El discurso de Palacio

Alberto Aziz Nassif

Todo lo que se resiste a cambiar es conservador, los que no quieren la transformación son neoliberales. Este simplismo no se apoya en la realidad

¿A quién le tocará mañana el adjetivo de conservador? ¿Contra qué parte de la sociedad se pronunciará el presidente de la República en su mañanera por ser de derecha? ¿Es realmente una conferencia de prensa o más bien un foro ideológico? Sin duda, la 4T trata de generar una nueva hegemonía, otra dirección intelectual y moral de la sociedad, en el sentido que lo escribió Antonio Gramsci en los años 20 del siglo pasado.

Si vemos lo que ha pasado en México desde 2018, se puede entender que el voto masivo de esa elección se ejerció por diversas razones, entre otras por el cansancio y la acumulación de problemas que se conjuntaron en un nudo de corrupción, impunidad, desigualdad y violencia. La gran promesa de AMLO fue empezar a darle una salida a ese nudo. El combate a la corrupción se volvió el eje de su discurso y sus argumentos se concretaron en quitar al Estado las amarras que lo tenían capturado por diferentes partes, desde el crimen organizado, hasta las grandes empresas concesionarias de bienes y servicios. Todo sonaba bien y acorde a las ofertas de campaña. Los que están hoy en la oposición se habían encargado de entregar recursos y privatizar áreas importantes. La corrupción era, como ha sido por décadas, un combustible que aceitaba una maquinaria estatal ineficiente, pero que repartía bienes y dinero público.

Sin embargo, empezamos a ver una lógica extraña. Quizá fue el gran sociólogo Pierre Bourdieu quien lo planteó con mucha claridad: “Es más probable que triunfe una acción dirigida a transformar el mundo social cuando ésta se apoye en la realidad”. Aquí es donde empiezan los problemas de AMLO, su mañanera y su discurso político. El presidente libra todos los días una batalla simbólica y, desde el atril de palacio, construye su visión del país. Su estrategia es la clásica fórmula de poner por delante sus argumentos para decirle a sus bases que hay un gobierno diferente, que el mundo se divide entre ellos y nosotros, entre liberales juaristas y conservadores, como en el siglo XIX. Que hay un nuevo tiempo y otro presente porque ya se acabó el neoliberalismo (cualquier cosa que signifique) y la corrupción que se generó en los gobiernos anteriores. Que todo lo que se resiste a cambiar es conservador, y que los que no quieren la transformación son neoliberales. Este simplismo no se apoya en la realidad. Lo que cambia son los casos, las instituciones y los sujetos, pero la operación ideológica es similar. En muchas ocasiones el discurso se vuelve performativo, con acciones concretas, en otros, el ataque sólo queda para el reservorio ideológico.

Hemos visto desfilar desde el atril de palacio la descalificación (contra la sociedad civil, las clases medias, los académicos, las ONG, etc.) con dosis de verdad, porque la eficacia ideológica necesita de factores reales, no todo es imaginación, pero también con enormes deformaciones y acusaciones falsas. El acento que se le da al discurso es la generalización, como el mecanismo ideológico preferido, no hay lugar para los matices, ni para el análisis. Se quitaron las guarderías, pero no hubo disposición a limpiar, simplemente se suprimieron y se decidió dar el recurso de forma directa. Desaparecieron los fideicomisos, pero no se quiso limpiar y regular, sino cortar de raíz. Ahora las nuevas batallas son en contra de la Organización Mundial de la Salud (OMS) porque su “desidia”, dice AMLO, ha impedido aprobar vacunas, pero no toma en cuenta protocolos, tiempos y las decisiones de los expertos. En días pasados, el fuego so orientó contra la UNAM, porque supuestamente se ha vuelto “neoliberal” y de “derecha” (la palabra maldita con la que se descalifica). Otro ataque en contra de la academia, un blanco favorito.

Otra vez la misma operación ideológica, el adjetivo por delante desde el atril de palacio. No hay matices, sólo se marca, se estigmatiza y se descalifica, se habla en blanco y negro. Se polariza para construir una nueva hegemonía. Quizá, llegará el día en el que se vea que el discurso de palacio destruyó más de lo que se transformó…

Investigador del CIESAS. @AzizNassif

 

 

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