En Iron Man 3 (Black, 2013), una de las peores películas del MCU (y miren que hay mucho de dónde elegir), el guion a cargo de Drew Pierce (Mission Impossible: Rogue Nation) y del propio director, Shane Black (Kiss Kiss, Bang Bang, The Nice Guys) comete uno de los peores gazapos de toda la filmografía de los superhéroes de Marvel: el tan esperado villano The Mandarin, archienemigo de Iron Man en los cómics, es reducido aquí a un chiste.
Interpretado por Sir Ben Kingsley, el Mandarín de esta cinta inicia como un temible terrorista que manda mensajes amenazantes por televisión (especie de remedo de Bin Laden), pero que en un giro inesperado y absurdo, resulta que no es un terrorista sino un actor, un pobre diablo al que alguien le pagó para hacer los famosos videos y servir como fachada del verdadero villano de la cinta.
La “broma” en realidad no le gustó a nadie (bueno, tal vez a Sir Ben Kinsley) y no por nada aquella fue la última película de Iron Man en solitario, aunque al final de cuentas, el excéntrico Tony Stark se convirtió en el personaje central del MCU.
Trece años después, los guionistas de Marvel vuelven a atacar, y traen del olvido al infame Mandarín, o más bien al actor que lo interpretaba, Trevor Slattery (de nueva cuenta un impecable Ben Kingsley) esta vez para contar una historia donde los superhéroes quedan relegados a segundo plano.
La serie se llama Wonder Man, y es, sin duda alguna, lo mejor que ha hecho Marvel en la televisión.
Los Ángeles, tiempo actual. Simon (Yahya Abdul-Mateen II) es un actor, hijo de inmigrantes haitianos, que luego de muchos intentos finalmente consigue un papel secundario en una serie importante: American Horror Story. Fiel a sus obsesiones, Simon se presenta al set no solo con sus diálogos perfectamente memorizados, sino con una decena de sugerencias a la directora sobre el guión, su personaje y hasta sobre los elementos de utilería. Tanta intensidad resulta contraproducente ya que con esto solo consigue que lo corran de la serie.
Triste, Simon acude a un viejo cine a ver un clásico, Midnight Cowboy (Schlesinger, 1969). Ahí conoce a Trevor, el famoso “Mandarín” de Iron Man 3, quien ha cumplido su condena y ahora es un bon vivant arruinado y sobrio, pero con una carrera envidiable como actor. La pasión por la actuación, y a lo mejor un poco el destino (o tal vez algo más), une a estos nuevos amigos cuando ambos coinciden en una audición muy importante: resulta que están buscando a los dos protagonistas para la película de Wonder Man, remake de una vieja película ochentera sobre el superhéroe del mismo nombre, que era el favorito de la infancia de Simon.
Sucede en la vida real y al parecer sucede también en el MCU: protagonizar una película de superhéroes te cambia la vida, por lo que veremos a estos dos nuevos mejores amigos dar su mejor actuación para impresionar al director de la cinta, un excéntrico ganador de Oscars con acento extranjero (Zlatko Buric).
Desafiando todas las reglas autoimpuestas, Wonder Man es una cinta de género que deja a los superhéroes en segundo plano. Una buddy comedy con todas las de la ley (protagónicos carismáticos y entrañables, humor, y no pocos giros de tuerca). Todo lo anterior con una La La Land de fondo, e incontables guiños cinéfilos que bien podrían hacer de esta la serie favorita de aquellos que aman el cine pero odian a los superhéroes.
Creada por Destin Daniel Cretton (director de Chang Chi, 2021) y Andrew Guest (guionista de Community y Brooklyn Nine-Nine), Wonder Man es una mezcla donde conviven la muy reciente The Studio (la serie de Apple Tv sobre los entretelones del Hollywood angelino), un poco de Birdman (Iñárritu, 2014), La La Land (Chazelle, 2016) e incluso me atrevo a decir que una pizca de Watchmen -el de Alan Moore, claro-, ya que en el fondo la serie se hace la misma pregunta que aquel mítico cómic: ¿cómo sería el mundo si los superhéroes realmente existieran?
Wonder Man no es el típico producto Marvel: no hay escenas post-créditos, no hay la típica servidumbre argumental de todos los proyectos de la marca, no está ubicada en la encrucijada multiversal del nuevo villano del momento, y prácticamente no tiene superhéroes a cuadro. No es una pieza más de un rompecabezas infinito. Wonder Man es una historia de dos tipos, dos “everyman” que viven en un mundo idéntico al nuestro pero donde los héroes de Marvel existen, aunque brillan por su ausencia.
Por supuesto, en algún momento los super poderes saldrán irremediablemente a cuadro, pero en el inter ya nos habremos involucrado emocionalmente con estos dos personajes entrañables, cuyo futuro nos importa mucho más que si regresa Tahos, que si llega Doctor Doom, o que si ahí vienen los X Men.
El espíritu de uno de los mejores cómics de Marvel está presente: Marvels (Kurt Busiek, Alex Ross, 1994), la historia de un hombre común que ve a nivel calle cómo estos dioses que vuelan, invocan rayos, se columpian, o se vuelven moles imparables de color verde que destruyen todo a su alrededor.
La “fatiga” que provoca el cine Marvel finalmente tiene una cura: voltear a ver al hombre común, y dejar un poco de lado a los dioses de spandex.

