Barack Obama publicó a finales del año pasado el primer tomo de Una tierra prometida. En alrededor de 700 páginas, Obama narra vivencias de su infancia y juventud, sus inicios en la política y, principalmente, aspectos relevantes de su periodo inicial como presidente. Asimismo, se abordan sin tapujos algunos de los temas más criticados de su administración, entre ellos, las altas tasas de deportación de inmigrantes y la participación de Estados Unidos en diversas operaciones militares. También, se detallan sucesos históricos, como el ingreso de la jueza Sonia Sotomayor a la Corte Suprema de Justicia –primera hispana en dicha posición–; el abatimiento en Afganistán del exlíder de Al Qaeda, Osama Bin Laden; el inicio de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), o encuentros con líderes internacionales, como Vladimir Putin, Nicolás Sarkozy, Hu Jinato, Angela Merkel o la reina Isabel.

El expresidente cuenta el momento en que le asignaron elementos del servicio secreto antes de ser confirmada su nominación presidencial, debido a las constantes amenazas en su contra, basadas principalmente en prejuicios racistas, así como lo difícil que fue construir su campaña, considerando que se trataba de un senador muy joven, sin mucha experiencia en la rama ejecutiva y sin haber servido en el ejército (un tema de gran importancia en la política americana).

Sobre el ámbito personal, Obama narra de forma muy íntima lo importante que ha sido su esposa, Michelle, en el crecimiento de su trayectoria política, aun cuando esto significara detener la carrera profesional de ella, pues, mientras el mandatario ha dedicado la mayor parte de su tiempo al ámbito público, Michelle, como muchas mujeres, ha sido la principal responsable de cuidar y criar a sus hijas. De igual forma, comparte anécdotas con sus colaboradores y personas cercanas durante su presidencia, y cuenta cómo cada una de ellas jugó un papel determinante en el éxito de su gobierno. Todos estos relatos hacen de Una tierra prometida no sólo una profunda reflexión en torno al autor, sino un emotivo espacio de reconocimiento a las personas que lo acompañaron en su travesía por convertirse en el primer presidente afroamericano de la historia de Estados Unidos.

Por otra parte, el expresidente relata las razones por las que eligió a Joe Biden como compañero de fórmula, entre las que consideró especialmente su “decencia, honestidad y lealtad”, así como su deseo por optar por un perfil con experiencia política que contrastara con su juventud. También narra lo difícil que fue integrar a Hillary Clinton a su gobierno luego de haber sido su contrincante y ante la desaprobación de su equipo. Para él, sumarla era primordial en aras de unificar al Partido Demócrata.

Además, el autor comparte la estrategia con la que convenció al público y luego llevó a votación el programa insignia de su gobierno, conocido como Obama Care, el cual dotó de seguridad social a más de 20 millones de personas. Dicha hazaña requirió la integración de destacados expertos en salud pública, quienes combinaban diferentes habilidades y áreas de especialización. En ese sentido, él insiste en la importancia de construir equipos experimentados y de probada capacidad para materializar proyectos de política pública.

Como gran orador, el expresidente menciona que, al iniciar su precampaña para el Senado, basó su discurso, más que en una serie de posiciones personales, “en un conjunto de crónicas de lo que la gente vivía a lo largo del estado de Illinois”. Su meta se centró en escuchar con atención lo que la gente tenía que decir y no en lo que él creía que debía hacerse.

Más tarde, durante su campaña presidencial, trató de enfocarse en los temas en los que él estaba a favor y no en aquellos en los que estaba en contra. En esta ocasión, la estrategia era dar un mensaje positivo y optimista que contrastara con el discurso de miedo de la era de Bush. Asimismo, Obama cuenta que el día de la elección –y a pesar de tener los números de las encuestas a su favor– estuvo trabajando en dos borradores de discurso: uno para reconocer los resultados, si no le favorecían, y otro por si ganaba. Para él, ante una elección histórica, nada podía dejarse solo a la improvisación.

Ya como presidente, menciona el reto que significó que las personas se movieran mucho más por las emociones que por los hechos. Por ello, debía pensar muy bien cómo comunicar una decisión de gobierno que pudiera ser impopular, especialmente en el ámbito militar, un tema que hasta la fecha le ha generado duras críticas dentro y fuera de su partido.

En conclusión, aunque muchas de las reflexiones de Obama parecieran obvias, Una tierra prometida no deja de ser una mirada refrescante del liderazgo público que nos permite poner en perspectiva a los mandatarios de la actualidad, sus decisiones y sus prioridades, para luego pensar en si los ciudadanos estamos o no en la ruta correcta. Sin duda, una obra que vale la pena analizar.

* Todas las traducciones son del autor.

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