Enjaulados en el fracaso electoral

Alejandro Espinosa Yáñez

Los méritos académicos de R. Bartra son ampliamente reconocidos. Esto fue planteado por los comentaristas del libro Regreso a la jaula. El fracaso de López Obrador. Lo que sí se puede señalar es que los méritos no hacen inefable ni infalible al autor; de manera amplia, a cualquier persona. La obra literaria gigante de Borges no se empaña por su apología al gobierno golpista de Videla, sí, pienso, Borges como ser humano. En entrevista a la televisión norteamericana, decía: “creo que tenemos el gobierno correcto ahora. Un gobierno de caballeros y no de rufianes” (https://www.youtube.com/watch?v=nAxtH1geob8&t=224s). Esto a un año del golpe en marzo de 1976 en Argentina, con una estela de desaparecidos y destrucción social. Lo mismo ocurre con el Vargas Llosa de la letra mágica, frente a la tendencia creciente a la derechización de su pensamiento, ahora manifiesto en su apoyo a Keiko Fujimori, a la cual cuestionó sistemáticamente durante muchos años, hasta que en estos nuestros días, la derecha peruana (y continental) detectó que un maestro rural puede ganar la elección (https://www.pagina12.com.ar/336461-peru-la-derecha-neoliberal-se-alia-co...). El historiador O. Bayer fue un crítico sistemático de Borges, en el plano de sus posiciones políticas, lo mismo que A. Borón lo es ahora de M. Vargas Llosa, “El hechicero de la tribu”, planteará Borón. A nivel continental, y en su decantación en la discusión política en México, los argumentos giran en torno al menos malo, algo similar en México: corrupción mata populismo.

Como apuntábamos, las alusiones vienen a tono porqué nadie puede regatear los méritos de R. Bartra. En los presentadores del libro –el primer webinar de Sí por México presentando libros, se subrayó-, se destacaron la trayectoria, los títulos, la obra publicada, las iniciativas editoriales de Bartra. “Un libro fundacional”, necesario para comprender cómo llegamos aquí, en dónde estamos, y hacia dónde se va, y por fuera del webinar, pero en el mismo sentido, lo señalado por F. Valdés: “Hay libros que marcan una época. Regreso a la jaula. El fracaso de López Obrador, de Roger Bartra es uno de ellos” (https://www.eluniversal.com.mx/opinion/francisco-valdes-ugalde/la-farsa-...).

Su último libro puede aceptar múltiples lecturas. Los presentadores del libro coinciden en una, en la misma saga del autor, en la que no ahorraron adjetivos en calificar a López Obrador. En el abecedario del análisis (¿o de las obsesiones?), destacan: Ala populista y conservadora, Autócrata, Autoritarismo nostálgico, el de los “caprichos absurdos”, “conservador integral”, que sólo busca el “control político”, “copia que se pretende imponer a México”, “Democracia amenazada”, “derecha decimonónica”, dirige su energía para construir “hegemonía estructural”, “manda carretadas de dinero a sus proyectos absurdos”, “pepenador de ideas”, “populismo retrógrada”, “protodictador”, “reaccionario”, “República en extinción”, “Retroceso exponencial en lo educativo”, “retropopulista” “Su gobierno es un simulacro”, “Vacunación usada a favor del gobierno”. En este escenario, en un momento R. Anaya alude a cómo se extraña “la capacidad de dialogar” (extrañar alude a algo que existió, pero no aclara de la historia reciente con quién ¿con Fox, Calderón, Peña Nieto, Salinas, Zedillo?)

Méritos aparte, hay puntos de tensión planteados por Bartra que exigen atención:

1) Alude al avance político de Andrés Manuel López Obrador, que se trata de “un intento de regresar al viejo nacionalismo revolucionario, autoritario y extremadamente corrupto″, lo que acompaña con el argumento de que en las elecciones de 2018 se canalizaron entre 8 y 10 millones de votos (sin aportar evidencia empírica, a la par de que entre ocho y diez millones hay una diferencia sustancial) para el triunfo de AMLO –lo que deja como tarea a explicar por sociólogos y expertos en estadística electoral-. Bartra pensaba (lo mismo Belaunzarán, lo reconoció en el webinar), que AMLO no iba a ganar en 2018, lo que pone sobre la mesa varios hechos encadenados que no fueron considerados por nuestro autor: en la elección de 2000, para la gubernatura de la Ciudad de México, AMLO ganó con el 37,75% de la votación, por encima de Santiago Creel, por más de 3 puntos, en un contexto de gran votación y euforia por V. Fox (43,65%), en un contagio que inundó al país, excepto a la Ciudad de México. Años después, el desafuero y la respuesta colectiva, un apoyo popular masivo, que obligó a Fox a recular. No puede escindirse esta experiencia, como un factor que ayuda a comprender la coyuntura. Otro detalle: la pequeña diferencia en 2006 era tan pequeña que no la vio nuestro autor -35,91% de los votos para Felipe Calderón, 35,29% para López Obrador, lo que hace una diferencia de 0,62%-, como tampoco se percató de la presencia de las corporaciones y el modelaje de E. Peña Nieto (EPN) en 2012. A. Gamboa comentaba sobre esto: EPN ”fue construido cuidadosamente como personaje político durante seis años de promoción continua por el conglomerado de medios Televisa, con la complacencia y colaboración de la oligarquía mediática mexicana”.

Incluso, revisando las encuestas más cercanas a la jornada electoral del 2018, se hablaba de una ventaja de AMLO de hasta 32 puntos porcentuales; Parametría ubicaba a AMLO con 45% de la votación; por su parte, El Financiero y Reforma lo situaban por encima del 50%. El margen de error en ningún momento era un problema en el cambio de preferencias.

Con este conjunto de evidencias, tomando prestadas las palabras de Anaya sobre Bartra como “pensador total”, ¿en qué parte del análisis se ubicaron los hechos descritos?

2. Pero, indica Bartra, AMLO “no solo ganó, sino que arrasó […] se debe en buena medida a que el Gobierno priista de Peña Nieto auspició ese triunfo”, reduciéndolo todo a la política como manipulación y correlato de la acción de las élites: “Hay tres elementos claros al respecto: primero, el PRI lanzó un candidato, José Antonio Meade, que desde el comienzo se podía ver que era un perdedor nato; en segundo lugar, descalificó con una denuncia penal al contendiente más fuerte de López Obrador, Ricardo Anaya, del PAN, que después ha resultado que no tenía ninguna base; y en tercer lugar, diferentes instancias del PRI canalizaron la votación hacia López Obrador a través de diferentes sindicatos y gobernadores” (https://elpais.com/mexico/2021-03-28/roger-bartra-lopez-obrador-es-un-po...). En la misma entrevista, pero diferente fuente, se le atribuía a Bartra que “El PRI y el gobierno de Peña Nieto, canalizaron muchos millones de votos hacia López Obrador, porque, de alguna manera, les pareció, ya hacia el final, la opción menos dañina para ellos” (https://www.eleconomista.com.mx/politica/Elecciones-de-2021-cruciales-pa...). En la presentación del libro, Bartra volvió a comentar esto, es decir, lo cree firmemente, aunque no se da una explicación de manera convincente. Pero en las necedades, vale la pregunta: ¿millones de votos?

Veamos esto con los datos en la mano. El padrón electoral en 2018 era de 89 millones 123 mil 355 miembros. Votaron 56 millones 611 mil 027 personas, es decir, del padrón votó un poco más de 63%. SI enfocamos la votación oficial registrada a AMLO, obtuvo 30 millones 113 mil 483 votos. Hagamos un ejercicio simple: 8 millones de votos, uno de los datos que proporcionó Bartra, implicaría un 26,6% de la votación total obtenida por AMLO; si hacemos el ejercicio con 10 millones, crecería a 33,2%. ¿Puede sostener Bartra su argumento sobre los supuestos millones de votos encauzados a AMLO o es una afirmación temeraria?

El libro de Roger Bartra es el primero que se presenta en la plataforma Sí por México, se afirmó con orgullo en el webinar de la presentación (https://en-gb.facebook.com/SiPorMx/videos/285343553259434/?comment_id=28...). No son hechos menores ni el libro ni la plataforma en que se presentó, por lo que es pertinente resaltar la importancia del texto y, no menor, del contexto, si ponemos atención de que Sí por México es una organización de organizaciones, con una base material central en las experiencias, tradiciones y liderazgos de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y en organizaciones que se decantaron de la organización empresarial. En este contexto adquiere relieve lo apuntado por G. Guevara Niebla, al resaltar la dificultad de incorporar el problema de la democracia en la izquierda, y hablando de democracia, preguntó (y reinó el silencio), ¿qué tan democrático es Sí por México?

Sí por México es una plataforma con mecanismos horizontales para la construcción de la agenda y la toma de decisiones, así la presentan. Empero, no es policéntrica. En las preguntas incisivas en la entrevista de Eduardo Ruiz Healy a voceros de Sí por México (https://www.youtube.com/watch?v=obAuUs00CyE), estos últimos no acertaron en definir su metodología, la construcción y negociación de los procesos de toma de decisiones, cómo se define la centralidad de la agenda, las formas de trabajo para la discusión colectiva y eventualmente de consensos; el encadenamiento de las propuestas, su operacionalización en la vida interna de las organizaciones; si hay organizaciones que por su tamaño y experiencia pueda gravitar más, no en términos jerárquicos pero sí de “influencia”, de esto nada, a lo más sesgos.

Mirando la capacidad y la presencia pública de Sí por México, como acción colectiva sincronizada en prensa, radio, webinars, redes, se puede recurrir a la metáfora de la “universidad invisible”, una red que articula lo personal y lo intelectual, que permite y facilita que sus miembros conozcan el sentido de lo que se va a publicar antes de que se hagan públicos los productos del trabajo para su exposición pública, lo que permite que se hable de “un modelo orquestal de la comunicación, por oposición al «modelo telegráfico». Incluso, se puede especular en la presencia de una mesa editorial, que tiene como propósito central erosionar la capacidad política de AMLO y las fuerzas políticas que le acompañan, en particular blindando al INE, alentando la confrontación del poder judicial “versus” el ejecutivo e influyendo en el problema de la sobrerrepresentación. El libro de Bartra no es el segundo violín en esta puesta orquestal.

Revisando, entre otros materiales, los vídeos de Beatriz Pagés Llergo –activa en su militancia en Sí por México-, así como los espacios editoriales en donde se ha abordado el relieve de la organización de organizaciones, destaca la presencia creciente en el espacio público y el acto simbólico tan importante donde la representación de los tres partidos aliados aceptaron la estafeta de Sí por México para avanzar, con este sustento, en “Va por México”. En ese guiño del encapsulamiento de organizaciones participaron activamente Claudio X. González y Gustavo de Hoyos, prominentes empresarios, ex titulares en la Confederación Patronal de la República Mexicana y, sin matices, claramente enemigos de Andrés Manuel López Obrador. Hoyos lastimeramente decía, en otra situación, similar contexto, “nos quieren llevar al comunismo”, una narrativa similar a la de Frenaaa (¿casualidades, coqueteos?). cf. https://www.infobae.com/america/mexico/2020/12/23/si-por-mexico-formaliz... y respecto al “Nos quieren llevar al comunismo”, véase https://www.facebook.com/revistaproceso/posts/10159642857157923. No se aleja esto último de la discusión continental en Bolivia, las alianzas para frenar al “populismo” de Arauz-Correa en Ecuador, y en lo último en noticias, la posición de Vargas Llosa apoyando a Fujimori, para que no llegue el comunismo.

Parte de esta discusión, una entre un racimo amplio y plural, se presenta en Antulio Sánchez y Gerardo Vázquez (coords.) en el libro “Elecciones y futuro nacional”, Topodrilo libros, 2021.

 

UAM Xochimilco.
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