El trumpismo ha decidido hacer una nueva guerra en Medio Oriente, una ocurrencia, un impulso, porque si no tiene más límite que su propia conciencia moral, el mundo está cada día en un mayor peligro.
El Medio Oriente es una región muy lastimada, que ha vivido las últimas décadas en una montaña rusa de inestabilidad y guerras, y hoy se enfrenta de nuevo a los poderes expansionistas de la alianza de Israel y Estados Unidos. Si no se aprende de la historia, y casi nunca sucede, se repiten los errores, como lo que pasa ahora. Estados Unidos no aprendió nada de su intervención en Irak en 2003, que dejó un país más fragmentado e inestable, con una condición más polarizada, donde surgió el autodenominado Estado Islámico (ISIS); quedan también los casos de Siria y de Libia, ambos con condiciones de mayor inestabilidad y fragmentación, para no hablar del desastre de la intervención estadounidense en Afganistán.
Hasta hace muy poco el discurso norteamericano era intervenir para implantar la democracia, hoy el trumpismo cambió de narrativa y se preocupa por sus intereses de dominación y sus ganancias económicas, por lo menos se ha caído la máscara ideológica y ahora queda al desnudo el pragmatismo militarista que comparte con su socio genocida, Netanyahu.
La guerra actual del trumpismo está reprobada por los ciudadanos de Estados Unidos: 27% aprueba, 43% desaprueba, 39% aprueba la gestión de Trump, a 8 meses de las elecciones intermedias, datos de Reuters/Ipsos, (Reforma 6 de marzo 2026). La prensa crítica de Estados Unidos, como The New York Times, le preguntó a Trump: “¿Por qué empezó esta guerra, señor presidente?”, y responde que fue imprudente, que no tiene estrategia, que violó la normatividad del país y el derecho internacional, pero al mismo tiempo, afirma que: el “régimen iraní, (…) no merece ninguna consideración. Desde su revolución hace 47 años, ha generado miseria en su propio pueblo, en sus vecinos y en todo el mundo. Este año ha matado a miles de manifestantes. Encarcela y ejecuta a disidentes políticos. Oprime a las mujeres (…) El gobierno de Irán representa una amenaza distinta porque combina esta ideología asesina con ambiciones nucleares”.
Esta guerra pone en juego la configuración del Medio Oriente para las próximas décadas. Según algunos analistas hay un modelo que se quiere imponer por la fuerza y que llevará a una peligrosa fragmentación, divisiones internas y más polarización. “Palestina sigue siendo la expresión más clara del orden regional que Israel y Estados Unidos han tratado de imponer, con el apoyo activo de los Emiratos Árabes Unidos: enclaves aislados, sometidos a una presión militar permanente de baja intensidad en Cisjordania y a una destrucción total en Gaza. La capacidad de autogobierno significativo ha sido sistemáticamente desmantelada, mientras que la expansión territorial de Israel continúa” (Jonathan Whittall, www.aljazeera.com, 6/03/2026).
En otras miradas ya se anticipa que la guerra en contra de Irán, que es una potencia media en la región, intentará destruir las redes de este país en el Líbano, Irak y Yemen. Trump quiere intervenir en el nombramiento de un nuevo liderazgo, que sea dócil a Estados Unidos al estilo de lo que pasó en Venezuela. Pero Irán ya se adelantó al nombrar como líder máximo a Mojtaba Jameneí, hijo del fallecido ayatola. Por lo pronto, se prevén oleadas de inmigración masiva y mucha inestabilidad energética global, como lo muestra el alza de los precios del petróleo. “Desestabilizar Irán podría acabar creando las amenazas que Washington espera eliminar” (Alexander Clackson, www.aljazeera.com, 6/03/2026).
La pérdida de vidas humanas inocentes, como suele pasar en las guerras, sumadas a los costos de una fragmentación, luchas intestinas, desorden, polarización nacionalista, inmigraciones masivas, imposición de Israel como potencia en toda la zona y un mundo más peligroso e incierto, parecen ser algunas piezas que dejará la nueva guerra en Medio Oriente…

