En Palacio Nacional consideran que a pesar de los estragos generados por el Covid19 en la popularidad del Presidente, le alcanzaría para ser “ratificado” en la consulta de revocación de mandato en el 2021. No pasaría lo mismo con Morena, que experimenta su peor época de acuerdo a los números estadísticos actuales.

“Andan muy nerviosos, quiero demostrarles que en el 2021 ó 2022 les vuelvo a ganar, a pesar del virus y de las encuestas (sic) que dicen que voy bajando”, afirmó AMLO a principios de esta semana. Pero el asunto de fondo es salvar la dramática caída de Morena en los estados y la República Mexicana.

Quizá algunos pensaron que López Obrador buscó poner su cargo en la urnas, a consideración de los ciudadanos, y no es así, se trató de una estrategia electoral para aprovechar el único activo que tiene Morena actualmente (y que podría aminorar su caída en las elecciones intermedias): él mismo.

Para nadie es un secreto que la popularidad del Presidente ha bajado de manera continua desde hace dos meses, aún así, ronda entre el 43 y 45 por ciento, suficiente para volver a ganar si se repitieran las elecciones, aunque ya no de manera holgada. Lo que AMLO busca es salvar su mayoría en San Lázaro, en los congresos estatales, en los municipios y sus escaños en la Cámara Alta; de ello depende su tranquilidad como Presidente.

Morena no da una como partido político. No sólo han sido incapaces de renovar aseadamente su dirigencia nacional, sino que en palabras del Presidente, según me hacen saber, “sólo le generan dolores de cabeza o problemas por resolver”. Es pues, la inclusión de López Obrador en la boleta electoral del 2021, la única forma de buscar conservar su mayoría en los distintos frentes nacionales y estatales.

Por eso cuando AMLO insistió en la consulta de revocación de mandato para el 2021, lo hizo con el único afán de ayudar a su alicaído partido, pues de sobra sabe que los números le dan para conservarse en el cargo. Y dado que está impedido constitucionalmente, (pues el ejercicio se hará hasta el 2022), buscó “calentar” a la oposición lanzando veladamente un reto al estilo “compruébenme que voy a la baja”.

Los datos indican que cuando AMLO fue candidato, (en el 2018), ganó con el 53 por ciento de los votos, mientras que Morena sólo obtuvo el 40%. La preocupación en Palacio Nacional radica en que si el Presidente ha bajado 10 puntos, (y es el gran activo partidista), la caída del Movimiento se avisora harto peligrosa.

“Dicen que voy a la baja, dicen que estoy en mi versión más opaca desde la elección, pues les voy a ofrecer adelantar la consulta de revocación para el 2021, a la par de las intermedias, a ver si muy seguros, a ver si muy machitos”, dijo AMLO. Todos en la mesa lo aceptaron. El asunto es que no será posible. Morena irá sin López Obrador en la boleta, (quien sólo podrá “hacer campaña” día con día en las mañaneras hasta que se lo impidan).

Por primera vez desde la elección presidencial los números de Morena y la oposición lucen parejos. AMLO no podrá estar en el ruedo, pero sí en la barrera, y desde ahí buscará actuar. Veremos qué ocurre.

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