Extraña situación vivimos en México con una reforma político-electoral que ronda por todas partes, pero no se conocen todavía sus contenidos específicos. Después de una larga etapa de cambios constitucionales que han transformado el régimen y han dejado como resultado una reforma del Estado, sin nombrarla de esa manera, ahora viene el cierre con el cambio de las reglas del juego para la lucha por el poder. Nada más, pero nada menos.
Pronto veremos un cierre de la pinza morenista, una parte viene desde la sobrerrepresentación que se hizo en 2024, y que violó las reglas constitucionales para darle a la hoy coalición gobernante una mayoría que consiguieron mediante un fraude a la ley en donde sacaron de la chistera que el 54% de los votos se volvió el 73% de las curules en la Cámara de diputados; ya no tiene caso recordar las maniobras sucias en la cámara de senadores para tener la mayoría constitucional. La otra parte de la pinza llegará con la reforma electoral.
Hay una intensa negociación dentro de la coalición gobernante, porque los partidos aliados a Morena, PT y PVEM, no acompañan partes fundamentales de la próxima iniciativa, como la disminución de plurinominales y la disminución del financiamiento público, y sin sus votos, no hay reforma. Sobra decir que Morena no negocia nada con la otra oposición partidista, por lo tanto, esos actores son irrelevantes y están fuera del juego, como lo han estado desde que regresaron las mayorías legislativas.
El clima de opinión en torno a la reforma también puede ser ignorado por el poder, pero no hay que dejar de lado que hay múltiples opiniones en contra de una reforma que cambie desde el oficialismo las reglas del juego. No solo porque se considera que se da en un momento muy complicado del país, que va a generar más ruido y polarización. Será completamente inoportuna; y, además, en contra de las mejores tradiciones que impulsaron la transición democrática, es decir, las reformas entre 1977 y 2014 fueron para abrir el sistema político y generar mecanismos competencia para la alternancia; para lograr mejores instrumentos de equidad en la competencia. Sin dejar de lado abusos, errores, excesos, que se cometieron por las mismas élites que gobernaron y violentaron acuerdos que ellos mismos reformaron. Por las señales que ha dado el oficialismo sobre qué quiere cambiar, se ve una voluntad vertical bajo el argumento del ahorro que enmascara objetivos para lograr más control y concentración de poder; para eso se quiere disminuir la representación proporcional y los recursos, cuando el partido gobernante cuenta con múltiples recursos públicos, desde programas sociales, hasta miles de “servidores de la nación”. Cuando se cuenta con mayorías y sobrerrepresentación las minorías quedan más vulnerables.
Se ve que, dentro de la comisión presidencial, que se encarga de formular la reforma, su coordinador, Pablo Gómez, (el legislador plurinominal por excelencia), con su acostumbrada arrogancia quiere imponer un mayoriteo en la representación, quitarle al INE la autonomía y bajarle los recursos al financiamiento público. Ya tuvo que salir la presidenta Sheinbaum a corregirle la plana a Gómez y decir que no desaparecerán los pluris, sino que serán electos de otra forma y que el INE seguirá con autonomía. Hay problemas para cambiar el sistema de representación, reducir los recursos y modificar los órganos electorales; todas estas piezas beneficiarían hoy a la coalición gobernante y bajarían la calidad electoral. Y como si eso no fuera un gran paquete, además no saben qué integrar a la próxima elección intermedia, se necesita elegir a la mitad del Poder Judicial que faltó, y, como la cereza del pastel, está la duda de qué hacer con la “revocación de mandato” que Morena ha convertido en “ratificación de mandato”, lo cual distorsiona completamente su sentido porque se intenta poner a la presidenta en la boleta del 2027.
Veremos a qué negociación llega la coalición morenista con sus oportunistas aliados satelitales, que por lo pronto se defienden y no quieren perder sus condiciones de sobrevivencia. Hoy por hoy parece que ese será el obstáculo que vencer, además del criterio y la decisión que tome Claudia Sheinbaum. Así pasa cuando se tiene todo el poder…
Investigador del CIESAS. @AzizNassif

