El viernes pasado se realizó el acto de reconocimiento y reivindicación a la familia Arce por la lamentable desaparición de Silvia Arce y de Griselda Mata ocurrido en Ciudad Juárez 11 de marzo de 1998, cuando salieron de su centro de trabajo y no se supo más de ellas. Su desaparición se dio en un contexto de violencia de género en contra de las mujeres en esta ciudad, alimentado por estereotipos de género que erróneamente asignan un rol de inferioridad a las mujeres, y que repercute en el ejercicio de sus derechos.

Después de 24 años de lucha, se ofreció una disculpa pública y reconocimiento de responsabilidad, a su madre Evangelina Arce, a sus hijos y familiares, en Campo Algodonero, un lugar doloroso y emblemático, cuya historia nos remite a la primera sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en incorporar la perspectiva de género, y que ha sido un parteaguas en la lucha contra la violencia hacia las mujeres en nuestro país, pues puso en evidencia la violencia sistemática que sufren las mujeres por el solo hecho de serlo, y que mostró la complicidad de las instituciones, la corrupción y la impunidad de quienes deberían de procurar e impartir justicia.

Tras años de negación y encubrimiento por parte de gobiernos anteriores, hoy el Estado mexicano reconoce y trabaja por el respeto de los derechos humanos reconocidos por la CIDH, relativos al reconocimiento de la personalidad jurídica, a la vida, a la integridad personal, a la libertad personal, a las garantías judiciales y protección judicial, así como con la obligación del Estado de prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer.

La sentencia es resultado de la lucha de la que madres, como Eva Arce, son pioneras y que hoy está más viva que nunca en México y América Latina, como lo atestiguamos el pasado martes 8 de marzo cuando las calles de las ciudades de nuestro país se inundaron de legítima indignación en la lucha por erradicar la violencia contra las mujeres.

Gracias a la lucha incansable de miles de madres y familias por la búsqueda y dignificación de sus hijas, se logró que ahora toda desaparición de una niña o mujer debe tener siempre como una línea de búsqueda e investigación la posibilidad de que esté vinculada a la violencia de género, sexual, familiar o con fines de trata, feminicidio o transfeminicidio o cualquier otra razón que esté vinculada de manera diferenciada por su condición de ser mujeres.

Mujeres que, como Evangelina Arce abrieron brecha a la valiente exigencia de niñas y jóvenes que reclaman lo más elemental: vivir plenamente y sin temor. Gozar de una vida libre y sin violencia, por la igualdad y la justicia. Por el fin de la violencia laboral, psicológica, económica, institucional y familiar. Porque se erradique la violencia sexual y se rompa la protección y la impunidad a los perpetradores. Porque dejen de desaparecer niñas, jóvenes y mujeres. Y, sobre todo, ha significado la lucha por acabar con la expresión extrema de la violencia contra las mujeres: los feminicidios.

La violencia en contra de las mujeres representa un profundo problema social y es uno de los mayores retos que enfrentamos como sociedad y Estado. No se trata sólo de cumplir las recomendaciones internacionales sino de cambiar la realidad que viven. Transformar la cultura que normaliza esta violencia y hacer un mundo más igualitario, sin discriminación en donde todas las niñas y mujeres puedan desarrollarse libres y sin miedo.

Subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración

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