En México, tenemos niveles altos de impunidad, en general, pero en cuanto a la violencia de género se deben a que la discriminación permea en las instituciones de procuración y administración de justicia, por ello se estima que el 97 por ciento de las víctimas no denuncia, apenas el tres por ciento acude a las instancias judiciales en busca de acceso a la justicia.

De ese tres por ciento, un caso es el de la influencer Nath Campos quien en enero pasado denunció penal y públicamente a su amigo y también compañero de trabajo, el youtuber Ricardo González por violación agravada, en grado de tentativa, cometida una noche del año 2017.

Recordemos, la víctima narró que a partir de la agresión tuvo que someterse a tratamiento psicológico para procesar el daño que le causó la violencia sexual, en tanto, su agresor continuó en su normalidad social y familiar, hasta que fue detenido y procesado el 26 febrero pasado.

Es un caso que evidencia esa realidad social en la que son las mujeres quienes deben esconderse y cargar con un dolor que no es suyo, mientras que los violentadores siguen en su modus vivendi, hasta que la víctima levanta la voz y acude las instancias judiciales.

De manera lamentable, vimos que pesar de que su entorno profesional y social conoció de los hechos, no fue cuestionado, mucho menos rechazado, en tanto que ella fue estigmatizada. Narró que le tomó varios años reconocerse cómo víctima, el año pasado tomó la decisión de denunciar, pero para enfrentar el proceso tuvo que pasar un año y es por ello que acudió en enero pasado a la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, con el sentimiento, dijo, de no esperar nada de la justicia, pero con la necesidad de hablar para evitar que más víctimas cayeran en manos de su agresor.

Fue un proceso difícil y doloroso que sin la preparación y acompañamiento psicológico, no hubiese podido enfrentar y concluir, relató la víctima, por ello resulta cuestionable que la FGJCDMX afirme que ya es una realidad que se atiende a las víctimas con perspectiva de género, enfoque diferencial y especializado, que se garantiza una nueva manera para investigar los delitos, con especial énfasis en la justicia hacia las mujeres.

La victima compartió que lo más difícil fue cuando se lo informó a su familia, pero que también su paso por las instancias judiciales fue difícil y doloroso por los estereotipos de género que prevalecen.

“No es fácil, los procesos en el país sin duda también desalientan mucho, pero sí me siento satisfecha, me siento distinta, me siento cambiada y siento que esto marca el final de un capítulo y de muchos años de mi vida de mucha lucha”.

Sin duda, para Nath fue muy importante que le creyeran, que su agresor aceptara haber cometido el delito, aunque recibiera una sentencia de tres años dos meses de prisión, reparación del daño, multa por 30 mil pesos y su inscripción en el registro de agresores sexuales.

A pesar de la sentencia y de que su agresor apenas pasara poco más de seis meses en la cárcel, Nath se dice satisfecha. Está claro que necesitaba que la fiscalía hiciera que le creyeran, una parte de la justicia necesaria, pero no se deben sacrificar los otros componentes de la justicia.

Necesitamos una estrategia de cambio cultural verdaderamente fuerte, acompañada de la transformación del quehacer sustantivo de las instituciones de procuración y administración de justicia. Hoy resulta insuficiente sólo invertir en la sensibilización de la perspectiva de género, requerimos una estrategia más integrada en el quehacer público, de acciones inmediatas y urgentes.

 Maestra en políticas públicas Alejandra Barrales (@Ale_BarralesM)

Google News

TEMAS RELACIONADOS