Divididos, iracundos y provocadores ¿Así nos quieren los algoritmos?

Alberto Borbolla

La adicción a las redes sociales ya es un tema que los especialistas observan y atienden. Muchas personas encuentran en Instagram, Facebook, Twitter y hasta en Tik Tok un cóctel de sensaciones del cual no quieren prescindir, puesto que, además de suplir carencias emocionales, les genera identidad al coincidir ideológica y políticamente con otras personas.

Recientemente, Actas de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos de América (PNAS) publicó el estudio “El ánimo del grupo externo impulsa la participación en las redes sociales", el cual sostiene que la forma más rápida de lograr el éxito político en las redes es atacar a miembros del "grupo externo", es decir, a los opositores. Esto no es alentador para quienes buscan erradicar la polarización de estas plataformas.

Uno de los autores del artículo, Steve Rathje (doctorante de psicología y que analiza temas de desinformación y polarización política en redes sociales), explicó que se analizaron 2 millones 730 mil 215 publicaciones de miembros de medios de comunicación, así como congresistas estadounidenses en Twitter y Facebook, puesto que con casi 4 mil millones de personas en el mundo utilizando alguna red social, éstas son las principales fuentes de noticias o discursos políticos. Pero ¿por qué hay ciertos discursos que tienen mayor impacto?, ¿qué los hace virales?

La evidencia, explica Rathje, sugiere que cada palabra sobre "el grupo político externo" que se agrega a una publicación aumenta las posibilidades de que sea compartida hasta en un 67 por ciento. Esto comprobaría, sostiene, que las redes sociales juegan un papel importante en la polarización y que, incluso, se crearían "incentivos perversos para el contenido que expresa animosidad fuera del grupo".

Asimismo, retoma la publicación de 2018 en el Wall Street Journal, donde investigadores advierten a Facebook sobre cómo sus algoritmos explotan la atracción del cerebro humano por la “división”; cómo Jack Dorsey, director ejecutivo de Twitter, se dijo preocupado de que la plataforma se use para burlarse o denigrar a adversarios, pero cómo nada pasó para remediarlo.

En el análisis sobre la forma en la que los medios comparten su contenido político se encontró que cada palabra de efecto negativo se asocia con un incremento del 5 y 8 por ciento en las acciones y retuits, mientras que con las de efecto positivo disminuyó entre un 2 y hasta un 11 por ciento.

Inicialmente, las redes surgieron como plataformas para mejorar la comunicación entre familiares y amigos. Con el tiempo, su uso se diversificó, creando entornos sociales no del todo saludables, puesto que actualmente se combinan intereses políticos y comerciales. Los movimientos sociales, las empresas y las campañas políticas dependen de la viralidad. Y sí, un contenido viral puede ser muy bueno para el negocio, para ciertos fines políticos y sociales, pero cómo dañará a las personas, partidos y a la sociedad en el futuro. De ahí la relevancia de exigir mayor transparencia sobre cómo opera la “economía de la atención”, a fin de comprender plenamente ¿cómo y por qué se impulsa la viralidad?
 

Director de Innovación en Metrics.
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