Al inicio de Te nombré en el silencio (México, 2021) -ópera prima documental de José María Espinosa de los Monteros- vemos a la indomable lideresa de las llamadas Rastreadoras de el Fuerte, Mirna Nereida Medina, rascando la tierra del norte sinaloense con sus propias manos a la vez que rompe en llanto: ha encontrado, luego de tres años de búsqueda, algunos restos de su hijo, Roberto Corrales, desaparecido en 2014.
Una epígrafe al comienzo de la cinta aclara la circunstancia de estas mujeres (que no es sino la circunstancia del país mismo): en México el estado no busca a los desaparecidos, son las familias quienes con sus recursos e incluso su propia tecnología, salen a rasgar la tierra en busca de “sus tesoros”, así es como ellas le llaman a aquel familiar del que ya nunca se supo nada y que las autoridades no quieren buscar, ya sea por indolencia, por ineptitud, complicidad o todas la anteriores.
Estamos frente a uno de esos documentales que -como bien dice la propia Mirna- sirve para romper la burbuja en la que nos encontramos la mayoría de los mexicanos: distantes de una verdad lacerante y cruel, con un estado fallido que no solo es incapaz de salvaguardar la vida de su población, sino que tampoco le importa siquiera recuperar los cuerpos y mucho menos hacer justicia.
Hasta aquí no habría nada extraordinario (aunque sí mucho de importante) en este documental, pero lo que hace de Te nombré en el silencio un trabajo notable, es que si bien se trata de una denuncia, al director no le interesa poner al centro el drama o la estadística, solo deja que las mujeres y sus historias sean el eje de su relato.
El documental no pierde el tiempo mentándole la madre al gobierno, o entristeciéndonos con las cifras (apenas lanza un dato: desde la famosa ‘Guerra contra el Narco’ han desaparecido al menos 80,000 personas). En cambio, el cineasta se rinde ante la alegre y apasionante lucha de de estas mujeres que si bien en algún momento se doblan en repentino llanto, también se muestran joviales, entronas, empoderadas con el simple hecho de ir todos los días a la oficina/cuartel de las Rastreadoras para seguir trabajando por la memoria de sus hijos, familiares y demás desaparecidos de este país.
Así, la estupenda cámara de José Daniel Zúñiga no se despega de ellas mientras rasgan la tierra, clavan varillas (de su propia invención) para “oler” los restos, se reúnen, se toman selfies (“podría ser la última”), bailan con los danzantes en el Zócalo, toman el control del documental (“no te bajes, sigue grabando”), ven al novio (imperdible la sonrisa de Mirna cuando habla de él) y viajan a que las autoridades federales les den el mismo discurso de siempre.
Al final, Te nombre en el silencio es, por supuesto, el testimonio del dolor inimaginable de una madre que ha perdido a sus hijos, pero es también el descubrimiento de una pequeña y alegre luz detrás de su tragedia, que no es sino la tragedia de todos los mexicanos.
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Te nombré en el silencio se exhibirá gratuitamente del 15 al 31 de agosto, en la plataforma de Cinépolis Klic.





