La segunda revuelta contra López-Gatell

Alejandro Aguirre Guerrero

Todos menos uno lo esperaron afuera de su oficina. La idea era clara: insistir en que Hugo López-Gatell debía ser destituido inmediatamente. El motivo: haberse exhibido vacacionando en plena pandemia. El único que no apoyó la petición fue el Doctor Jorge Alcocer, titular de Salud; el resto de los secretarios, molestos a notoriedad, entraron “amotinados” a charlar con el Presidente. Eran las seis de la tarde. 

Fuentes al interior de Palacio Nacional comentan que aquella mañana, (cuando AMLO apoyó a López-Gatell antes de que el indiciado diera su versión en la conferencia vespertina), los secretarios comenzaron a organizarse para pedir (otra vez) que “el vacacionista” abandonara su cargo, por mera falta de solidaridad hacia el personal médico que lucha contra el Covid.

Aunado a ello, a pesar de tener “línea abierta” para decidir qué hacer durante sus días libres por fin de año, los secretarios consideraron prudente no exponerse en centros vacacionales; acordaron reunirse en sus domicilios, (de preferencia sin salir de la ciudad), aunque algunos tuvieron que viajar a sus estados de origen. 

Ya en la oficina de AMLO, el cúmulo de secretarios, exceptuando a Jorge Alcocer, pidieron que no se pasara por alto la actitud de López-Gatell, siendo (sobre todo) el responsable del manejo de la pandemia en el país. “El que menos debió hacerlo fue él; ante circunstancias similares, en otros países los han destituido”, dijo uno de los más cercanos al Presidente.

El de Tabasco los escuchó pacientemente, uno por uno, de principio a fin, desde el más ofendido hasta el que menos énfasis le puso a su queja. “El Doctor López-Gatell me avisó de sus intenciones de salir de la ciudad, y el sitio al cual iría con algunos familiares; yo lo autoricé, y lo volveré a respaldar mañana, en mi conferencia”, dijo AMLO, contundente. Después de ello, nadie replicó.

Y así fue, un día después, en el “prime time” de la mañanera, el Presidente se mostró más insistente en su defensa de López-Gatell, colocó su foto en la pantalla gigante y dijo que “no había un funcionario en el mundo con sus características, aunque se enojen”, en franca referencia a sus secretarios, y no solamente a sus adversarios, como muchos pensaron. Fue también un mensaje para quienes lo buscaron en su oficina. 

Aquella tarde, los secretarios salieron treinta minutos después de las seis. La segunda revuelta para pedir la renuncia del “vacacionista” había sido un rotundo fracasado, de hecho, hasta salieron regañados y con una línea muy clara por parte del Presidente: no se metan con el Doctor López-Gatell. 
 

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