Las 10 mejores series (que vi) en 2019

Alejandro Alemán

La oferta de series televisivas es enorme, tanto que no alcanza vida para verlas todas. Con esto en mente, listo las mejores series dentro de lo que pude ver en 2019.

Este es un ejercicio por demás subjetivo. Confieso que mi disciplina para la series dista mucho de mi disciplina para el cine: simplemente no me da la vida para ver todo lo que hay que ver. Es por eso la aclaración de que esta lista estrictamente no es sobre las mejores series de 2019 sino sobre las que pude ver.

Se que hay algunas que probablemente deberían de estar pero no aparecen en la lista simple y sencillamente por que no las vi (Fosse/Verdon, The Crown, etc) y hay otras que definitivamente no quise ver no importando lo supuestamente trascendentes que fueron (Game Of Thrones).

Así pues, aquí mi listado de lo mejor que pude ver en cuanto a series de 2019.

10.- Watchmen (HBO)
De menos a más, Watchmen se ganó su lugar en las listas de lo mejor del año aún y cuando padece de una falla fundamental: es una serie que no se puede entender (ni mucho menos disfrutar) si no se ha leído antes la novela gráfica homónima escrita por Alan Moore e ilustrada por Dave Gibbons.

Los primeros capítulos son desesperantes porque no parecen llevar a nada. Muy en su estilo, el creador de esta especie de secuela al cómic original, Damon Lindelof, recubre todo de misterio, escenarios sin explicación, y cientos de referencias al material base. Poco a poco los misterios se van descubriendo y la serie toma sentido. Lo más destacable: su deconstrucción sobre el origen de los héroes enmascarados, empatando de una forma sumamente interesante el origen de Superman y el origen de los héroes de Watchmen, involucrando en el proceso la historia del racismo latente en Estados Unidos.

Con un gravitas propio del cómic original, la serie es infinitamente mejor que la película de Zack Snyder, pero aún falta ver si el cierre no resulta igual de decepcionante, críptico y malo como lo fue el de LOST, la otra decepcionante creación de Lindelof.

9.-Euphoria (HBO)
El Kids (Clark, 1995) de esta generación se llama Euphoria. Es de esos productos que supuestamente se asoman al “problemático” mundo adolescente siempre con un dejo de amarillismo, sensacionalismo y escándalo. La serie, como es de esperarse, es plena en actos sexuales, desnudos, (muchos penes, cosa nueva en la televisión que usualmente censura los genitales masculinos, no así los femeninos), drogas y rock (bueno, no es rock, es lo que sea que escuchen los jóvenes ahora).

La serie sería absolutamente vomitiva a no ser por dos cosas: la extraordinaria manufactura visual que no se cansa de agotar recursos con tal de verse diferente y dinámica, así como por las actuaciones de Zendaya y Hunter Schafer. Sólo por ellas vale la pena todo el numerito.

8.- Shrill (Hulu)
Escrita por la comediante Aidy Bryant (SNL) pero basada en un texto de la feminista Linda West -Shrill: Notes from a loud woman (2016)- Shrill es un triunfo por el simple hecho de existir. Y es que no fue fácil para la comediante lograr que una serie, sobre una chica gordita, tuviera oportunidad de salir al aire. Y es que las mujeres llenitas usualmente no tienen lugar en la tele (o el cine) a menos que se trate de papeles de comedia. Las mujeres gordas caen en lo que Hollywood cataloga como unfuckables, negándoles siempre la posibilidad de una sexualidad.

Shrill justo combate esa idea. Las mujeres obesas claro que ejercen su sexualidad, pero también es cierto que hay muchos prejuicios contra el sobrepeso, desde laborales hasta familiares y claro, sexuales. Éste es el quid de la serie que si bien sigue un guión, la propia Bryant ha declarado que hay mucho de sus experiencias de vida en esta serie que lanza un grito de libertad y rebelión de todos aquellos que están cansados de ser tratados como humanos de cuarta por ser gordos.

7.- The Boys (Amazon)
The Boys es lo más cercano a lo que sería una película de superhéroes dirigida por Paul Verhoeven: aquí hay sexo, violencia extrema, sangre y los superhéroes son mucho más humanos que los humanos, dejándose llevar por la lujuria, la depresión, la ira, las drogas, pero sobre todo por el poder absoluto que poseen. La pregunta que intenta responder The Boys es la misma que hiciera Alan Moore en su clásico fundamental de los ochenta, Watchmen (DC Comics, 1986): ¿cómo sería el mundo si efectivamente existieran los superhéroes?

En el fondo, la serie guarda cierta crítica al poder supremacista de los superhéroes tanto en concepción como en los medios. La ironía, por supuesto, es que al armar un producto de esta calidad, los creadores no hacen sino extender el dominio nerd de los superhéroes en los medios. La ventaja en todo caso es que lo hacen desde una voz crítica y disonante al resto de los productos emanados el cómic.

6.-Undone (Amazon)
Una de las sorpresas del año. Un drama psicológico que empata armoniosamente la destreza técnica y estética con la profundidad narrativa. Animada con la técnica de rotoscopia pero a la vez actuada y protagonizada (entre otros) por Rosa Salazar y Bob Odenkirk. Se trata de un complejo pero fascinante e inmersivo estudio de personaje donde seguimos la depresión del personaje de Rosa, detonada por el rompimiento de la relación con su novio y la muerte de su padre. Se trata de un viaje onírico por los sueños lúcidos (y no) de Rosa en un mundo donde la realidad y la fantasía se mezclan de maneras no precisamente divertidas sino perturbadoras, melancólicas y si, incluso tristes. Es una serie que merece verse en la pantalla más grande posible, con el mejor audio posible. Una auténtica obra de arte.

5.- The Morning Show (Apple TV+)
Luego del #MeToo, los medios en general no han querido (o no han podido) decir algo interesante sobre el movimiento. Sorpresivamente fue Apple -dentro de su nueva plataforma de streaming- quienes le entraron al tema de una manera sumamente justa. The Morning Show es una serie que habla sobre el cisma que sufre un programa matutino de noticias (el más famoso de Estados Unidos) cuando su conductor estrella, Mitch Kessler (magnífico Steve Carell) es acusado de acoso sexual. Lo que sigue es un inmediato proceso de cancelación, Kessler es borrado del mapa televisivo y aquí no ha pasado nada. Ell viejo conductor es reemplazado por una mujer, Bradley Jackson (Reese Whiterspoon) quien junto con la antigua co conductora Alex (Jennifer Aniston) deberá sacar a flote el programa.

Plagada de estupendas actuaciones, lo que hace de The Morning Show una serie tan particular, es la forma en como describe la nueva realidad de los medios frente al #MeToo y el puritanismo rampante. Lo hace no desde la calificación moral, sino desde la exposición de todas las aristas, ¿Mitch merece la cancelación?, ¿es realmente un monstruo?, ¿las mujeres que lo condenan están exagerando?, ¿cómo se maneja el poder en las cadenas televisivas?, y lo mejor: guardar silencio ante un abuso, ¿no te hace cómplice?

4.- Succession (HBO)
Quien tenga daddy issues que se aleje de esta serie de inmediato. Succession es muchas cosas: relatos sobre el poder, la ambición, la brutalidad capitalista de quienes lo tienen absolutamente todo y quieren más. Pero es principalmente el relato de un rey en ruinas, que sabe que no hay nadie alrededor digno de cederle el trono. Todos quieren matar al rey, pero todos son extraordinariamente torpes para hacerlo. Esta serie es el estupendo Brian Cox. Así como su Logan Roy es imbatible a pesar de la edad y los achaques, la autoridad de Cox frente a todos sus compañeros de reparto es imbatible. Esa dualidad es lo que hace doblemente fascinante a esta serie. El rey no ha muerto, viva el rey.

3.- Mindhunter (Netflix)
“Beware that, when fighting monsters, you yourself do not become a monster... for when you gaze long into the abyss. The abyss gazes also into you”. La famosa cita de Nietzsche describe a la perfección el viaje aterrador de Mindhunter. ¿Qué otro futuro era esperable para los agentes Ford y Tench que dejarse tocar por el abismo que con tanta pasión analizan todos los días? El resultado era previsible, la oscuridad se ha enquistado de tal forma que en el caso del agente Tench el monstruo habita en casa: su hijo tuvo participación en un asesinato infantil. ¿El mal viene en la sangre?, ¿se hereda? No, esta no es una serie que glorifique a los asesinos seriales, es una serie que trata de explicar la naturaleza del mal, y cómo ésta parece irremediablemente contagiar a todo lo que toca.

2.- Fleabag (Amazon)
La cuarta pared como recurso estético, narrativo y reflexivo. Fleabag no inventó aquella técnica, claro, pero nadie hasta el momento la había usado de una manera tan efectiva, demoledora y simpática. Phoebe Waller-Bridge logró algo que parecía imposible: superar la temporada anterior, mantener (si no es que elevar) el nivel de acidez y mala leche de la serie. Plena de aciertos estilísticos, de escenas gloriosamente montadas, en esta segunda y última temporada, la guionista y creadora del show inserta más incorrección política con un personaje tan memorable como el hot priest. Decir que esta serie es tremendamente inteligente es poco, es una serie perversa, oscura, egoísta, lasciva y absolutamente genial.

1.- Chernobyl (HBO)
Chernobyl o la belleza del horror. A medio camino entre dramatización y documental, en la miniserie Chernobyl, su creador y guionista, Craig Mazin, narra los hechos desde el momento de la famosa explosión nuclear ocurrida en la Rusia comunista de los ochenta, e irá desmenuzando, con lujo de detalle, los minutos, horas y días que sucedieron después de la explosión, con especial énfasis en el tiempo que le tomó al politiburó de la Unión Soviética darse cuenta de la magnitud de la tragedia: un accidente que bien pudo acabar con medio Europa y que en un primer instante fue minimizado por las autoridades. “Está controlada la situación”, “es apenas la radiación equivalente a unos rayos equis”.

Conforme pasan las horas (y los capítulos de la serie), el pavor se apodera de nosotros. Es producto, claro, de la crudeza de las imágenes, de lo terrible del accidente, de sus consecuencias. Pero lo que más llena de terror es la incompetencia convertida en aparato de estado.

Mazin hace un retrato aterrador sobre el aparato de estado ruso. Un gobierno que ante la evidencia de una crisis la minimiza para luego paralizarse. Un gobierno que desdeña las evidencias científicas. Un gobierno criminal que siempre tiene otras cifras. Un gobierno más preocupado por mantener una imagen de supremacía antes de atender a la lógica. Un gobierno que pone en puestos claves a personas que un año antes eran zapateros. Un gobierno y un sistema embrutecido de corrupción. Porque la ignorancia habilitada como gobierno, también es corrupción.

El contexto político es el segundo gran aporte de Chernobyl. El accidente se puede entender desde la frialdad de la física, desde el drama de los afectados, desde el desastre ecológico, pero también desde la podredumbre política. Todos estos frentes son cubiertos por la serie, pero el que conecta con más eficacia es el de la descripción de un estado narcisista que no puede prescindir de las mentiras, que ante el error busca culpables antes que soluciones, que prefiere inmolarse antes de reconocer incapacidad y pedir ayuda. Un estado donde “los bebés mueren para salvar a sus madres”.

Este análisis sobre las consecuencias de la mentira institucionalizada desgraciadamente no es mera anécdota. Hoy día, en la época de la llamada posverdad y las fake news, la negación de la realidad y los datos duros tiene consecuencias dramáticas y de absoluto delirio: desde un Trump afirmando que su toma de posesión fue más concurrida que la de Obama (a pesar de que las fotos claramente muestran lo contrario), hasta un AMLO diciendo que no es verdad que la delincuencia vaya en aumento cuando las cifras muestran otra cosa.

Así, Chernobyl y su retrato sobre la posverdad resulta no sólo de pesadilla, sino increíblemente actual y pertinente.

¿Y The Mandalorian?

Los primeros dos episodios de The Mandalorian, son un triunfo para el propio universo Star Wars. Al fin, luego de tres precuelas y dos secuelas fallidas, alguien entiende qué es y cómo debe ejecutarse Star Wars. Esos dos capítulos muestran que el creador de la serie, Jon Favreau, hizo la tarea y entendió que el ADN de la Guerra de las Galaxias no está en las cintas de Lucas sino en el western y el cine de Kurosawa.

El problema es, que luego de esos dos primeros capítulos, la serie parece ir en caída libre hacia ningún lado. Habrá que esperar a que finalice para ver si logra ser trascendente más allá de los muros de la saga que le dio vida.
 

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