El fenómeno del territorio político en la Ciudad de México, he dicho antes, es un espejo muy claro del panorama nacional. Sucedió como una consecuencia que después de muchos años en los que López Obrador trazara el camino que cimentó al PRD y posteriormente a Morena, fuera inevitable con los años la propagación y réplica en el resto del país.

De esa misma manera en la que se fueron ganando territorio los partidos de la supuesta izquierda mexicana, hoy los han perdido de manera casi inmediata en menos de un sexenio.

Si bien Morena conserva un gran poder en la Ciudad de México encabezando el Gobierno capitalino y algunas de las alcaldías, el poder se les ha ido de las manos.

En contrapeso, la fuerza de los partidos de oposición vivieron en carne propia el fenómeno que llevó al triunfo al movimiento morenista: el hartazgo.

La oposición en este momento debe tener sentido crítico y cuestionarse muy en serio lo que está pasando frente a sus ojos.

Si bien Morena cava su propia tumba, la oposición celebra aún de manera prematura el triunfo de 2024, al mismo tiempo que la 4T no sabe perder.

Este fin de semana pasado pudimos ver cómo la resistencia al movimiento morenista unificó de manera unilateral una embestida en la Cámara de Diputados para frenar la reforma eléctrica.

Más allá de entender las motivaciones de la defensa, debemos comprender de manera objetiva qué fue lo que pasó y hacia dónde tenemos que ir.

Ejemplo de esto es poner sobre la mesa la realidad de las cosas, y es que el poder de Morena, además de autoritario y demagógico, es aún enorme.

Las bancadas de la oposición no pueden perder de vista el tamaño del aparato con el que se enfrentan.

La pasada consulta sobre revocación de mandato es otro ejemplo de la lectura crítica que debemos tener.

Si bien la abstención del voto fue decisiva para tirar las intenciones mediáticas del Presidente, la participación activa, unilateral de Morena, entre acarreados y gente amenazada con perder sus empleos, siguen siendo una cantidad importante de electores.

Es decir, que la oposición no se enfrenta sólo a una ideología, sino a un aparato sistemático que tiene condicionados a millones de mexicanos que son beneficiarios de empleos y programas por parte del gobierno a cambio de su complicidad. 15 millones de votos: más de los que tuvo Ricardo Anaya en 2018.

Por eso mismo, la oposición hoy demuestra que tiene varios elementos a su favor, además del hartazgo, pero es necesario encontrar la sincronicidad interna. ¿Quién es la oposición en 2024 cuando Sheinbaum se vaya junto con López Obrador?

Nombres pueden salir muchísimos de la noche a la mañana, pero esa es la tarea relevante al pensamiento crítico que caracteriza a quienes podemos ver el desastre de la 4T que demuele nuestro país a pedazos.

La oposición es sobre todo una idea. Seamos nosotros críticos, pensemos en lo que nos hace creer en una mejor Ciudad y un mejor país. Cada uno de los ciudadanos que movemos día a día la vida en nuestro territorio, somos también la esperanza de un México mejor para todas y todos.

Twitter: @alepuente100

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