Terror y despojo en Cuernavaca

Adriana Malvido

Todo sucedió en media hora. Los 30 minutos más largos y aterradores de nuestras vidas. Preparábamos quesadillas en la cocina, cuando lo vimos. Nunca olvidaré su mirada, el cubrebocas en el cuello. Apareció en la puerta que da hacia un patio, con un arma en la mano y empujó a Miguel. Por atrás de la puerta que da al estacionamiento irrumpieron otros dos hombres que nos sometieron a Mónica y a mí por la espalda. Hincados, con el torso y la cabeza sobre el suelo, los brazos estirados, temblando, los tres escuchamos: “Si se mueven, o levantan la cabeza me los chingo”, así empezó la pesadilla.

A la exigencia de celulares y contraseñas, carteras y dinero, siguió la del “oro” y una caja fuerte inexistentes. Uno se comunicaba con alguien fuera de la casa: “Comandante, todo en orden”. Otro nos custodiaba. Sentía su mano sobre mi nuca. Esa misma mano retiró nuestros relojes y argollas. Preguntaron por Charlie: “¿a qué hora llega tu novio, el del coche gris?” No está ni va a llegar, respondió Moni. Nos habían vigilado. Y uno de ellos soltó la amenaza con la que la pesadilla se volvió tortura: “A esta morra me la llevo”.

En ese instante todo por dentro es una plegaria desesperada. El tema interno se centra en Moni, apasionada de la naturaleza, practicante de buceo, meditación, apnea, yoga y artes marciales, recién casada …Mi hijo Mike le diría horas más tarde: “Todo lo que haces te preparó para ese momento y te salvo la vida”. Y nos salvó a todos. Porque la amenaza seguía: “Entonces, ¿te vas a llevar a la morra?”. Encima de Miguel: “Dame la factura del coche o nos llevamos a tu hija…” Y ella, lúcida y controlada, lejos del lugar de una víctima, les habló: “No nos hagan nada, somos buenas personas”.

Desde el suelo, cada uno sentía el temblor de los otros y escuchaba cómo recorrían la casa volteándola al revés. Iban y venían. Al final nos amarraron pies y manos con cables. Tomaron a mi hija del codo y uno le ordenó: “¡Levántate que ya nos vamos!”. Los peores segundos de nuestras vidas, sabernos en la puerta del infierno, se concentraron a las 10.40 de la noche del miércoles 17 de junio de 2020. “¡Llévenme a mí!” exclamamos a coro Miguel y yo. “Por favor, no me lleven”, imploró Moni. Indescriptible lo que se siente al oír eso en la voz de una hija. Imaginar lo que sigue. En eso: “Te dejo a tu hija cabrón, pero si reportas vuelvo por ella mañana y los mato a los tres”.

Todo junto: violencia de género, odio permitido y alentado. Hacer lo que sea porque se puede, porque no pasa nada, porque cada rincón de la “ciudad de la eterna primavera” y de Morelos… y de gran parte del país se ha convertido en un lugar peligroso, dentro o fuera de casa.

Ya nos habían despojado de medidores de agua y tomas de gas (de cobre), cables de media tensión… ahora se llevaron laptops, discos duros… hasta espadas de Taichi. Y ahora nos robaron la paz. Luego de desatarnos hicimos lo que todo ciudadano debe hacer. Mis hijos María y Mike, y Charlie, que vivieron todo el episodio a distancia, pero más cerca que nunca de nosotros, ayudaron de manera inimaginable, como Roberto, mi hermano, y su esposa Carmen. Habíamos decidido encerrarnos durante la pandemia en Morelos. No, aclara María, “en Cuernavaca llevamos encerrados 15 años”. Y tiene razón quien, como toda su generación, ha crecido en medio de la inseguridad, la indolencia de las autoridades y la impunidad. Pero “Cuerna” era “nuestro paraíso”, a pesar de todo. Y creíamos que las bugambilias acabarían por ganarle la batalla a las espirales de púas.

Luego de los trámites, a las seis de la mañana, con una taza de té damos gracias por estar vivos y porque Moni sigue con nosotros. Pero así no podemos ni debemos vivir. No podemos ni debemos adaptarnos o aceptar la normalización de la violencia y el terror. Duermo una hora y despierto pensando en las madres de las jóvenes que desaparecen en México todos los días. Buscamos a los vecinos, todos alrededor han vivido episodios similares. Y sabemos que sólo la organización ciudadana nos salva.

El viernes 19 AMLO visita Cuernavaca y habla de Monsiváis. El gobernador Cuauhtémoc Blanco asegura la “desarticulación de bandas del crimen”.

 

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