Rosario

Alejandro Encinas

No puede entenderse la lucha por la verdad sin reconocer las aportaciones de doña Rosario

Rosario Ibarra de Piedra es una mujer emblemática en la lucha por el respeto a los derechos humanos y las libertades políticas. Una mujer de profundos valores y convicciones éticas. Su enorme corazón no sólo abrigó la lucha incansable por la presentación de su hijo desparecido, sino la de todas las personas que sufrieron la represión en uno de los momentos más deleznables de nuestra historia. Rosario será recordada por su impecable trayectoria política.

Más allá de su lucha como madre, fue una protagonista destacada en los cambios políticos de nuestro país, encabezando la lucha por la liberación de presos políticos, al no cejar en la búsqueda de la verdad y la justicia para las víctimas de la Guerra Sucia, y al participar como primera mujer candidata a la presidencia de la república y desde diferentes espacios legislativos.

Mujer indómita, dio voz a las personas a quienes un sistema autoritario pretendía mantener acalladas. En 1978, fundó el Comité Pro-Defensa de Presos Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos y el 28 de agosto de ese año, instaló una huelga de hambre frente a la Catedral Metropolitana, por la aparición con vida de los desaparecidos y la libertad de los presos políticos, la cual fue secundada por presos políticos de Nuevo León, Sinaloa, Oaxaca, Guerrero y el Distrito Federal.

A 10 años de la represión del 68 tomó el zócalo capitalino que había sido proscrito por Díaz Ordaz para las manifestaciones políticas. Su valentía y coraje posicionó el tema de los desaparecidos y presos políticos a nivel mundial y logró el acercamiento de las organizaciones sociales a la lucha por la verdad y la justicia.

Promovió la Ley de Amnistía que José López Portillo anunció el 1 de septiembre de 1978, un día después de amenazar a las madres para que levantaran su huelga de hambre. La amnistía logró la liberación de mil 500 personas presas por motivos políticos, el desistimiento de persecución judicial de al menos 2 mil procesos abiertos, el regreso del exilio de 57 personas, y la presentación de al menos 148 personas de una lista de más de 600 desaparecidos.

Abrió la lucha política a la ciudadanía cobijada por una sociedad civil incipiente pero politizada. Unificó a 54 organizaciones en el Frente Nacional Contra la Represión donde comenzó una ardua lucha por los derechos humanos y que dio segumiento a la liberación de presos políticos hasta los años 80.

Bajo la consigna de ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! logró agrietar el aparato contrainsurgente consolidado en los años 60, que en 2002 tuvo su primera fractura con la creación de la FEMOSPP la cual llevó a prisión a Miguel Nazar Haro por la desaparición de Jesús Piedra Ibarra. Si bien esta detención duró solo dos años, representó una victoria para el movimiento, pues por primera vez se ponía en el banquillo de los acusados a uno de los principales perpetradores de los crímenes de lesa humanidad realizados en México.

El Estado mantuvo un estrecho seguimiento de sus actividades a través de la Dirección Federal de Seguridad, cuyo archivo de inteligencia alcanza 9 volúmenes que describen su quehacer desde los inicios de su lucha por la presentación de Jesús Piedra Ibarra hasta su primera candidatura a la presidencia en 1982.

En 2006, a 28 años de esa primera huelga de hambre, participó en el plantón contra el fraude electoral y representó al movimiento de resistencia civil pacífica en el grito de la independencia, tras la salida obligada de Vicente Fox a Guanajuato.

La semilla que sembró en miles de personas abrió puerta a la democracia. No puede entenderse la lucha por la verdad, la memoria, la justicia y la no repetición hoy, sin reconocer las aportaciones que Doña Rosario impulsó desde diversos frentes, cuyo compromiso por un mundo más justo sigue vigente. Hasta siempre Rosario.

 

Subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración

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