Hace unos días tuve el agrado de participar en un encuentro con el equipo de Comunicación Institucional de la Universidad Panamericana de su campus Aguascalientes, una sesión que tuvo una relevancia especial al desarrollarse en la sede del IPADE y bajo el marco del ciclo permanente "Misión y Espíritu".
En este espacio, en donde la formación humana y la visión estratégica convergen, entablamos un diálogo necesario sobre los desafíos que enfrentan las personas y las instituciones frente a la vulnerabilidad digital. La premisa que compartimos con la presentación "Doxing y presencia digital: entre la confianza y la prudencia", fue clara; en el mundo contemporáneo, la reputación es el activo más invaluable, pero también el más frágil, y su gestión hoy requiere mucho más que Relaciones Públicas tradicionales; exige una comprensión profunda de fenómenos como la infodemia y el doxing.
Conversar con cerca de 150 personas de una institución que abandera valores sólidos, refuerza una realidad insoslayable ya que en el mundo el 80% de las personas basan sus decisiones en la reputación, antes que en el costo de un bien o servicio.
Como dice el sociólogo Manuel Castells, en la sociedad el poder reside en la capacidad de generar confianza, un recurso que hoy se ve amenazado por la infodemia. Este exceso de información manipulada dificulta distinguir la verdad de la ficción y se propaga con la velocidad de una pandemia informativa, colocando a México en un deshonroso segundo lugar global en la generación de noticias falsas.
En este contexto, las instituciones educativas y las empresas han desplazado a los gobiernos como la principal fuente de credibilidad, lo que obliga a los comunicadores a ser guardianes de la verdad verificable.
Durante nuestra sesión analizamos cómo el doxing, aquella práctica maliciosa de revelar datos sensibles para intimidar o dañar la identidad, ha saltado del anonimato de los hackers al terreno de la vida pública.
Siguiendo el pensamiento de George Lakoff sobre el encuadre estratégico, debemos entender que la infodemia es a las instituciones lo que el doxing es a las personas, una herramienta de erosión de la confianza. Ante estos ataques, la respuesta no puede ser el silencio, sino el ejercicio del poder blando o soft power, concepto acuñado por Joseph Nye, que nos invita a atraer y convencer mediante la legitimidad de nuestras acciones y una narrativa auténtica que sea congruente con nuestra misión.
La conclusión de este intercambio en el ciclo "Misión y Espíritu", que encabeza la Maestra Haydée Rico, es que cuidar nuestra reputación es, en última instancia, cuidar nuestro futuro. Cuando las personas o instituciones elevan su prestigio deciden tomar decisiones inteligentes como sumarse a causas sociales legítimas, fortalecer la educación y actuar con una ética que resista el escrutinio del algoritmo.
Como se enfatizó en la UP campus Aguascalientes, la reputación es el resultado acumulado de todas nuestras decisiones, comunicadas o silenciadas. Si no somos nosotros quienes contamos nuestra historia con transparencia y valores, alguien más lo hará en nuestro lugar, y difícilmente lo hará respetando la esencia de nuestra identidad.

