Violencia, comunidad y pandemia

Alejandro Encinas

Hay dos grandes retos: reconstruir el tejido familiar y social y fortalecer la cultura comunitaria

En este espacio he dado cuenta de los impactos negativos durante el confinamiento en la convivencia familiar, el incremento de la violencia en los hogares, particularmente contra mujeres, niñas y niños, así como del incremento en los abusos sexuales ocasionados, en su mayor parte, por personas integrantes o cercanas al núcleo familiar.

Fenómeno que se ratifica con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana publicada por el Inegi en septiembre pasado, donde se observa cómo la violencia permeó en los hogares y en la vida comunitaria y cómo impacta de manera diferenciada por género. 7.2% de las mujeres fueron violentadas, mientras que en hombres fue de 5.4 %. Además, 69% de las mujeres entrevistadas perciben mayor inseguridad que los hombres (58.8%).

La encuesta arrojó que 7.5% de los hogares experimentó alguna situación de violencia entre enero y septiembre de 2021. Y que 6.4% de la población de 18 años y más fue violentada en el ámbito del hogar.

Este escenario de violencia se refleja también en la vida cotidiana de nuestras ciudades. 53.4% manifestó que durante el tercer trimestre de 2021 modificó sus hábitos respecto a “llevar cosas de valor como joyas, dinero o tarjetas de crédito” por temor a sufrir algún delito; mientras que 46.4% reconoció haber cambiado hábitos respecto a “caminar por los alrededores de su vivienda, pasadas las ocho de la noche”; 44.4% cambió rutinas en cuanto a “permitir que sus hijos menores salgan de su vivienda” y 30.5% cambió rutinas relacionadas con “visitar parientes o amigos”.

Los resultados de la encuesta develan los impactos en nuestra vida comunitaria: 30.4% de la población de 18 años y más tuvo de manera directa algún conflicto o enfrentamiento con familiares, vecinos, compañeros de trabajo o escuela, establecimientos o con autoridades de gobierno.

La población entrevistada reconoció haber tenido conflictos o enfrentamientos de manera directa por causa de incivilidades en su entorno, 73.3% mencionó que estos conflictos se dieron con los vecinos, mientras que 28% manifestó haber tenido conflictos o enfrentamientos con desconocidos en la calle.

De la población que tuvo conflictos o enfrentamientos en su vida cotidiana 15.3% fue por ruido, 13.0% fue por basura tirada o quemada por sus vecinos, 11.6% por problemas de estacionamiento, 10.8% por problemas relacionados con animales domésticos y 7.4% por chismes o malos entendidos.

El 60.2% de la población adulta encuestada mencionó haber visto o escuchado el consumo de alcohol en las calles; el 53.4% robos o asaltos, el 42.7% vandalismo en las viviendas o negocios, 38.5% venta o consumo de drogas, 37.6% disparos frecuentes con armas, 26.7% bandas violentas o pandillerismo, 15.3% tomas irregulares de luz y 3.8% robo o venta ilegal de combustibles.

Pese a todo, se registra una ligera caída en la percepción de inseguridad de las personas entrevistadas, 64.5% de la población mayor de 18 años considera que es inseguro vivir en su ciudad, en tanto que en septiembre de 2020 el porcentaje alcanzaba el 67.8% y en junio de 2021 el 66.6%.

Cabe destacar que la percepción de inseguridad pública a nivel nacional ha disminuido en un 10.4%, respecto a septiembre de 2018 (74.9%) y septiembre de 2021 (64.5%). Al revisar los datos referentes al primer trimestre de 2020 (73.4%) respecto al tercer trimestre del mismo año (64.5%), se observa una disminución en la percepción de inseguridad del 5.6%.

Los resultados de esta encuesta plantean dos grandes retos al gobierno y a la sociedad: reconstruir el tejido familiar y social y fortalecer la cultura comunitaria, a fin de resarcir las heridas creadas, más allá de la crisis sanitaria, para replantear la convivencia en una nueva normalidad.

Subsecretario de Derechos, Humanos, Población y Migración

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