365 DNI: anacronismo vía Netflix

Alejandro Alemán

Basada en una serie de libros homónimos, esta producción polaca (disponible en Netflix) es tan misógina que hace ver a 50 Shades of Grey como un tratado feminista.

La curiosidad mató al gato, o en este caso al crítico de cine. En mi diario navegar por las diferentes plataformas para ver “qué hay de nuevo”, me topo con una película que ya lleva varios días en el número uno de lo más visto en México: 365 DNI, una cinta polaca cuya sinopsis dice: “Una ejecutiva que se encuentra en una frágil relación amorosa cae en manos de un jefe de la mafia, quien la secuestra y le da un año para enamorarse de él”.

La última vez que supe de un caso similar de secuestro y enamoramiento extremo de la víctima con su secuestrador fue justamente en La Bella y la Bestia (Trousdale & Wise, 1991), por lo que mi curiosidad fue extrema: ¿realmente en pleno 2020, post #MeToo, con el movimiento feminista a tope, a alguien se le ocurrió hacer una película donde una chica la secuestran para que se enamore de su secuestrador? Tengo qué ver eso.

Pocas veces las sinopsis de Netflix son precisas, pero en este caso es una excepción: la película es justo lo que promete. Massimo (Michele Morrone) es un “hombre de negocios” que luego del asesinato de su padre se torna en jefe de la mafia. Por su parte, la bellísima Laura (Anna Maria Sieklucka) está casada con un tipo bastante pedestre que, digamos, no la valora.

Total que Massimo secuestra a Laura, quien amanece en una magnífica habitación que además tiene un enorme retrato de ella misma en la pared. Su captor le explica que justo en la balacera con la que dieron muerte a su padre, él salió herido y en su delirio de vida o muerte apareció en su mente una imagen de ella, por lo que Massimo la había buscado durante estos años por todo el mundo.

La opción de encontrarla, conocerla, invitarle un café y platicar con ella al parecer era inconcebible para este mafioso; la lógico, ¡claro!, era secuestrarla y darle un ultimátum: la mujer tiene 365 días para enamorarse del guapo, tatuado, armado, misógino, machista y millonario jefe de la mafia siciliana que además se carga tremendo pectoral perfecto.

Laura al principio pone algo de resistencia, pero Massimo (quién le ha quitado el celular para que no pueda pedir ayuda ni tampoco se pueda comunicar con su familia) decide llevarla de compras como para calmarla. Claro, porque nada pone de buenas a una mujer como ir de compras, aunque la mujer esté secuestrada e incomunicada.

Laura con gusto se compra todos los vestidos de diseñador posible. Cuando ella se está probando ropa interior, Massimo entra al vestidor y se le queda viendo con mirada libidinosa, por lo que Laura le reclama. Massimo, que es todo un hombre, la agarra del cuello, ahorcándola, y le responde: “yo decido cuándo y cómo te veo”.

En la confusión, la mujer escapa y pide ayuda a la policía, “Me tienen secuestrada”, les dice. Ellos escuchan pero no hacen nada sino esperar a que “su hombre” llegue por ella. En este punto pensé que probablemente la película era una crítica muy rebuscada a la condición de la mujer en el mundo, donde en efecto, es muy probable que la policía no ayude a una mujer que huye de “su hombre”.

En otra escena, Massimo lleva a Laura a una fiesta, no sin antes regañarla (de nuevo, la mano al cuello, como queriéndola ahorcar) por llevar un vestido “muy provocador”. La fiesta es en un antro “super exclusivo”, y Massimo deja a Laura en la parte de abajo mientras él sube a la zona VIP, donde hay chicas haciendo table y charolas con coca. Normal pues. Mientras, Laura trata de divertirse sola, no falta quien le haga plática. Massimo fúrico va por ella, de nuevo la trata de ahorcar, y saca dos tremendos pistolones con los que apunta al pobre idiota que estaba hablando con ¿su mujer?, ¿su secuestrada?, ¿su objeto?.... lo que sea que sea Laura.

En otra desternillante secuencia, el hombre ata a Laura en la cama, le inmoviliza las piernas, le amenaza con violarla pero no lo hace, en lugar de eso, obliga a Laura a que vea cómo él tiene sexo con otra mujer (una empleada más del poderoso Massimo). Vamos, todo es es un horror, pero es tan estúpido que no puedo sino soltar una carcajada por aquella o aquel que escribió esta basura.

El punto culminante es cuando, en un viaje en lujosisimo yate, y luego de otro lapsus de violencia, Massimo avienta a Laura, literal, por la borda, para luego saltar al agua y heroicamente rescatarla. Laura, casi ahogándose, le dice “me salvaste”, por lo que finalmente lo colma a besos y tienen una sesión de sexo que dura horas y sucede en todos los rincones del barco, en todas las posiciones que pueda usted imaginarse.

Pero Laura, ¡entiende!, el tipo que te salvó es el mismo que te aventó al agua, que te secuestró, que te ahorca y que si no te ha soltado un puñetazo es porque nos bajan la película de Netflix. ¡DESPIERTA YA LAURA!

Es inútil. Laura colma de besos, caricias y otras cosas más subidas de tono (pero sin que nunca se vea un full frontal, no vaya a ser que nos acusen de pornógrafos). Ahí se produce una frase épica que bien debería estar en el cartel de la película: “Te lo voy a hacer tan fuerte que  tus gritos se escucharán en Varsovia”.

Acto seguido busqué en Google Maps qué tan lejos estaba Varsovia de Sicilia y vaya, ¡si está muy lejos!

Es aquí donde debo hacer una confesión: no terminé de ver la película. Por más que el humor involuntario me mantuvo entretenido por casi una hora, era ya demasiado este pastiche entre 50 Shades of Grey, La Bella y la Bestia y cualquier película softporno de Golden Channel.

La película, basada en una serie de libros de la escritora polaca Blanka Lipinska, hace ver a la saga de 50 Sombras de Grey como un tratado feminista, y es que si aquella saga era misógina hasta decir basta, 365 DNI es un tratado de cómo sobajar sistemáticamente a una mujer. Una fantasía masculina donde la mujer sólo responde a la violencia, a los celos, a la posesión y a una sexualidad en extremo básica: plántate enfrente de ella, desnudo, y la mujer de inmediato mirará, con deseo desbordante, tu entrepierna. Vamos, una película porno es más honesta que esta porquería.

Y aquí podríamos rasgarnos las vestiduras, decir que Netflix no debería tener este tipo de contenidos, pedir que lo bajaran y cosas así. Pero justo esta semana a alguien en HBO se le ocurrió borrar de la plataforma Lo que el Viento se Llevó (1939), por la forma en que la película retrata a la raza negra. Un acto de oportunismo que no resuelve nada sino que además demuestra que no hemos entendido nada.

No se arregla nada con borrar contenidos. El problema no es que una película exista, el problema tampoco es que alguien disfrute de este supuesto “erotismo”. El problema, por un lado, es que no hay cine en este tipo de cintas, y por otro lado es que no faltará alguien que se las crea y que se ponga en, digamos,  Tik Tok a dar consejos de seducción tan misóginos que den risa.

Ups, me informan que eso ya también pasó. Ya nada me sorprende.
 

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