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Todo comenzó con Melina Mercouri

Adriana Malvido

¿Con qué presupuestos atenderíamos la conservación del patrimonio recuperado si desaparecen los fondos destinados a la investigación científica y cultural?

Quienes la escucharon no la olvidan. El eco de su reclamo permanece en Tlatelolco, antigua sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Vestida de blanco, con esa belleza que millones conocieron en las pantallas de cine, la ahora ministra de Ciencia y Cultura de Grecia alzaba la voz con una demanda histórica: el retorno de los mármoles del Partenón, desde el Museo Británico de Londres, a su lugar de origen en Atenas.

México era sede de la Conferencia Mundial de Políticas Culturales Mondiacult organizada por la UNESCO en 1982 y el reclamo de Melina Mercouri se convirtió, con 55 votos a favor y 11 en contra, en una recomendación a favor del retorno de los bienes culturales a sus países de origen. Esa tarde, Rafael Tovar de Teresa, entonces director de Asuntos Culturales de la SRE, me aseguró en entrevista: “Nuestro país cuenta hoy con un fuerte argumento si desea pedir el retorno del Penacho de Moctezuma, que está en Viena, y de los códices de nuestros antepasados distribuidos por Europa y el Vaticano”.

El reclamo lo comparte Egipto, que desde 1923 exige la devolución del busto de Nefertiti, una de las piezas más bellas del arte universal. Con 3 mil 400 años de antigüedad, la obra policromada se exhibe en la Isla de los Museos en Berlín. Así, las esculturas que Fidias talló para el templo dedicado a Atenea en el siglo V A.C y que Lord Elgin desprendió del Partenón y vendió al Museo Británico en 1816; la Nefertiti extraída en una expedición arqueológica alemana en 1912 y el Penacho de Moctezuma que salió en el siglo XVI se convirtieron en símbolo del anhelo de los países saqueados.

Apenas hace 10 días el Consejo de Cultura de Países Bajos sorprendió al mundo cuando declaró que el patrimonio de origen colonial en sus museos es una “injusticia histórica” y debe devolverse. Sucedió dos meses luego de que un activista francófono salió del Museo Afrika en la ciudad de Berg en Dal, Holanda, con una estatua en brazos al grito de “Viva África Libre”. En un amplio informe, dicho consejo insta al Ministerio de Cultura a devolver el patrimonio de las antiguas colonias neerlandesas siempre que se pueda demostrar “con una certeza razonable” que estos estados “han perdido esas piezas de forma involuntaria”. Sólo el Rijskmuseum tiene 4 mil objetos sustraídos de las conquistas holandesas desde el siglo XVII.

Más allá de la simpatía que estos movimientos siempre me han generado, imagino las piezas arqueológicas y los códices que a nombre del Presidente de México pide “prestadas” a Europa Beatriz Gutiérrez Müller. El objetivo: una exposición para conmemorar efemérides patrias en 2021. Cabe recordar que desde 2018, cuando se integró la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, cuyo Consejo Honorario preside la doctora, la recuperación del patrimonio mexicano en el extranjero forma parte de un proyecto oficial.

Según revela Emiliano Monge en un artículo (El País, 17/10/2020), el gobierno comisionó a nuestras embajadas una investigación de piezas mexicanas que estén en archivos, bibliotecas y museos extranjeros para después comenzar a reclamarlas. Me pregunto: ¿con qué presupuestos atenderíamos la conservación del patrimonio recuperado si desaparecen los fondos destinados a la investigación científica y cultural?, ¿cómo protegemos lo que aquí guardamos si la austeridad asfixia a quienes lo cuidan?, ¿a quién se hace justicia con esos reclamos en este momento de crisis?

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