“No hay, afortunadamente, cosas graves [en el país]”, comenta el Presidente, palabras nada atinadas y que marcan el inicio de las elecciones federales este primero de marzo del 2024 en nuestro país. Así comienza la sucesión de este Gobierno, que desafortunadamente ostentará el récord del mayor número de muertes, no solo en términos de violencia o homicidios, sino también en temas relacionados con la salud pública. Es verdaderamente preocupante la frivolidad institucional en la que se enmarcan las 84 tragedias diarias, es decir, los 84 homicidios en promedio que sufre este país, así como la inacción y el escaso entendimiento o interés por parte del Gobierno federal [por la seguridad nacional], que nos ha acostumbrado a vivir en una realidad alterna que emana desde Palacio Nacional y desde donde se toman decisiones que lamentablemente afectan la vida de 130 millones de mexicanas y mexicanos.

Solo para establecer un marco de referencia, iniciamos este periodo electoral con 20 homicidios de aspirantes a puestos de elección popular. La violencia, ya prácticamente generalizada en muchas regiones de nuestro país, se hace evidente. Basta con destacar lo ocurrido en el municipio de Tijuana, mi tierra, esta semana. Donde un comando de sicarios irrumpió en uno de los lugares considerados más seguros de nuestra localidad, para ultimar a un contrincante criminal. Dicho sea de paso, en esa zona habita un representante diplomático de Estados Unidos con su familia que, ante la catástrofe, optaron todos por la típica táctica de salvaguardarse “pecho a tierra”. Así, minutos después, de manera vergonzosa, el consulado norteamericano emitió un comunicado solicitando a sus conciudadanos fronterizos que no salieran de sus domicilios debido al enfrentamiento armado que se suscitaba en una de las zonas blindadas de la ciudad de Tijuana.

Como era de esperarse, la respuesta institucional de las autoridades tijuanenses fue la misma de siempre: guardar silencio absoluto. No obstante, en un operativo policial, probablemente marcado por la fortuna, se logró la detención de una parte de los responsables y ejecutores de este atentado, quienes portaban un arsenal. Afortunadamente, este incidente no provocó pérdidas de vidas humanas. Sin embargo el hecho tan conocido ya por todos nosotros, refleja lo acontecido en otras regiones como Sinaloa, Tamaulipas, Michoacán y el estado de Guerrero, donde se han generado tragedias de manera clara y contundente, incluyendo masacres, el descubrimiento de cuerpos ultimados o mutilados en diversos puntos de la República Mexicana.

Así, ante este escenario, el Presidente decidió realizar un recorrido para revisar sus obras, su herencia para el pueblo [según], y establecer de manera frívola que “no hubo nada grave en nuestro país”, concluyendo que no es necesario que el gabinete de seguridad se reúna. Es sintomático el hecho de que, incluso si se hubiera reunido, no observaríamos ningún cambio relevante de estrategia. En los últimos años no ha ocurrido absolutamente nada que nos lleve a pensar lo contrario.

Por lo tanto, esa frase presidencial que quedará en los anales de la memoria colectiva de los mexicanos como otras tantas, conlleva una fuerte carga de ignorancia, indiferencia e indolencia de quien gobierna este país. La violencia que actualmente vivimos preocupa a más del 80% de las y los mexicanos y ha hundido a las instituciones en el mayor descrédito en la historia contemporánea. Son instituciones preventivas que no previenen, instituciones de procuración de justicia que no investigan y autoridades militares que simplemente van de paseo a diferentes entidades federativas, limitándose a cumplir con sus turnos operativos, sin obtener resultados en términos del combate a la delincuencia.

Esta transición y proceso electoral se tiñe de rojo y de una pena absoluta porque la democracia mexicana pareciera existir en este momento bajo una lógica de guerra. Hasta la fecha, 178,000 mexicanas y mexicanos han perdido la vida bajo este absurdo criterio de “abrazos y no balazos”. Por si fuera poco, entre sus numerosas declaraciones, el presidente, ha reconocido haber dado órdenes para que la Guardia Nacional se retire de diversas regiones, como en Guerrero, para evitar “confrontaciones” con el crimen organizado. ¿Qué les parece?

Esta es la dura realidad que se vive en México y esperamos que, al menos en la perspectiva local, como ocurre en el estado de Guanajuato, podamos ver una luz al final del túnel que nos permita revertir de manera determinante esta lamentable situación que nos está cobrando vidas, que nos deja sin esperanza por momentos.

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