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Once Upon a TIme in Hollywood, o el autor evolucionado (II)

En su más reciente cinta, Tarantino encuentra la forma de hacer un comentario sobre el Hollywood actual, la crisis del #MeToo y las acusaciones sobre su supuesta misoginia
06/09/2019
01:24
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El misógino, el violento, el cancelado
Once Upon a Time in Hollywood también es la respuesta de Tarantino a las críticas que se han enardecido aún más a partir del movimiento del #MeToo: acusaciones sobre la supuesta misoginia en su cine (y en particular en esta película), sobre la supuesta violencia contra Uma Thurman en el set de Kill Bill, los ánimos cancelatorios contra su carrera y su cine, además del reclamo de siempre: la violencia en sus películas.

El argumento de la supuesta misoginia en esta película se finca en la crítica a la brutal secuencia final donde Cliff Booth (Brad Pitt) le muele la cara a una de las asesinas del clan Manson.

La secuencia en efecto es en exceso sangrienta y gráfica, pero responde a la fantasía de venganza que plantea la película. El coraje que Tarantino siente contra los Manson y la inocencia arrebatada a ese Hollywood que glorifica, es el motor de estas acciones. Es una saña similar con la que mata a Hitler en Inglorious Basterds, es el coraje de alguien cuya única venganza posible ante los hechos que sí sucedieron es la libertad que te da el cine mismo.

Tarantino masacra a un personaje, no a una mujer, pero para entenderlo hay que conocer el contexto. El director asume que el espectador no es tonto, que sabe quién es Manson y sabe de los horribles crímenes que cometieron. Tarantino asume que el público está consciente que la noche del 9 de agosto de 1969, la familia Manson entró a la casa de los Polanski y masacró sin piedad a todos, incluída a Sharon Tate, quien rogó le permitieran vivir al menos para poder tener a su bebé.

Aún así hay quienes defienden a las asesinas dentro de la película. “Son villanas a las que se les masacra por criticar a Hollywood”. Mentira. Pero de nuevo, cada quien ve lo que quiere ver, no lo que está pantalla.

Cómo sostener el argumento de que la película es machista y misógina teniendo una escena como la de Trudi (increíble Julia Butters), la niña actriz de método que le da lecciones de profesionalismo y actuación al viejo Rick Dalton. El duelo verbal entre estos dos dice mucho: la niña no acepta que la llamen “pumpkin”, se molesta por la falta de profesionalismo de Dalton, lo alecciona sobre la búsqueda imposible pero incansable rumbo a lograr siempre la mejor actuación, y cuando él se disculpa por el empujón al suelo que le da al grabar una escena, ella le dice a Rick que no tenga cuidado “yo se caer, y además tengo protectores”: un claro comentario al escándalo sobre la supuesta imprudencia con la que Quentin manejó cierta escena donde Uma Thurman salió herida en la filmación de Kill Bill.

Otra arista más sobre el argumento de la misoginia es el pasado oscuro de Cliff Booth. Durante toda la película se dice que el stuntman mató a su esposa. Tarantino nunca da más prueba sobre el hecho, incluso juega con la noción del rumor cuando muestra una escena donde, a bordo de un yate, la mujer despotrica contra Booth mientras éste abre una cerveza y tiene un arpón en su mano. Jamás vemos si lo usa en contra de ella o no.

Aquí Tarantino parece comentar sobre los rumores que terminan siendo condenas públicas. Woody Allen ha salido avante en tribunales sobre las acusaciones que pendían en su contra, pero el vox populi ya lo condenó como pederasta. Lo mismo pasa con Booth, el vox populi lo condena por ser un asesino de mujeres. No hacen falta pruebas, no importan los juicios frente a un juez: si el rumor lo dicta, entonces es verdad. Tarantino comenta así es estado actual de Hollywood, donde la condena pública siempre es más tajante que cualquier proceso de ley.

“Matar a los que nos enseñaron a matar”
Pero quizá el momento donde la crítica de Tarantino al Hollywood contemporáneo se vuelve más cáustica es en la escena donde los asesinos se dan cuenta que la persona que los acaba de correr Cielo Drive es Rick Dalton, aquel viejo actor que veían en la televisión cuando eran unos niños.

“Hay que matar al que nos enseñó a matar” afirman los jóvenes justo antes de salir del carro y enfilarse a cumplir su objetivo. La secuencia debe entenderse en al menos dos vías: un comentario sobre el cansado argumento de que la violencia en en el entretenimiento produce asesinos. En esta caso, ver westerns en la televisión no hizo de esos jóvenes unos asesinos; el fanatismo, en cambio, es lo que los convirtió en leyendas del crimen.

La frase “matar lo que nos enseñó a matar” encierra otra posibilidad todavía más interesante. Aquel enunciado que parece grito de guerra es también el resumen de la “ola canceladora” donde ante la reprobación popular sobre los dichos o acciones de un artista, se llama a cancelarlo, a no consumirlo, a erradicarlo de la historia.

Si algo nos enseñó Kubrick y su Naranja Mecánica (1971) es que “matar a los que nos enseñaron a matar” no es una opción. La llamada “cancelación” no sólo es una tontería, sino que resulta imposible en estos tiempos hiperconectados.

Magnum Opus
Once Upon a Time in Hollywood es, sin duda, una de las tres mejores películas en la filmografía de Quentin Tarantino. Y lo es porque, sin abandonar sus temas habituales pero cambiando de herramientas, habla del único que tema que le importa: el cine, y lo hace con brío, elegancia y sumo respeto.

Parafraseando una frase de Roger Ebert, se trata de una apasionada película que viene de un director apasionado.

Alejandro Alemán
Crítico de cine con 9 años de experiencia profesional. Ha colaborado en revistas y periódicos como 24 Horas, Newsweek, Chilango, Quién, Esquire, Cambio, entre otros.