Leí hace tiempo en la prensa, en el contexto de la muerte de Fidel Castro a finales del 2016, que las cenizas del Comandante y del Che Guevara convivieron unos minutos en el Mausoleo erigido en honor del argentino en la ciudad de Santa Clara, uno de tantos puntos que formaron parte del peregrinaje de los restos del comandante Castro por toda la isla con rumbo a su destino final en Santiago, junto a la tumba del escritor José Martí.

Fidel y el Che

conversaron por primera vez en 1955 en la ciudad de México, en un departamento ubicado paradójicamente a una cuadra del Monumento a la Revolución. Cuenta la leyenda que ambos platicaron sin interrupción durante toda la noche y que al amanecer del día siguiente Guevara ya estaba convertido en el médico de la expedición que saldría de Tuxpan al año siguiente con destino a Cuba. Fue un flechazo inmediato, amor a primera vista. Ernesto escribió a sus padres una carta en la que decía: “Fidel me impresionó como un hombre extraordinario. Las cosas más imposibles eran las que encaraba y resolvía. Tenía una fe excepcional en que una vez que saliese hacia Cuba iba a llegar. Compartí su optimismo. Había que luchar, que dejar de llorar y pelear”. Castro, por su parte, escribió algunos años después: “El Che era de aquellos por quienes todo mundo sentía inmediatamente afecto, a causa de su sencillez, de su carácter, de su naturalidad, de su espíritu de camaradería, de su personalidad, su originalidad. Cuando nos encontramos, él era un revolucionario formado, además, un gran talento, una gran inteligencia, una gran capacidad teórica.”

Ambos personajes conversaron por última vez en el año de 1966, durante los preparativos clandestinos para la salida de Guevara a Europa con destino final a Bolivia. El ambiente no era ya demasiado fraterno entre los dos personajes. El Che había fracasado en su aventura guerrillera en África y se había convertido en un obstáculo para un Fidel cada vez más cercano a la órbita soviética. Después de un encuentro furtivo se despidieron en algún lugar de la isla y Ernesto Guevara partió a su destino final.

Luego de 50 años las cenizas de ambos se reencontraron durante unas horas en Santa Clara, la ciudad que fue testigo de la hazaña militar más destacada del argentino y donde yacen sus restos mortales.

¿ De qué habrán conversado ambos personajes en ese par de horas que duró el nuevo encuentro ?

Yo por supuesto no tengo la menor idea, pero un gran amigo, el negro Camilo, un viejo santero que conocí en Matanzas en los años sesenta y que es uno de los mediums de aquellas prácticas ancestrales que todavía se realizan en la isla y que permiten el dialogo entre los muertos, me dijo que pudo escuchar el inicio de la charla entre los dos personajes ya inmortales.

De acuerdo a su versión, esto fue lo que escuchó:

Fidel: Hola Ernesto, solo me voy a quedar unos minuticos, voy rumbo a Santiago, con José Martí.

Che: Mirá que cosa. Pepe viene seguido a hablar de literatura y a echarse unos mojitos. Por cierto, me dijo que todo este tiempo lo han malinterpretado: El nunca dijo: “Yo viví dentro del monstruo y conozco sus entrañas”, refiriéndose a los Estados Unidos. Lo que en realidad dijo fue: “Yo viví dentro del monstruo. ¡ Y como lo extraño ! ” .

Fidel: Je je. Ah que Ernestico, siempre con tus bromas de mala leche y tus ironías. Estoy seguro que ese chistecito de Martí lo habrás oído en algún bar de la Pequeña Habana de Miami. Mira, tu sabes muy bien que siempre te defendí de los funcionarios soviéticos y de varios de los comisarios del Partido, que también te traían muchas ganas, pero si sigues de mal humor como la última vez, me largo de inmediato.

Che: Para nada camarada. Ese chiste lo festejan muchas personas en el interior de Cuba desde hace varios años. Lo que pasa es que vos desde hace mucho tiempo que dejaste de escuchar al ciudadano de la calle y solo te rodeaste de tu primer círculo de aduladores.

Fidel: Es muy fácil para tí decir eso, porque te largaste de la isla cuando apenas comenzaba la noche, como el famoso Dr. Urzúa, que solo aguantó los primeros meses de la cuarta transformación. Oye, no tendrás por ahí un buchito de café ? Los médicos me lo prohibieron porque me podía provocar la muerte, así que quiero aprovechar... Uh, que delicia ! Este cafecito podría revivir a un muelto...

Che: Un poco de respeto, compañero. No me comparés con esos tecnócratas neoliberales reciclados como populistas, o al revés. Pero ahora que te referís a México: carajo Fidel, ya ni el PRI cometió tantos errores y salvajadas en estos 50 años... Ruiz Cortinez o López Mateos eran unos pobres aprendices de brujo comparados con el poder que vos acumulaste…

Fidel: ¿Quién carajos era López Mateos? Ah sí, aquel presidente mexicano que al despertar, cada mañana le preguntaba a su secretario: “ Y bien Licenciado, que nos toca hoy: ¿ viaje o vieja? ” Bueno, me tocó hablar muchas veces con él y la verdad que nos entendimos bastante bien. No solo en el tema de las mujeres, sino sobre todo en la cuestión política. De hecho, acuérdate que su gobierno fue el único que voto a favor de Cuba cuando el resto de Latinoamérica nos expulsó de la OEA por órdenes de los gringos. Sin embargo, tú ya no conociste al horrible hocicón de Díaz Ordaz, ni te tocó la cobarde masacre del 2 de octubre, y luego no tuviste que aguantar a los maniacos de Luis Echeverría y López Portillo con sus delirios de grandeza y su pestilente guerra sucia con un saldo siniestro de miles de desaparecidos. Los muy canallas se daban sus golpes de pecho y criticaban públicamente a los comunistas, pero nos pedían hipócritamente asesoría y apoyo en lo oscurito. En realidad tuviste mucha suerte de no tener que negociar con estos personajes de mala madre, y los que vendrían después, Ernesto. Yo sé lo que te digo. Yo tuve que comer, reír y hacer bromas con todos, incluso con el estúpido ignorante de Fox y los infumables mediocres de Miguel de la Madrid y Ernesto Zedillo. A ti nada más te tocó lucirte y convertirte en el héroe inmaculado. Tu look fresco y tu apariencia juvenil con las greñas al aire todavía se mantiene en todos los murales, las pintas y los carteles con la famosa boina.

Che: No me jodas, compadre. No sabés lo que se siente ver tu cara sucia y sin rasurar por todos lados, hasta en los calzones y los ceniceros o en las latas de la Coca Cola. Qué curioso que en tu recuento de los presidentes mexicanos no menciones a tu gran amigo Salinas, al que siempre defendiste, incluso cuando fuiste al congreso azteca en 1988 a felicitarlo personalmente y con ello a legitimar su toma de posesión, aunque bien sabías que había cometido un gigantesco fraude electoral.

Fidel: Pero chico, ¡ No me digas que te ablandaste con los años! Tu sabes que todo lo que yo hice fue para defender la soberanía de la isla y los logros de la revolución. Acuérdate que entre gitanos no nos leemos las manos. O como bien dicen los mexicanos: “perro no come perro”.

Mejor déjate de estar jodiendo y pásame otro buchito, que está buenísimo. ¿ Es de aquí de Santa Clara ?

Che: ¿ Defender los logros de la revolución ? No me hagás reír caballo, que me regresa el asma. Guardáte tus discursos para los creyentes. A mí nunca me gustaron los curas. Vos sabés muy bien que si algo caracterizó mi vida fue mi distancia con el poder y mi voluntad de sacrificarme por los demás. Nunca tuve ninguna posesión material ni le heredé absolutamente nada a mi familia. ¡No jodás !

Fidel: Una vez más te equivocas Ernesto. Sobre todo tú, que dijiste alguna vez que no había que confiar “Ni tantito así” en el imperialismo. Bueno chico: ¡Pues eso fue exactamente lo que hice yo durante todo este tiempo! Ni siquiera saludé a Mister Obama, por mucho, el más presentable de todos los presidentes norteamericanos con los que me tocó lidiar. Y es que no es solo cuestión de poder, Che, sino también, y sobre todo, de servicio. Mis maestros jesuitas lo tenían bien claro. Tú y yo fuimos las dos caras de la misma moneda. Realismo e idealismo. El Ying y el Yang. El Quijote y Sancho Panza. Juntos logramos mover a todo un continente. Y eso la posteridad y nuestros críticos tendrán que reconocerlo. ¿ Sabes una cosa ? Yo, después de todo este tiempo, sigo pensando que la historia me absolverá. Y sobre todo ahora, que comienzan a aparecer en el escenario personajes de quinta categoría como ese Donald Trump, el cual hará que políticos norteamericanos de otros años como Jimmy Carter y Bill Clinton parezcan sabios de otro planeta.

Desafortunadamente, a mi viejo amigo el santero se le acabó de manera abrupta su acceso al wifi, siempre escaso en la isla y ya no pudo escuchar el resto de la conversación. Ni siquiera mejoró la cosa cuando apagó su MAC y su I-Phone no. 11 y trató de volver a sintonizar las voces de los dos personajes con su viejo radio de transistores en onda corta. Lo único que sí me aseguró es que la cosa fue subiendo de tono.

Y es que ya solo se escuchó la molesta estática, interrumpida de vez en vez por algunas maldiciones y exabruptos pronunciados en un clarísimo dialecto cubano y argentino…

En la foto: Fidel Castro y Ernesto Guevara en una cárcel en México, 1956
Archivo fotográfico del AGN.

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