Navidad roja

Alberto Aziz Nassif

Este año la pandemia ha impuesto los tiempos y los ritmos y ha obligado a los gobiernos a tomar decisiones fuertemente criticadas

Una nueva cepa de Covid en Reino Unido ha encendido otra vez las alarmas globales. La crisis de la pandemia es asfixiante y el repunte volvió a poner al país contra la pared. Muchos días se resistieron las autoridades de la Ciudad de México y del Estado de México para establecer de nuevo el semáforo rojo, hasta que el viernes pasado lo decretaron. Una semana antes de Navidad, el Valle de México entró de nuevo en emergencia con los hospitales saturados. ¿Cuántas presiones habrán gravitado para de regresar al confinamiento en el Valle de México a sólo unos días de la navidad?

Pasaremos una temporada navideña completamente diferente. En la época de celebrar, no habrá oportunidad de hacerlo; en el momento de reunirse con los amigos y la familia, habrá que quedarse en casa; los días de fiesta, simplemente se cancelarán. La fuerza de la enfermedad nos ha cambiado radicalmente la vida cotidiana, ha obligado al encierro y a la distancia. Nos quedamos con el mundo digital, con las pantallas, el internet y las redes sociales, en suma, con lo que podemos tener desde un celular.

Hay hartazgo en la sociedad porque desde marzo entramos a este paréntesis y no hemos parado. El encierro de los que podemos darnos el lujo de trabajar desde casa, contrasta con la vida peligrosa de los que tienen que salir a la calle, viajar en trasporte público y desafiar a la pandemia para poder encontrar la subsistencia.

Esta Navidad será roja, pero no por el clásico color de la época, sino por el regreso a la emergencia, a la saturación hospitalaria y a los peligros del contagio. Hay que detener las tendencias mortales y cortar los contagios. Cerrar restaurantes y bares, no hacer fiestas, no tener reuniones ni posadas, porque son altamente riesgosas. Hemos llegado al absurdo de ver fiestas clandestinas o enterarnos del cinismo de la élite de TV Azteca, de sus conductores, que hicieron su cena navideña como si no pasara nada. La petición del personal de salud de que nos cuidemos y las estadísticas diarias de cientos de miles de casos y la gigantesca cifra de fallecimientos, que ya pasa de los 118 mil, no han sido razones suficientes para muchos. La comprensión del problema es diferente y el valor de la vida se relativiza.

En el mundo cristiano la Navidad suele ser un paréntesis en la vida cotidiana, un momento para tomar aire frente al año que termina. Pero, este año la pandemia ha impuesto los tiempos y los ritmos, ha definido los calendarios y ha obligado a los gobiernos a tomar decisiones difíciles que han sido fuertemente criticadas.

Justo cuando va a empezar el ciclo de la vacunación contra la Covid-19, entramos a una fase muy complicada. Ahora que la salida del túnel parece a la vuelta de la esquina, es cuando la luz se vuelve más débil. Viene un momento difícil que nos llevará otro año particularmente duro, hasta que haya una mayoría vacunada. En los próximos meses observaremos la rebatinga por las vacunas en el clima de polarización y desconfianza en que vivimos. Cualquier acontecimiento se ubica en clave de blanco y negro, a favor o en contra del gobierno de la 4T. La próxima vacunación ya empezó a generar reclamos y desencuentros, la alianza federalista protesta porque supuestamente no hay un plan transparente para la vacunación, y AMLO responde que no dejará en manos de “politiqueros” este procedimiento. Se puede entender que las primeras vacunas sean para la Ciudad de México, por su densidad, pero ¿por qué el estado de Coahuila? En 2021 la vacunación será un tema que se meterá a las campañas electorales.

La Navidad, que suele ser una temporada de altos contrastes, ahora será especialmente triste. A pesar de todo hay buenos deseos, esperanza y anticipaciones de futuro. Sin embargo, este año dejará más pobreza, desigualdad aguda y la desconfianza en las promesas de mejoramiento. Esta Navidad estará impregnada de la tragedia y de la esperanza de salir de la crisis. Están los más de 118 mil fallecidos, pero también los más de 971 mil recuperados. Ojalá que esta Navidad roja se puedan salvar más vidas…

Investigador del CIESAS. @AzizNassif
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