¿Pueden las casas sentir dolor, tristeza o felicidad al igual que quiénes la habitan? Nora (Renate Reinsve) se lo pregunta a raíz de una tarea que le asignan, tarea que será respondida en su infancia y retomada en su adultez temprana y que pasará a ser el parteaguas para indagar el posible resentimiento hacia su padre Gustavo Borg (Stellan Skarsgård) un célebre cineasta que tras varios años de distanciarse de sus hijas, se reencuentran en el funeral de la madre.
Borg le ofrece a Nora, quién lleva una trayectoria como actriz, —principalmente de teatro— un papel para protagonizar una de sus películas, pero ella se niega y le pide que no la busque más.
Nora enfrenta un vaivén de emociones y dubitaciones no sólo con respecto a la repentina aparición de su padre, sino también por no saber dónde se encuentra parada, absorta en el anhelo de encontrar un lugar y construir un nuevo hogar que sea un refugio y no una jaula. A su vez, Borg va entendiendo más sobre su infancia y las memorias de su madre gracias a Rachel (Elle Fanning) quien ve y descifra a los Borg desde fuera al intentar encarnar a Nora.
Así como Yoli y Elf en Todas mis Penas Insignificantes (Michael McGowan, 2021) Nora y Agnes entretejen un entendimiento fraternal que cobija y al mismo tiempo confronta —no con intención maliciosa sino bondadosa—. Nora se percibe incompleta cuando compara su vida con la de su hermana, quien ya tiene construida una familia, un hogar. ¿Será que en verdad le hace falta “algo”? O más bien no ha terminado de entenderse entera con lo qué hace y significa ella en su vida, con su camino y bajo sus propios términos.
Borg repara en que el cine confronta, las historias que ha plasmado en la gran pantalla no tratan de una simple ficción, son su verdad. Entretanto, Nora cae en un vacío al que su padre la empuja al hacerla sentir culpable por la rabia contenida que ha cargado sobre sus hombros a causa de la abrupta ausencia de su padre, rabia que tendrá que ser transmutada.
Una Historia de Fantasmas (David Lowery, 2017) y Un Valor Sentimental (Joachim Trier, 2025) abrazan una puesta en común: heridas generacionales y grietas que se quedan en los muros que nos protegen y nos ven crecer, llorar, reír, gritar, y morir.
¿Quién o qué nos conoce verdaderamente? ¿Qué tanto dejamos de nosotros en dónde habitamos? ¿Es posible qué quienes menos imaginemos nos conozcan más que nosotros mismos?
Valor Sentimental habla sobre la fraternidad, la soledad, el perdón y la importancia de voltear a ver las heridas para lograr tapar las grietas de nuestra casa y construir cimientos más firmes.
Ojo Verité, reseñista, analista y crítica cinematográfica. Gestora cultural. @ojo_verite_
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
cr

