Recordamos (y usamos) a Pierre Bourdieu (1990) para pensar nuestro presente: “no podemos hacer una ciencia de las clasificaciones sin hacer una ciencia de la lucha de las clasificaciones ni sin tener en cuenta la posición que en esa lucha por el poder de conocimiento, por el poder mediante el conocimiento, por el monopolio de la violencia simbólica legítima, ocupa cada uno de los agentes o grupos de agentes comprometidos”.
1. Apuntábamos en colaboraciones anteriores que Golda Meir (primera ministra de Israel entre 1969 y 1974) sobre los palestinos decía: “¿Palestinos? No sé lo que es eso”. En general, los estudiantes formados en escuelas judías señalan que la enseñanza cotidiana era que los palestinos no existían, que eran jordanos o egipcios, en concordancia con lo planteado por Golda Meir. Más cercano en nuestro tiempo, Orit Strook, ministra en el gobierno de Israel (ministra de Asentamientos y Misiones Nacionales y líder de los colonos judíos, expertos en el saqueo territorial y el despojo), comenta: “Un pueblo palestino, no existe tal pueblo. Toda persona civilizada del mundo sabe que esta tierra pertenece al pueblo de Israel, y sólo a nosotros”, al fin que como decía en 1917 David Ben Gurion, ‘en un sentido histórico y moral’ Palestina era un país sin habitantes. “Civilizados” en las seis aristas de la estrella”.
Apoyados en Bourdieu, la negación del nombre no es un error histórico: es una estrategia de poder. Al declarar que “no existe tal pueblo”, se realiza un acto performativo que busca despojar al otro de existencia simbólica. Si no hay “pueblo palestino”, no hay sujeto de derechos, no hay memoria, no hay legitimidad territorial. Desde este ángulo, la nominación funciona en dos direcciones: 1) Se niega el nombre “palestino”; 2) Se monopoliza el nombre “Israel” como único sujeto legítimo.
¡Quien define quién existe y quién no, domina el campo simbólico! Y en el campo político, dominar el campo simbólico es precondición de dominar el territorio. La negación de la existencia palestina como acto de dominación simbólica. Aquí la nominación opera por supresión del nombre: negar el término es negar al sujeto histórico.
2. Decantado de esta operación, y habiendo consultado a través de testimonios que en las escuelas judías se aplica este modelo, se puede afirmar que en la formación ideológica se presenta el exterminio desde la nominación temprana. No es un abuso conceptual señalar que el modelo de exterminio racial arranca desde la leche materna, la inoculación del odio al pueblo palestino, a su historia, a que simplemente existe.
De nuevo nos apoyamos en Bourdieu. Aquí la nominación se vuelve habitus. No se trata sólo de un discurso oficial, sino de una pedagogía cotidiana que enseña que el otro no existe o no tiene legitimidad. Si la población infantil judía aprende en sus escuelas que los palestinos “no existen” o que son “jordanos o egipcios”, entonces el acto de nombrar ya fue resuelto antes del conflicto político. Se produce una naturalización.
Dominar es lograr que una clasificación arbitraria parezca natural. En términos bourdianos: el poder simbólico es eficaz cuando no se percibe como poder. Nombrar -o borrar el nombre- desde la infancia es una forma profunda de dominación estructural.
3. El British Museum: la disputa por el nombre como disputa por la historia (El País, 16 de febrero 2026). Aquí el caso es paradigmático. UK Lawyers For Israel protestó ante la impresión de “continuidad histórica” con el uso del término Palestina. Indican: “Al otorgar un solo nombre -Palestina- retrospectivamente a toda la región, a lo largo de miles de años, se logra eliminar los cambios históricos y se crea una falsa impresión de continuidad”. El museo reconoce ahora que el término ha perdido su neutralidad histórica y ha pasado a convertirse en una referencia política cargada de simbolismo. Con esto el Museo toma partido. Desde el argumento logocéntrico de lo museístico, se trata de una narrativa que genera una posición en este caso favorable a la hegemonía judía.
El museo es una institución con capital simbólico global. Cuando una institución de ese peso decide retirar el término “Palestina”, está redefiniendo la legitimidad histórica. La clave está en la acusación de “falsa continuidad”. Lo que se disputa no es una palabra, sino el derecho a inscribir el pasado bajo un nombre.
Nominar una región como “Palestina” -producto concreto de la presencia histórica de la población palestina en el territorio- implica reconocer una continuidad histórica. Retirar el nombre implica desarticular esa continuidad, violentar el conocimiento acumulado. No es postura ingenua. Quien logra imponer la categoría legítima en el campo cultural internacional domina el relato histórico. Aquí se ve con claridad la lucha por la autoridad de nombrar el pasado.
Por cierto, en esta lucha que atraviesa el mundo, se señala en la fuente periodística que “A las pocas horas de que los medios dieran cuenta de los cambios adoptados por el museo, miles de personas han firmado ya en una petición de la página web Change.Org para que se revierta la decisión”.
4. “Propiedad del Estado”: la nominación jurídica como apropiación territorial (febrero 2026). Al registrar partes de Cisjordania como “propiedad del Estado”, el proceso de despojo y apropiación se legitima. Un territorio en disputa militar y jurídica, lo que genera inestabilidad para la realización de cualquier tipo de trámites -producto de la ocupación y la ruptura de la cotidianidad-, y, además, frente a qué instancias. Pero el gobierno de Israel (y sus aliados), plantean que cualquier tierra sobre la que los palestinos no puedan demostrar la propiedad “de acuerdo con los estrictos requisitos requeridos por Israel”, “será declarada como ‘estatal’”. La bayoneta soportando la norma jurídica unilateral. Ya desenfrenados, Smotrich ha propuesto anexionar el 85% de Cisjordania siguiendo el lema de “máximo territorio, mínimos árabes”. Zvi Sukkot, del partido que lidera Smotrich (Sionismo Religioso), dejó clara su visión: “No existe el legado palestino. Lo que hay es un legado judío que data de miles de años y es nuestra responsabilidad protegerlo”.
De nuevo, acudiendo a Bourdieu, aquí la nominación no es sólo simbólica, sino administrativa. El acto de registrar como “propiedad del Estado” transforma la realidad material. Nombrar un territorio como “estatal”: 1) borra la propiedad palestina; 2) redefine la relación jurídica; 3) convierte la ocupación en legalidad. En otras palabras, el poder de nominación se vuelve poder de clasificación legal. Y quien controla las categorías jurídicas controla la estructura del mundo social. Ya no se aludirá a la anexión y el despojo, sino a -elegantemente dicho-, la redefinición semántica del estatus territorial.
5. “Soberanía”, “Legado”, “recuperación”: la resemantización del dominio. Aparte de la metralla convencional, los usos de equipo militar que emulan los hornos crematorios, producto de los usos de la tecnología de EEUU e Israel, en la experiencia nazi. En Público, 11 de febrero de 2026, citamos ampliamente, se señala sobre el uso de bombas que creman los cuerpos: “tras ‘una búsqueda exhaustiva’, los forenses solo han encontrado algunos rastros biológicos -como sangre o tejidos corporales- de las personas que debían haber muerto en el lugar del ataque, las contabilizan como carbonizadas.
De acuerdo a la información recogida por la investigación, este fenómeno es fruto de bombas térmicas o termobáricas, capaces de ‘generar temperaturas superiores a 3.500°C’. Es decir, aproximadamente tres veces más que un horno crematorio.
A esta temperatura, el tejido humano ‘se vaporiza’ y se convierte ‘en cenizas’, afirma a Al Jazeera Munir Al Bursh, médico y director general del Ministerio de Salud palestino en Gaza. Este nivel de destrucción es la razón por la que el derecho internacional prohíbe el uso de este y otros tipos de bombas de forma indiscriminada […] Así son las bombas
Una bomba térmica es aquella cuya composición ‘dispersa una nube de combustible que, al encenderse, crea una enorme bola de fuego y un efecto vacío’, explica el experto militar, Vasili Fatigarov, a los periodistas de Al Jazeera. Por ello, estas bombas también son conocidas como ‘de vacío’ o ‘de aerosol’. Para lograr este efecto, al TNT de la munición convencional se le añaden compuestos químicos, como polvos de aluminio, que elevan la temperatura de la explosión y prolongan el tiempo de combustión”.
Este último punto condensa la ofensiva sionista hacia el pueblo palestino, en sus múltiples sentidos, argumentando que “no existen”, no hay continuidad histórica, el despojo se sustenta en lo jurídico, tienden en los hechos a la desaparición del pueblo palestino. Desde la perspectiva sionista, “La soberanía no es una declaración. Es una acción”. “No existe el legado palestino. Lo que hay es un legado judío que data de miles de años”. Lo que domina es el lema de “máximo territorio, mínimos árabes”.
Abrimos nuestra colaboración con la reflexión de P. Bourdieu. Siguiendo esta veta, pongamos atención en “la lucha de las clasificaciones”, ubicando a una parte de los “agentes comprometidos”: “ocupación” se transforma en “soberanía”. “Anexión” se transforma en “registro”. “Expropiación” se transforma en “regularización”. “Borrado histórico” se transforma en “corrección terminológica”; “Expansión colonial” se transforma en “recuperación”. En esta historia maniquea, la nominación no describe la realidad: la produce. Cuando se impone la palabra “soberanía” en lugar de “ocupación”, se reconfigura el campo de lo pensable. Así, el dominado aparece como ilegítimo; el dominante como restaurador de un orden natural. Sí, negar el nombre “palestino” es negar su existencia. Retirar “Palestina” del museo es reescribir la historia, más allá de la tensión presente y del futuro del litigio. Nombrar tierras como “estatales” es apropiarlas, despojo llano. Hablar de “soberanía” y “legado” es naturalizar anexión. Reemplazar “exterminio” por “recuperación” es invisibilizar la violencia (por ejemplo, esa que invisibiliza los cuerpos, reduciéndolos a mechones de pelo, sangre en las paredes, jiirones de piel). ¡Todo esto bajo la consigna de que el que nomina, domina!
PS. Palestina Libre, No a la ocupación
(UAM) alexpinosa@hotmail.com

