería con acciones que redujeran temporal, pero significativamente, los flujos de ingreso y las capacidades operativas del grupo agresor. La lista se podría ir ampliando gradualmente, conforme crezcan las capacidades de la autoridad.

Esto no erradicaría, ni mucho menos, todas las formas de extorsión. Esta propuesta simplemente tendería un manto protector sobre algunas de las principales empresas del país. Lo sé: todos los mexicanos nos merecemos protección. Pero creo que es necesario reconocer que, si una empresa grande y altamente visible puede ser amenazada impunemente, no va a quedar negocio seguro en el país.

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@ahope71

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