Leona: valiente coming-of age

Alejandro Alemán

Con dos años de retraso, finalmente llega a salas Leona, una de las cintas más interesantes que pudimos ver en su momento en el festival de Morelia.

La ópera prima del cineasta mexicano Isaac Cherem es un valiente retrato sobre la comunidad judía en México. Es un filme profundamente personal donde el director hace una dura crítica a una de las costumbres más conservadoras en la cultura judía: aquella que prohíbe entablar relaciones amorosas con personas que no pertenecen a la comunidad, los llamados “goy”.

Leona es la historia de Ariela (perfecta Naian González Norvind), una joven muralista y de espíritu libre en contraste con su muy tradicional familia judía. Ella ve con ojos distantes algunos de los ritos más celebrados en el judaísmo, como el hecho de que sus amigas estánemocionadas con finalmente casarse cumpliendo, claro, todas las normas que la sociedad les exige.

En medio del desencanto, Ariela conoce a Iván (un muy solvente Christian Vázquez), un joven no judío con el que empieza a salir. Iván poco a poco le va a mostrando un mundo diferente al que ella está acostumbrada, la lleva a lugares de la CDMX que no conoce (la ciudad es otro personaje inherente en la cinta) y le da a probar comida (tacos al pastor) que por su cultura y costumbres no debería probar.

Claro, el rechazo de su familia es inmediato, por lo que habrá que esperar las represalias correspondientes contra esta relación que a ojos de los más adultos simplemente no puede ser.

Escrita por el mismo director junto con su protagonista, Naian González Norvind, la cinta explora las dinámicas extremadamente conservadoras de la comunidad judía pero tampoco deja de lado el racismo inherente del mexicano en general: Iván es un joven agradable pero que no tiene dinero (al menos no al nivel de los otros “galanes” que están tras Ariela) y es un joven de piel morena, otra desventaja más a los ojos de sus padres, sus amistades y todo su círculo social.

Cherem resulta particularmente punzante en este último punto. En las secuencias donde Ariela decide darle una oportunidad a los pretendientes que tiene en la comunidad, el director retrata es una runfla de obtusos, banales, o plenamente idiotas, cuya vida resuelta desde la cuna los convierte en unos perfectos pelmazos. La mirada de Ariela ante este risible espectáculo nos
dice todo.

Con algunas pizcas de humor, pero sin llegar nunca a los terrenos del melodrama, Cherem monta una efectiva y valiente crítica que abreva de su propia experiencia de vida, pero no se regodea en su anécdota sino que la proyecta en una mujer justo porque considera que ellas son las más afectadas con este tipo de costumbres represoras.

El cuchillo de Cherem pasa incluso por la crítica a la frágil masculinidad que despliega uno de los personajes, creando un escenario atroz donde al final nadie puede ser feliz a causa de sus propias taras, creencias o convicciones que se muestran absoletas.

Pero más allá de la poderosa anécdota, la valiente denuncia, el humor implícito en la historia y el buen ritmo con el que el director la entrega, el peso total de la cinta recae en Naian González Norvind quien sin más herramienta que su mirada y por momentos una leve sonrisa, carga toda la película para llevarla a buen puerto. Norvind tiene madera, absoluta, de estrella.

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