Lenguas indígenas, lenguas abuelas. Lenguas nacionales

Alejandra Frausto Guerrero

La secretaria de Cultura federal comparte una reflexión sobre el 21 de febrero, Día Internacional de la Lengua Materna.

La lengua es la expresión más sutil que produce la cultura en el pensamiento de las personas; su naturaleza es tal que, sin perder su carácter individual, le permite a cada uno entrar en diálogo con otros, a la vez que consigo mismo. La lengua es el hilo que nos permite tejer comunidad y entretejernos a nosotros mismos en un manto protector de identidad y dignidad.

La lengua es el producto final del proceso alquímico que se da entre la experiencia interna conformada por sensibilidad, emociones, sueños, imaginación y la vivencia exterior e incesante del mundo material: la naturaleza, la sociedad y las cosas. Sintetiza en palabras articuladas las claves de la historia de uno o más pueblos vinculados en sus victorias y derrotas. La lengua refleja lo que los pueblos son, fueron y serán.

La lengua es el mecanismo por el que transita todo lo que nos mantiene con vida.

Una lengua materna es aquella que constituye el primer sistema simbólico articulado a través del cual se nutre la identidad y la dignidad de las personas. Es la que se adquiere a través de los primeros contactos con el mundo, las personas más cercanas; con la que se nombra por primera vez todo lo que rodea a los miembros más jóvenes de una familia y un pueblo. Es aquella con la que decimos agua, madre o amor por primera vez.

Todo ser humano posee y tiene derecho a una lengua materna. A conocer y transmitir a sus descendientes en la lengua o lenguas que le aportan más sentido a sus vidas y que le permiten moverse con libertad en el mundo, para expresarse como su corazón le dicte. Toda lengua es, por naturaleza, solidaria con otras; toda lengua es hospitalaria y permite el intercambio de códigos y símbolos; siempre y cuando se reconozcan en equidad.

El proceso de desplazamiento, sustitución e imposición de unas lenguas por otras, especialmente de las lenguas indígenas de México, no es un fenómeno atribuible a estas lenguas que pertenecen a más 6 millones de personas. Ninguna lengua es menos o más capaz de adaptarse y sobrevivir al mundo, no son las “deficiencias” de unas lenguas respecto de otras las que suscitan su desaparición de la vida en un país o nación, sino los procesos asociados a la desigualdad y la discriminación sociales los que ponen a estas lenguas y a sus hablantes en riesgo.

La humanidad ha llegado —quizá tarde, pero más vale tarde que nunca— a comprender que la perspectiva colonial ha generado invisibilidad y desprecio por ciertos grupos, naciones y pueblos; sus culturas, formas de vida y sus lenguas. No sólo ha puesto en riesgo a la mayoría de las casi 7 mil lenguas que hoy sobreviven en la tierra, sino que esa exclusión también pone en riesgo la sustentabilidad económica y social del mundo entero.

Es por eso que la construcción de un Decenio de Acciones para las Lenguas Indígenas en nuestro país constituye un propósito fundamental del Gobierno de México a través de sus instituciones y el concurso de los hablantes de las 68 lenguas nacionales. Porque como ya hemos dicho en repetidas ocasiones, no hay lengua sin pueblos que las hablen.

K’ax wokol la wal: Muchas Gracias en lengua Tseltal de Tenejapa, Chiapas.

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