La política de filias y fobias

Alberto Aziz Nassif

AMLO descalifica a sus adversarios, y los que están en su contra miran hacia las elecciones del 2021, como la oportunidad de ponerle un alto a la 4T

La libertad de expresión no está bajo asedio, y tampoco se quiere amordazar al presidente y regresar a un monólogo legitimador, ninguna de las dos tesis que sustentan dos desplegados recientes, es vigente. Sin embargo, sí expresan un clima de fuerte confrontación que vive el país.

No recuerdo cuándo fue la última vez que pudimos reconocer al país por fuera de una dinámica polarizada. Durante la época de la llamada transición a la democracia había la expectativa de tener un sistema político que lograra consensos para fortalecer libertades civiles y luchar en contra de las desigualdades sociales. En 2018 se pudo dar una alternancia sin impugnación electoral, que anunció un cambio de proyecto y dos años después estamos metidos en la complejidad de enfrentar varias crisis, a la que hoy podemos sumar un alto nivel de pugna ideológica y emocional.

Durante el régimen del PRI hubo una hegemonía que abarcaba la mayoría del espacio social y en las orillas quedaban las aspiraciones por un sistema democrático o una estructura económica más igualitaria. En las últimas décadas ese país se fue transformando, se ganaron espacios de libertad y avanzó de forma lenta y conflictiva la idea de una democracia que empezó en las alternancias locales. Con grandes esfuerzos se fueron ampliando los espacios para la libertad de expresión y de organización autónoma. Por una senda muy delgada primero se amplió la prensa escrita, luego la radio y más tarde la televisión. Primero hubo alternancia en las alcaldías, más tarde en las gubernaturas y, al final, llegaron los espacios federales, el congreso y la presidencia de la República. En las alternancias anteriores no se puso a debate el modelo económico, por eso fue relativamente fácil pasar del PRI al PAN y regresar al tricolor. La pregunta de 2018 fue: ¿qué cambios haría un gobierno progresista?

Si dividimos el periodo de la 4T en dos etapas, podremos reconocer en dónde estamos. Después de la elección de 2018 vino un largo propedéutico, un gobierno que se preparó durante cinco meses, que empezó desde antes de tomar posesión y transitó todo el 2019 y los primeros meses de 2020. En esa primera fase se empezaron a enfrentar los graves problemas de corrupción, impunidad, desigualdad, con un Estado debilitado e ineficiente. Sin tener resultados visibles, llegó la pandemia del Covid, una severa crisis global de salud que abrió una enorme crisis económica, y empezó otra historia que movió objetivos, políticas y presupuestos con las que se pensaba gobernar. Desde entonces el gobierno se ha dedicado a tratar de administrar las crisis, pero el clima político y social ha cambiado. Con la pandemia ha crecido la polarización y los enfrentamientos. El tono de los discursos se ha se ha vuelto más estridente y la falta de atención política domina los conflictos, ya sea el agua en Chihuahua, la violencia, los desaparecidos, la toma de casetas o la agencia Notimex.

AMLO descalifica a sus adversarios, y los que están en su contra miran hacia las elecciones del 2021, como la oportunidad de ponerle un alto a la 4T y desde ese proceso construir una gran alianza para recuperar el poder en el 2024.

No sé si se pueda estar fuera de la polarización, pero resulta muy complicado tener un balance equilibrado cuando la política está dominada por filias y fobias. Para unos se pierden libertades, para otros se pierden privilegios. Este clima emocional imposibilita cualquier consenso amplio sobre el rumbo que puedan tener las políticas públicas. Estamos al inicio del proceso electoral del 2021 y en el futuro inmediato sólo se ve un pleito interminable, una delgada línea en donde la polarización se puede convertir en estallamientos violentos que fracturen la convivencia…

Investigador del CIESAS. @AzizNassif
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