AMLO y Biden

Alberto Aziz Nassif

Una diferencia clave es que los errores y desaciertos afectan de diferente manera a las dos administraciones

Ahora que Joe Biden ha cumplido su primer año en la presidencia de Estados Unidos los resultados en sus niveles de aprobación son desfavorables, rondan en un 40%. Hace unas semanas AMLO cumplió tres años y llegó a la mitad de su sexenio con un promedio de aprobación del 65%. ¿Cuáles son las razones de este contraste entre los dos presidentes?

La llegada al poder de los dos políticos tiene diferencias importantes, mientras AMLO ganó con un resultado muy amplio y en medio de un realineamiento electoral que dejó a la oposición muy atrás, Biden venció a Trump por margen más estrecho y, además, el perdedor desconoció el resultado y denunció un fraude que nunca existió. En México el gobierno de Morena tuvo en su primera parte una composición mayoritaria, producto de una distorsión en la representación. En EU la mayoría demócrata en el senado fue precaria, casi un empate que se rompe con el voto de la vicepresidenta Kamala Harris.

Uno de los argumentos que más se discute en México es la existencia de un clima político altamente polarizado; sin embargo, la presidencia de AMLO goza de un amplio apoyo popular. En EU también hay división y una polarización que se agudizó durante el gobierno trumpista: las grietas entre los dos principales partidos son cada vez más hondas; el racismo y el movimiento Black Lives Matter tensionan fuertemente una realidad histórica que sigue vigente. Sin duda, la guerra cultural entre el progresismo y la extrema derecha es un factor que todos los días estruja dos visiones radicalmente opuestas del país.

En condiciones de alta polarización AMLO y la 4T han sido más exitosos para construir su discurso de nación, lo cual se puede ver no sólo en el apoyo a la presidencia, sino en la narrativa gubernamental dominante en la agenda pública. Esta dominancia está sustentada en proyectos de infraestructura y en políticas sociales que tienen enormes márgenes de maniobra, desde la austeridad, hasta la aprobación de los presupuestos. En cambio, Joe Biden ha hecho políticas progresistas muy importantes, pero no ha tenido apoyo mayoritario. Hay muchas dificultades para sacar adelante sus principales proyectos. En la comparación hay que tomar en cuenta que la presidencia de EU es una posición de poder infinitamente más compleja que la nuestra. Biden se ha topado con obstáculos importantes para sacar adelante proyectos estratégicos de su administración, como el plan de renovación de infraestructuras, que un senador de su partido detuvo. Lo que hace un año parecía un regreso a la “normalidad” democrática después de las aberraciones del trumpismo, se ha ido desinflando un poco. Durante varios meses Biden practicó la política de la convivencia civilizada con los republicanos, hasta que se hizo evidente que esa ruta no generó resultados. La decisión de salir de Afganistán fue positiva, pero se hizo mediante operativos caóticos que dejaron una pésima impresión, casi un reconocimiento implícito de fracaso frente a los talibanes.

Una diferencia clave entre las dos presidencias es que los errores y desaciertos afectan de diferente manera a las dos administraciones. En México, AMLO no tiene buenos resultados en seguridad, la presencia del crimen organizado se mantiene en muchos territorios del país, en el año van tres periodistas asesinados; la inflación en 2021 llegó a niveles de hace 20 años; la pobreza ha crecido, los fallecimientos de la pandemia pasan los 300 mil casos y la recuperación económica se ha vuelto lenta e incierta. Biden ha tenido un manejo de la pandemia mucho más eficaz que Trump; sus programas sociales son muy potentes, sin embargo, la inflación alta, la derrota electoral en Virginia, el problema de la migración y el alargamiento para una recuperación más acelerada de la crisis económica, han golpeado la aceptación presidencial.

Quizá una explicación, entre muchas otras sea que las diferencias en la aprobación entre AMLO y Biden se deben a que: mientras el primero ha adoptado una estrategia de combate permanente contra sus adversarios, el segundo trató de establecer una posición de diálogo. Confrontación mata diálogo…
 

Investigador del CIESAS.
@AzizNassif

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