Violencia feminicida y su reconfiguración

Alejandra Barrales

En las últimas dos décadas se ha reconfigurado la violencia feminicida, la escalada de la violencia y la militarización del país han generado una mayor presencia de armas de fuego en las calles y en los hogares, cuyo impacto en las violencias de género ya se visibiliza; en la actualidad, a seis de cada diez niñas, adolescentes y mujeres les arrebatan la vida con armas de fuego.

Hace unos días se presentó el informe Violencia de género con armas de fuego en México, elaborado por las organizaciones Intersecta, Data Cívica, Equis Justicia para las mujeres y el Centro de Estudios Ecuménicos, en el que se documenta, a través de crudos testimonios de familiares de víctimas y sobrevivientes de la violencia, el impacto que tiene la violencia armada en la vida de las niñas, adolescentes y mujeres.

La oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, ha reportado que el 82 por ciento de las víctimas de la violencia ejercida por sus parejas sentimentales, son mujeres; la mayoría de ellas asesinadas con arma de fuego por hombres.

En México a principios del año 2000, tres de cada 10 mujeres eran asesinadas con arma de fuego; en 2010, el porcentaje subió al 54.3 por ciento del total, crecimiento paulatino que desde 2019 ya se ubica en seis de cada 10 mujeres, lo que significa un incremento acumulado del 357 por ciento; los modos de ocurrencia y espacios también se modificaron. Las armas de fuego llegaron a los hogares y las violencias de género se expandieron al espacio público.

La investigación arroja que en 16 entidades del país los asesinatos de mujeres perpetrados con armas de fuego representan la mitad del total de casos; sobresalen Colima y Guanajuato, en dónde ocho de cada 10 mujeres son asesinadas a mano armada; le siguen Zacatecas, Tabasco, Quintana Roo y Michoacán, en donde siete de cada 10 mujeres son asesinadas así; en tanto, en Baja California, Ciudad de México, Chihuahua, Guerrero, Morelos, Oaxaca y Sinaloa, es entre el 60 y 65 por ciento de los casos.

A mayor presencia de armas, mayor incidencia de violencia; la violencia armada representa una barrera para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, porque socaba el acceso a los derechos humanos en muchas comunidades; por ello, es importante identificar y atender las violencias que se perpetúan con la presencia de armas de fuego.

Las estadísticas sobre homicidios dolosos y feminicidios permiten identificar y cuantificar las violencias de género en las que se usan este tipo de armas, pero son los crudos testimonios, los que aportan elementos que permiten el análisis sobre la dinámica y ocurrencia de los incidentes en donde se ejerce la violencia tanto hacia la víctima como al resto de los integrantes del hogar.

En el estudio se establece que la problemática de la violencia armada no inicia cuando se activa una arma de fuego, también cuando se suscitan conductas de violencia sexual y física sin la activación de la misma, sin embargo, la mayoría de esos delitos ni siquiera se judicializan debido a que prevalece la desconfianza en los aparatos de justicia, factor por el que las víctimas no denuncian.

Es urgente establecer redes de colaboración con los gobiernos estatales para recabar datos que permitan observar las dinámicas sobre la recurrencia y la presencia de armas de fuego en otros espacios, que no están asociados con conductas de delincuencia común y del crimen organizado, porque la precariedad de la información sobre la violencia con armas de fuego, es una de las causas de la ausencia de políticas públicas, y el por qué cada vez más se utilizan las armas en la comisión de las violencias en contra de las niñas, adolescentes y mujeres.

 

Maestra en políticas públicas.
@Ale_BarralesM
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