Libro de Troya: de textos, pretextos y contextos

Alejandro Espinosa Yáñez

1. Guadalajara, Feria Internacional del Libro –FIL- (del 28 de noviembre al 6 de diciembre 2020). Raúl Padilla, presidente de la FIL, en su discurso inaugural, señalaba: “Debemos de defender al libro del populismo”. Este pronunciamiento, comentaría Andrés Manuel López Obrador (AMLO), le “llamó muchísimo la atención”. No es para menos, sobre todo si se recuerda que en el mismo acto, como un escenario institucional en disputa, participarían los ex presidentes del Instituto Nacional Electoral (INE, antes IFE).

2. Para no dejar a la memoria la tarea, estaban Luis Carlos Ugalde (2003-2007), Leonardo Valdés Zurita (2008-2013) y José Woldenberg, el primer funcionario de esta importante instancia. Woldenberg, sin anestesia, en un argumento que debe ponderarse en sus alcances, señalaba: “No creo exagerar si digo que la presente administración no valora esa autonomía y que desearía alinear no solo al INE, sino al resto de los órganos de Estado autónomos, a la voluntad presidencial”. Ugalde comentaba que “durante 2021, habrá de realizarse una elección no sólo complicada, sino también conflictiva ante tres elementos fundamentales que afectarán la contienda: el comportamiento del Ejecutivo, la invasión de facultades que hay por parte de la Cámara de Diputados y el papel del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación”. Por su parte, Valdés Zurita señalaba que “mucho ha cambiado nuestro sistema electoral, hoy es parte de una vida democrática y plural que tenemos que profundizar y fortalecer, yo le deseo larga vida al INE como órgano constitucional autónomo encargado de garantizar la imparcialidad y la certeza de nuestras elecciones”.

3. Pero no sólo eso. En el mismo contexto que los ex titulares del IFE-INE argumentaban sobre la pertinencia y en defensa del INE –como concreción de acciones concertadas-, al mismo tiempo, en una feliz sintonía cronológica, en la FIL se realizaba la presentación del libro Yo, el pueblo. Cómo el populismo transforma la democracia, de Nadia Urbinati,  editado por Grano de Sal y el INE. Como vaso comunicante, la alusión de Raúl Padilla de “defender al libro del populismo” resuena en la presentación de Ciro Murayama, consejero del INE, que al presentar el texto de Urbinati, criticando al populismo, tomaba sus palabras, su sentido. Esto a fines del 2020.

4. Más allá del relieve del texto, se abría un buen pretexto para publicar una reseña del libro, ahora en Letras Libres (1 de febrero 2021). El título del texto de Murayama, “La desfiguración democrática”, en su primer párrafo, señala que Urbinati “identifica que populismo no es sinónimo de fascismo pero que comparte ‘bordes borrosos’ con este y la democracia, situándose a medio camino entre ambos”. No es una afirmación fácilmente digerible. Aludir al fascismo, en las últimas decenas del siglo XX, por ejemplo en América Latina, nos lleva al Plan Cóndor, a familias mutiladas, a las cartas que nunca llegaron, parafraseando al uruguayo M. Rosencof, a los vuelos de la muerte, a los centros clandestinos, a los miles de desaparecidos en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay, en síntesis dolorosa, al abecedario latinoamericano. Guatemala, Honduras y Nicaragua forman parte de esta tragedia continental.

5. Vámonos a la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY), 2021. Se vuelve a presentar el texto de Urbinati. Retomando a la autora de que “el populismo utiliza las elecciones como plebiscitos. Y al hacerlo las desfigura”, agrega Murayama que “No sorprende entonces el inexistente compromiso democrático de los populistas con los resultados electorales cuando no les favorecen”. Llegan al poder por medio de la vida democrática y las elecciones, pero luego reniegan de éstas, avanza. Esto exige una tarea para sumergirse en la historia, pero Murayama no lo hace. En fin, para no repetir lo que Murayama se empeñó –valga la redundancia- en repetir, el texto de “La desfiguración democrática” se leyó prácticamente en su totalidad, pero ahora en la FILEY 2021, el texto de Urbinati sirvió como pretexto en un contexto en el que la crítica a AMLO es una constante. El texto de Urbinati, una especie de Libro de Troya, que en su interior, y al interior de sus comentaristas, de manera subrepticia, recorrieron líneas para cuestionar al populismo –léase históricamente en el estilo de gobernar de AMLO, apuntan-, ese que alude al mal funcionamiento de la democracia de partidos, como si en el caso mexicano, en la historia previa, hubiéramos tenido un buen funcionamiento de los partidos políticos y la democracia. Para entender este problema, es pertinente recordar las aportaciones de Octavio Rodríguez Araujo, Luis Javier Garrido o de Rafael Segovia, en La politización del niño mexicano. ¡Qué olvido!, también las aportaciones de Arnaldo Córdova.

6. Pero en estos tiempos de pandemia y dolor viene un respiro, porque Murayama señala, en su segundo comentario en la presentación del libro, que “Este libro prácticamente no habla de México” –el de Urbinati, los comentarios de Murayama sí se dirigen a la experiencia mexicana, desde su lectura particular (de un sujeto imparcial, árbitro, sin rencores)-. En su nivel de abstracción, refiere la extensión de los riesgos del populismo en la fractura democrática. Y qué suerte, porque eso de los “bordes borrosos” con el fascismo, o de de que “el populismo utiliza las elecciones como plebiscitos”, es altamente preocupante, y si se cree en ello –pensando en México-, exige una tarea rigurosa de demostración, lo que hasta ahora es una tarea pendiente. El uso sesgado de las elecciones “las desfigura” –de allí viene el título de “la desfiguración democrática”, y que sin bordes borrosos aproxima los textos de Murayama con los de Woldenberg, Ugalde, Valdés Zurita y Padilla, en el contexto general de la discusión política, y en particular de la FIL de Guadalajara y de la FILE de Yucatán.

7. No son ejercicios ingenuos ni sin conexiones. Deja la sensación de una discusión académica, pertinente, pero al mismo tiempo, a tono con una agenda política definida como acción coordinada, pone en el contexto el uso del texto de Urbinati como pretexto para pegarle al gobierno de AMLO. Los árbitros, sin respetar las reglas de la cancha, se meten en la jugada, tienen el balón. Siguiendo la metáfora del futbol, me recuerda el trabajo de Juan I. Godoy
(http://repositorio.udesa.edu.ar/jspui/bitstream/10908/12014/1/%5BP%5D%5B...), en el que demuestra con evidencia empírica el sesgo racial –la intervención taxativamente no permitida, pero en los hechos presente- en la acción de los árbitros hacia los jugadores con tez más oscura, frente a sus pares con tez más clara (¿se aleja esto del mayor número proporcionalmente de sujetos de población negra y latina en las prisiones en Estados Unidos, frente a sus pares blancos, es decir, de una acción parcial y sesgada de la justicia?; ¿se aleja esto de la acción de funcionarios del INE que marcan la cancha con sus acciones?; ¿los evaluadores no necesitan ser evaluados?).

La prudencia del árbitro electoral es una condición necesaria para avanzar en la convivencia democrática, en reconocer la disensión y evitar la satanización del otro (no soslayemos que la satanización del otro, más allá de la avalancha discursiva de un sector de académicos, ha sido una práctica cultivada por funcionarios específicos del INE hacia el titular del Ejecutivo). En fin, la democracia es de quien la trabaja, tomando distancia de la disputa por el patrimonialismo de la verdad (o los discursos iluminados, por ejemplo, el de Bartra, en Regreso a la jaula. El fracaso de López Obrador: “El libro que yo acabo de escribir pues es un libro que, a fin de cuentas, es para élites, está en un lenguaje que no obviamente no lo va a leer un campesino de Tepoztlán”[1]) como camino para evitar las salidas autoritarias.

UAM-Xochimilco
[1] https://laoctava.com/trending/2021/04/22/roger-bartra-mi-libro-es-para-e...

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