Un viaje paralelo

Adriana Malvido

¿Por qué 13? “Porque es el número sagrado de nuestros abuelos y abuelas; 13 es la totalidad...

Mientras que el Escuadrón 421 del EZLN continúa su travesía por Europa, de este lado del mar se inició un viaje paralelo y hacia dentro para recoger el pensamiento, la palabra y la creatividad de pueblos y comunidades indígenas.

Así como el movimiento zapatista se apropió de Internet mucho antes que los medios de comunicación, el nuevo espacio digital impulsado por el portal informativo Desinformémonos, también va a la vanguardia. Se trata del micrositio denominado Tzam: trece semillas zapatistas. Conversaciones desde los pueblos originarios.

Son Yásnaya Águilar Gil, lingüista mixe, y Gloria Muñoz Ramírez, periodista, las coordinadoras de esta nueva plataforma. Explican que Tzam significa “dialogar” en ayapaneco, lengua con menos de 10 hablantes que, como 68 lenguas más en México, se resiste a desaparecer. El diálogo, corazón del proyecto, consiste en la conversación alrededor de un tema “semilla” cada mes. Y cada semilla es una de las demandas zapatistas desde el levantamiento hace 27 años: trabajo, tierra, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia, paz, derechos de la mujer y derecho a la información. Cada 30 días, a lo largo de 13 meses, 10 mujeres de distintos pueblos elaborarán, alrededor de una semilla, ya sea en una reflexión escrita, un poema, un cuento, una canción, un dibujo, una ilustración, un audio, un paisaje sonoro o un video.

El viaje paralelo comenzó en mayo de este año y culminará en junio de 2022: 13 semillas, 13 pueblos, 13 meses y 130 colaboradoras. ¿Por qué 13? “Porque es el número sagrado de nuestros abuelos y abuelas; 13 es la totalidad, 13 son sus peticiones, 13 son los guardianes de la sabiduría”.

Hay que entrar al micrositio https://tzamtrecesemillas.org/  y navegarlo con tiempo para permitir que la semilla germine en diálogo, para penetrar mundos que tanto tienen que enseñarnos, como el amor a la tierra y al trabajo comunitario, a la sabiduría ancestral, al poema y al canto. Pero también para sumergirnos en la raíz de sus rebeldías. Y para dimensionar el trabajo del consejo editorial integrado por Rocío Moreno, Hermann Bellinghausen, Ramón Vera y Gloria Muñoz.

“Trabajo” (mayo-junio) nos lleva al trabajo femenino como la base que sostiene a las comunidades. Al trabajo de la mujer en contextos de violencia y de racismo, a su periodismo o a su cine y a las contradicciones entre el trabajo en comunalidad y el asalariado.

De Selene Galindo, pueblo o´dam: “Mi papá se llamaba Juan y fue asesinado. El papá de mi papá se llamaba Juan y fue asesinado. Un tío se llamaba Juan y fue desaparecido, luego asesinado. Un Juan trabaja. Un Juan fue asesinado. Mi papá trabajaba. Eso me hace preguntarme si, ¿todos los Juan trabajan? ¿todos los Juan, invariablemente, serán asesinados? (…)”.

“Tierra” (julio), nos conduce al corazón de los pueblos.

De Luna Marán, pueblo zapoteco: “¿Quién se atreve a quitarme la piel/ Traigo en mi piel los cuentos de mi abuela en las montañas (…)”.

De Teresa Castellanos, pueblo nahua: “La tierra es la madre que nunca nos deja sin comer, es portadora de vida”.

De Gabriela Molina Moreno, pueblo comca’ac-seri: “Mi tierra es el vientre que nos engendró. / Así fue como nos enseñaron los abuelos (…)”.

Tzam es una travesía por mil y un formas de insistir: otro mundo es posible.

 

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