En una entrevista del año 1996, entre el historiador Allan Gregg y el crítico de cine Roger Ebert (1992-2013), este último explica que –según su experiencia– las audiencias al final prefieren a little less, es decir, no buscan la mejor película que puedan ver, sino la más sencilla, asequible y popular, aunque no sea la mejor.
Los responsables tras Super Mario Bros Galaxy The Movie (Estados Unidos-Japón, 2026) parece que entendieron lo que Ebert explicaba en aquella charla: para esta cinta había que ir por lo menos, por lo más sencillo, lo menos arriesgado y que complaciera a todas las audiencias, desde los cuarentones que jugaron el primer Mario hasta los niños que hoy juegan Nintendo Switch.
La única forma de complacer a una audiencia tan amplia es mediante algo que no provoque malestar, que sea inofensivo, como Mario mismo, un personaje carente de personalidad atractiva (para eso estaba Sonic, el de SEGA), pero que en su descargo siempre fue (y sigue siendo) un héroe de la clase trabajadora.
Mario compensa su falta de coolness con una tenacidad inquebrantable. No importa lo que suceda, Mario siempre regresará para intentarlo una y otra vez hasta rescatar a la princesa.
Esa falta de personalidad hace de Mario un activo ideal para los objetivos de esta cinta, que no son el cine sino la mercadotecnia. Luego entonces, era de esperarse que esta película careciera de personalidad, toda vez que su fin último es la promoción de un producto, una marca y una cultura: Nintendo, sus personajes, sus videojuegos y sus parques temáticos.
La trama es nimia (como en los videojuegos): Rosalina (Brie Larson) es oootra princesa (esta con poderes, no como Peaches) que es secuestrada esta vez el hijo de Bowser, quien sigue en “prisión”. La venganza de Bowser Jr. va a lo grande, ha construido una especie de Estrella de la Muerte y por supuesto, pretende acabar con Mario y Luigi quienes, luego de enterarse de este nuevo secuestro, irán a rescatar a la nueva Princesa.
Super Mario Bros. Galaxy palidece como película, pero sin duda es exitosa como activación de marca, aunque incluso en esa arena tampoco es la mejor. Sus pares no son otras cintas de videojuegos sino The Lego Movie (Lord, Miller, 2014): otro promocional de juguetes que no obstante sí tomó riesgos, al grado incluso de la autocrítica y la autoparodia.
Super Mario optó por el no-cine y le funciona. Le da a su público lo que buscaba, que no era sino a little less: nostalgia. No era necesario correr riesgos, solo había que referenciar los juegos y sumar una cantidad bestial de fan service.
Al igual que en los videojuegos de Mario, la trama es lo de menos, lo interesante es el ritmo, las imágenes y el factor de aventura del juego de la película.
En este sentido es de reconocer que hay aspectos donde Galaxy es muy superior a su antecesora: esta vez elevaron el nivel gráfico, con al menos una secuencia que es por demás notable. aquella donde Peaches y Mario están en las catacumbas del castillo de Bowser, esquivando varias trampas de fuego.
Se trata de un nivel clásico de casi todos los juegos de Mario, pero aquí la cámara hace un cambio, francamente maravilloso, para convertirla en una escena 2D, es decir, idéntica a la del juego tradicional del NES.
El fanservice también alcanza nuevos niveles. La inesperada aparición del protagonista de uno de los mejores juegos de combate espacial del Super NES (uno que usaba de un chip llamado Super FX), resulta francamente en el momento más memorable del juego de la película.
Las ganas de complacer a los jugadores cuarentones (como su servidor) va incluso más allá: esperen referencias a cierto robot de la era del NES, a la aparición de un arma que era exclusiva del Super NES, e incluso la inclusión de un personaje de Nintendo de la era de los juegos portátiles previos al GameBoy.
Esto no es cine, es nostalgia pura en forma de mercadotecnia. La estructura apuesta por la duración de un TikTok o de un Short de Youtube: la cinta es una larga secuencia de escenas de acción pegadas mediante un guion débil que va de menos a más (el inicio se torna aburrido y luego agarra la tracción suficiente como para mantener la atención).
Para los niños (había varios en la sala) será hora y media de mucha diversión. Para los adultos será hora y media de nostalgia. Para Nintendo será un gran negocio. Pero no me vengan conque esto es cine, no busca serlo, esto es mercadotecnia, ¿divertida? tal vez, pero hasta en ese terreno la “película” sale fallando.
¿O que ya nadie recuerda The Lego Movie?
Nota: El 90% de esta crítica es exactamente igual a la que hice para Super Mario Bros: The Movie. Si ellos van a seguir entregando la misma película, yo puedo entonces entregar la misma crítica. Por su atención, gracias.

