La Convocatoria para el diseño de propuestas de Programas en Economía Social genera puntos de encuentro, así como también encontronazos. En la premisa de la Campaña por un Currículum Global de la Economía Social Solidaria se subraya que los cambios sustanciales que necesita la humanidad se alcanzarán “solo cambiando el modelo dominante de desarrollo económico”. Atendamos una secuencia de diferentes aproximaciones, con distintos niveles analíticos, en donde ponemos a los autores a conversar sobre esto.

1. Los profesores argentinos, agrupados en el Consejo General de Educación en la provincia de Buenos Aires, apuntaban la necesidad de “formar docentes desde la Economía Política”, todo ello “desde una perspectiva histórica y social, con centro en la producción y apropiación del excedente económico, el análisis de los actores sociales, el vínculo con la naturaleza y la inescindible perspectiva ética”.

2. “Pero si, en lo esencial (apunta Federico Manchón, de UAM Xochimilco), se trata de volver de la generalidad de la “economía” a la concreción de la “economía política”, no puede sino tratarse la alteridad de los proyectos políticos nacionales y regionales, es decir, la construcción política de la unidad del mercado en su transversalidad interestatal, enseñándola e indagándola. Lo social y solidario en cada uno de los Estados de Nuestra América […] necesita explicarse en la construcción global de las singularidades de cada una de nuestras sociedades estatales”.

3. Más allá de la Economía Política y su concreción, en parte siguiendo esta pista, Arnulfo Arteaga García, colega de UAM Iztapalapa, señala en una comunicación personal una posición aún más radical: “en el fondo se trata de un problema epistemológico que debe orientarse desde una perspectiva radical. Conocer y aprender, para comprender y transformar de raíz la realidad. Y no se basa en la economía política, sino en la crítica de la economía política basada en las relaciones sociales, no solo de producción, sino las que éstas generan en la totalidad de los ámbitos de la condición humana. Por eso creo que en términos epistemológicos, solo una ciencia social interdisciplinaria puede diluir en la praxis el abordaje de la transformación radical de la sociedad”.

4. Hasta aquí, en lo enunciado, con matices a trabajar, se trata de una ruptura epistemológica que pone de relieve la crítica de las soluciones dentro de las reglas de la sociedad actual. Retomemos para esto a Slavoj Žižek (La economía como ideología, 02/01/2023): “el modelo económico global existente descansa en una serie de decisiones políticas- mientras que simultáneamente debe ser plenamente consciente de que, en tanto que permanezcamos dentro del sistema capitalista, la violación de sus reglas origina, de hecho, una crisis económica, ya que el sistema obedece a una lógica pseudonatural propia”. No obstante, lejos de la lógica del capital, es decir, sin reducir el argumento de Žižek como inmovilidad, retomando el eje de la necesidad de tocar –en estos tiempos en que prima desde ciertas narrativas lo intocable- “el modelo dominante de desarrollo económico”: “El hombre ha perdido su capacidad de desobedecer, ni siquiera se da cuenta del hecho de que obedece. En este punto de la historia, la capacidad de dudar, de criticar y de desobedecer puede ser todo lo que media entre la posibilidad de un futuro para la humanidad, y el fin de la civilización” (Erich Fromm). Esta ausencia de crítica podemos ligarla a lo que plantea Deaton –Premio Nobel de Economía 2015- sobre lo que “James Kwak, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Connecticut, llama ‘economismo’, la idea de que el mundo funciona exactamente como lo describen los libros de economía básica. Claramente, esos libros son importantes. En EEUU aproximadamente el 40 % de los estudiantes universitarios -entre ellos, la mayoría de los futuros políticos, abogados y directores ejecutivos de empresas- asisten al menos a un curso de economía”. Pasemos este argumento por el rasero de J-F Chanlat (2019) y Tijerina (2008) de que en las disciplinas de la Economía y la Administración resaltan las visiones utilitarias y la erosión de la cooperación humana, acompañado esto de lo anunciado hace muchos años en el análisis político sobre la desradicalización ideológica y la pérdida de militancia –la preeminencia del consumidor por sobre lo ciudadano, entre otros-. Por eso, no solamente como problema en las disciplinas de la Economía y la Administración, “Dentro del actual capitalismo global, la reducción de la educación superior a la tarea de producir especialistas socialmente útiles es la forma paradigmática del ‘uso privado de la razón’ de Kant, es decir, constreñida por las presunciones contingentes y dogmáticas” (Žižek).

5. En una posición también de crítica a las visiones convencionales de la economía, Angus Deaton (Los fracasos de los economistas, El Economista.es, 31/12/2022) planteaba que “La mayor parte de los economistas no solo fue incapaz de predecir la crisis, sino que, al decir de algunos, la facilitaron . Después de todo, son los orgullosos apóstoles de la globalización y el cambio tecnológico quienes enriquecieron a una pequeña elite financiera y gerencial, redistribuyeron el ingreso y la riqueza del trabajo al capital, destruyeron millones de puestos de trabajo y dejaron vacías las comunidades y las vidas de sus residentes”. Cercano a lo que enunciaba Michel Albert (retomado por V. de Gaulejac), de que “En nuestra sociedad el desempleo es más una solución que un problema”.

6. Deaton inquiere: “¿hay en la economía una falla profunda que lleva sistemáticamente a los especialistas por mal camino?”. Sí, y en la realidad se ensayan diferentes respuestas, como se vio sucintamente aquí. Deaton dice que el problema, en la economía moderna, “es su escaso alcance . Este campo se desvinculó de su adecuado fundamento, que es el estudio del bienestar humano. Como arguye Amartya Sen, la disciplina dio un giro equivocado con la famosa, y actualmente dominante, definición de la economía propuesta por el economista británico Lionel Robbins: la asignación de recursos escasos a fines diversos”. Encarando esta definición, “La economía debiera dedicarse a entender los factores que subyacen a la sordidez asociada con la pobreza y las privaciones, y eliminarlos […]. Debemos superar nuestra fijación con el dinero como única medida del bienestar humano , aprender más sobre la forma de pensar de los sociólogos y, sobre todo, pasar más tiempo con los filósofos para recobrar el territorio intelectual que supo ser central para la economía”.

Quedémonos aquí, en esta tarea inicial, de construir campo dialógicos, como exigencia para comprender y aportar a la economía social y solidaria, en el entendido de lo apuntado por Antonio Machado: “Nuestras horas son minutos cuando esperamos saber, y siglos cuando sabemos lo que se puede aprender”.

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Profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana

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