El movimiento feminista latinoamericano ha crecido notablemente en las últimas décadas, lo que se observa principalmente en el mayor nivel de presencia dentro de la agenda mediática pública, así como en la creación de nuevos canales de comunicación con el Estado. Pero, dicho movimiento no es una organización homogénea o con liderazgos específicos, por lo que sus objetivos, demandas o formas de coordinarse difieren entre países e incluso entre regiones dentro de una misma localidad o entidad.

Aunque, debido a la cobertura mediática que se le ha dado, parece que el núcleo del movimiento actual es únicamente el de la lucha contra la violencia de género, lo cierto es que esta cuestión es solo una parte del gran entramado de discusiones que se dan entre los diversos grupos feministas que existen en toda la región.

La libertad de los derechos sexuales y reproductivos; la paridad de género laboral, política y económica; la equidad salarial y de tareas del hogar; los derechos indígenas; el ecofeminismo; la economía feminista; entre otros, son solo algunos de los temas que se discuten constantemente en plataformas académicas y/o en foros públicos o privados, difiriendo en su relevancia y dependiendo de la configuración sociopolítica en la que se organicen. Pero, estas discusiones pueden resultar estériles cuando el Estado carece de mecanismos que adopten las recomendaciones emanadas de estos grupos y si no se fortalecen las instituciones de seguridad en este sentido. Lo que conduce a movimientos sociales de rechazo y resistencia.

Pues, para el caso de México, país caracterizado por sus altos niveles de crímenes contra las mujeres (segunda nación con mayor cantidad en América Latina) entre los que destacan, para el año 2019, el asesinato de 10 mujeres diariamente, 70 casos denunciados al día por violaciones y 51 por agresiones sexuales y, donde la impunidad es de 90% solamente para feminicidios y hasta en 98% para otros tipos de violencia (por lo que estas cifras son aproximaciones del volumen real de estos sucesos ya que al menos 90% de estos crímenes no se denuncian).

Adicionalmente a esta indiferencia institucional (lo es por ser una tendencia que ha crecido desde el año 2006), se debe valorar el papel que juegan los noticieros ante la situación. Las últimas marchas feministas en el país han destacado mediáticamente, por lo menos se han reproducido 51 notas diarias entre el 12 y el 19 de agosto por las acciones violentas acaecidas durante su realización sin ampliar el relato de la naturaleza de la misma, en cambio la investigación periodística por la presunta violación que dio pie a estas movilizaciones fue de 7 notas diarias entre el 3 y el 20 de agosto.

A raíz de lo sucedido en dicha marcha, se ha creado, desde la narrativa periodística, un argumento que desvía el interés original de la protesta, pero esto se da al sobrerrepresentar algunos eventos y al ignorar la gran muestra de solidaridad grupal de género que evidenció este multitudinario evento, además se han ignorado las múltiples voces de otras participantes que ese día expresaron sus alternativas para transitar esta crisis de violencia que atraviesa el país. Desconocer a las manifestantes y sus justas demandas solamente abona al encono social, por lo anterior es fundamental que los medios comiencen a escuchar y analizar antes de lanzar notas de reclamo economicista.


Profesora Investigadora del Departamento de Producción Económica, Universidad Autónoma
Metropolitana, Unidad Xochimilco

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