Si hace un año pensábamos sólo en ciudadanos desechables, a lo largo de estos 365 días vimos de qué forma se movió en el mundo la protesta de millones de personas que encontraron en la calle el recurso para darle sentido a causas muy diferentes y, a la vez, muy similares.

El libro (Re)pensar la ciudadanía en el siglo XXI de Lucía Álvarez Enríquez (UNAM, Juan Pablos, 2019) empieza con un párrafo tremendamente actual: “En un mundo donde la informalidad, las migraciones, la desigualdad y la discriminación, lejos de mitigarse cobran nuevo vigor; donde los despojos, las exclusiones y la violación de los derechos humanos son el pan de cada día; donde las identidades se trastocan y a cada paso pierden los referentes que hasta hace poco contenían (el Estado, la nación, la comunidad, el barrio, etc.) la pregunta sobre la ciudadanía se vuelve pertinente”. En suma, en este mundo en donde se han movido los paradigmas y se ha transformado la realidad, la ciudadanía toma la calle, se organiza, exige derechos y se vuelve visible.

Millones de ciudadanos hoy viven en condiciones anticiudadanas, porque no tienen salarios dignos, ni educación de calidad para participar en una democracia. Frente a la crisis de las democracias representativas, queda el recurso de la calle y la protesta. Hace unos años, algunos libros muy leídos sobre la vida política nos explicaban los pasos de la transición democrática, las relaciones entre capitalismo y democracia, el poder del voto, el valor de la representación y de la participación, hoy, en cambio, los nuevos planteamientos nos hablan de “cómo se mueren las democracias”, de cómo llegamos a la “posdemocracia”, del arribo de los populismos, de la ruptura del orden liberal, de la destrucción de los derechos laborales, de las fracturas del tejido social y la irrupción de la violencia, la impunidad y de la ley del más fuerte. Por eso, 2019 y las protestas en la calle abren nuevas pistas para (re)pensar a la ciudadanía frente a un mundo complicado y lleno de precariedad.

Una mirada a la actual generación de gobernantes de las democracias emblemáticas, nos provoca desconfianza y reprobación, desde Trump, pasando por los británicos conservadores y su Brexit, Hungría con Orbán, Brasil con Bolsonaro y otros más que nos muestran los nuevos referentes de una descomposición que ha dejado la última fase del desarrollo capitalista después de la crisis de 2008: una agresiva financiarización, burbujas especulativas, migraciones acrecentadas hacia Europa y Estados Unidos. Los migrantes se han vuelto una amenaza para los países ricos; hoy son los enemigos para los populismos de derecha que cierran puertas y levantan muros. El gobierno mexicano decidió cerrar su frontera sur ante las amenazas y el chantaje de Trump.

La protesta es contra las desposesiones, las identidades fracturadas y las ciudadanías desechables. 2019 mostró que la calle y la protesta se han vuelto el recurso para hacer visible las demandas en contra de un sistema que invisibiliza y desecha. Francia, Chile, Ecuador, Colombia, Líbano, Hong Kong, entre otros, han sido espacios de la geografía de la protesta en 2019; de las luchas en contra de la exclusión, la precariedad, el cambio climático. Pero hay otras luchas que le han dado la vuelta al mundo como los movimientos feministas en contra de la violencia de género, como la ha mostrado el performance Un violador en tu camino. En México todavía quedan segmentos importantes de esperanza, de una apuesta en contra de la exclusión y la precariedad. A pesar de los errores, las promesas de la 4T siguen vigentes al terminar 2019, pero la tolerancia es una temporalidad cada vez más delgada antes de que llegue la protesta ciudadana.

¿Qué futuro tiene la ciudadanía en un mundo en donde las redes, la tecnología, el modelo financiero, se mueven en una realidad virtual que ha transformado radicalmente los marcos formales de acceso a los derechos democráticos y laborales? Terminamos 2019 con más interrogantes que certezas y así seguiremos mañana, en 2020.

Les deseo a todos los lectores un buen año…

Investigador del CIESAS.
@AzizNa ssif

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