Los feminicidios de Luz Raquel Padilla y de Margarita Ceceña , que fueron quemadas vivas , encienden nuevamente alarmas y plantea la urgencia de construir un andamiaje jurídico eficaz e integral a nivel nacional que proteja los derechos de las mujeres a vivir una vida libre de violencia, pero también que es indispensable un cambio cultural para transitar a una sociedad más justa, igualitaria y democrática.

Todavía falta mucho para alcanzar realmente la igualdad sustantiva en materia de género, para que las mujeres y las niñas puedan ejercer a plenitud los derechos que les corresponden en todos los ámbitos de la vida, tanto pública como privada, el reto, es transformar los roles culturales de mujeres y hombres para revertir los estereotipos arraigados en la sociedad.

Un informe elaborado por el Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe ( UNESCO ) en 2020, arrojó que en los libros de educación básica de decenas de países persiste una visión estereotipada de los roles de hombres y mujeres.

Para combatir el machismo de fondo en México, es un buen inicio que el Instituto Nacional de las Mujeres trabaje con la Secretaría de Educación Pública (SEP) para incluir en los libros de texto gratuitos material sobre la violencia de género, basándose en teorías de igualdad, humanismo y reconocimiento multipluricultural, con la finalidad de que estas sean llevadas a la vida cotidiana.

Para transformar esta realidad es necesario el cambio de paradigmas para romper los roles basados en el binomio tradicional de lo femenino, frente a lo masculino y en las cargas sociológicas que ello implica, por ello, un buen punto de partida es desde las aulas: alumnos y profesores.

Un estudio realizado por Inmujeres, reportó que en 2018 el 96 por ciento de las mujeres en México fueron víctimas de violencia física , verbal o de persecuciones en el transporte público, de los cuales en 9 de cada 10 casos los agresores son hombres.

La ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia contempla el trabajo reeducativo de las personas agresoras, lo cual implica mayoritariamente a los hombres, pero existen inconsistencias y vacíos para hacer efectivo este trabajo reeducativo. Se carece de los mecanismos institucionales de atención, a pesar de que están definidos en la ley.

Es necesario que el Estado y la sociedad en su conjunto apostemos por una transformación individual y colectiva que vaya más allá de la sanción legal y punitiva, que, sin eximirla, mediante políticas públicas de prevención se impulse un proceso de transformación social que inicie desde los propios hombres, para de esa manera atender el problema que tiene que ver con una construcción de fondo, de las masculinidades.

Como sociedad no podemos ser indiferentes frente feminicidios como los de Luz Raquel Padilla y Margarita Ceceña, en donde la revictimización y la violencia institucional, por parte de las autoridades responsables, son un componente más dentro de la violencia estructural que viven día con día las niñas y mujeres en este país.

Son casos que evidencian a un Estado que perpetúa la impunidad, pero también es un botón de muestra que desnuda a una sociedad, en la que se ha suprimido la solidaridad, comprensión y humanidad; una comunidad unida por el silencio y la indiferencia.

Maestra en políticas públicas
Alejandra Barrales (@Ale_BarralesM)


 

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